31 dic. 2012

Feliz Año Nuevo

Lenin on the rocks 
HOY acaba el año. Y bueno, creo que me he puesto muy serio en mis últimos posts con tanta política lituana. Y tanta leche en vinagre. En un ratito tomaré un “mikriukas” y me plantaré en una fiesta que organiza un amigo italiano. Y celebraremos la entrada del año nuevo al estilo italiano. Bebiendo vino bueno, comiendo “panetone” y saboreando un plato de lentejas. Que según la tradición de los transalpinos traen buena suerte y dinero. Y que tienen un suave y liberador efecto laxante. Muy apropiado tras tantos días de glotonería y de comilonas pantagruélicas. Os dejo con un video amateur de un tal Bricka-Bricka. Un tipo que pretende emular de forma oportunista a Psy. Esa sensación coreana del you-tube. Cuyo tema “Gangnam style” hemos tenido este año hasta en la sopa. Un fenómeno musical a escala planetaria que pone de manifiesto la irreversibilidad del proceso de globalización. La irreversibilidad de la globalización de la idiocia y de la mediocridad cultural a la que el mundo entero parece estar abocado. La globalización de la estulticia y del mal gusto. En el video del tal Bricka Bricka se reproducen todos los típicos y topicazos que en “Occidente” se tienen sobre el “Este de Europa”. Ya se sabe. En el Este todos los hombres son sucios, rudos y alcohólicos. Y gastan el poco dinero que tienen en comprarse hortera ropa deportiva de marca. En el Este todas las mujeres son “kurwas” baratas con tendencia a sacarte los cuartos y a engordar como vacas lecheras (kurwa es una palabra eslava que podríamos traducir por “puta guarrona” en español castizo). En el Este todos son pobres de solemnidad y aceptan cualquier tipo de trabajo y sueldos de miseria. En el Este hablan “raro” o hablan ruso. En el Este sólo se comen patatas, cerdo y engrudos asquerosos. En el Este, en definitiva, son todavía unos malditos comunistas. Le envié a mi amigo Aurimas un enlace con el vídeo. ¡Y no veas cómo se me puso! Se sintió, con razón, muy ofendido. Luego me dijo que el tal Bricka-Bricka era polaco. Claro. Entonces se entiende. Porque Polonia es sin duda parte del Este de Europa. Y porque en Polonia es cierto que los hombres son rudos, sucios y alcohólicos. Y las polacas son todas unas “kurwas” baratas. Pero eso no ocurre en Lituania. Que es un país totalmente occidental. Aquí todos los hombres son como dicen que son los hombres ricos y blancos en Estados Unidos. Educados, bien vestidos y aseados. Y las mujeres de por aquí son todas como la mismísima virgen María. De santas y castas que son todas ellas. Seguro que sí. Yo a Aurimas lo quiero un montón. Y me gusta chincharlo con estas cosas. Él, un patriota lituano convencido. Un santo varón. Una de las mejores personas que he conocido en mi vida. Y bueno, pues eso. Os dejo con el video. ¡A ver si lo ponéis esta noche en la fiesta! ¡Feliz año 2013! ¡Laimingų naujujų metų!.

PS: Un saludo especial para el gaucho argentino….que me sigue fielmente desde Buenos Aires. Ya sé que debería escribir más. Pero escribir en el blog requiere de ganas y tiempo. Factores ambos de los que últimamente ando muy escaso. ¡Un abrazo gaucho! A ver si este verano nos reencontramos en Ámsterdam tal como tenemos planeado hacer. O en Kaunas. O en donde sea. 

Historia de la fotografía: La foto que subo a este post la tomé yo mismo hace un par de años en un garito denominado “Leningrad”. Que se encuentra en la ciudad vieja de Riga. Es un sitio que siempre visito cuando voy a la capital letona. Porque ofrecen una gran variedad de cervezas a precios no desorbitantes. Y el ambiente del local está bastante bien. Por las noches el “Leningrad” suele estar a tope. El local es, en realidad, la planta baja de una casa. Que ha sido remodelada un poco para acomodar una barra y montar unas mesas y unas sillas para los clientes. El garito está adornado con elementos decorativos que proceden de la época socialista. Como el cuadro de Lenin que aparece en la foto. Un Lenin cool on the rocks. Con gorrito de Papa Noel. Pura nostalgia por un pasado que, sin duda, no fue tan malo como los mass-media y otros instrumentos de indoctrinamiento democrático se emperran en afirmar. 




Los cuatro comuneros

Keturi komunarai“ obra de Bronius Vyšniauskas y Napoleonas Petrulis
ME cogieron las navidades nuevamente en Kaunas. Y ya van siete con estas. Y bueno, aprovecharé estos días de nieve y frío extremos para, entre otras cosas, pulir y rematar mi análisis sobre las recientes elecciones al Seimas o Parlamento lituano. Y sobre el referéndum que se convocaba entorno a la construcción de una central nuclear en la población de Visaginas. En la frontera con Bielorrusia. En el último post hice referencia a la tormenta política que se había desencadenado tras conocerse el resultado de esas elecciones. Que descabalgaban del poder a la derechista coalición de partidos nacionalistas “pro-atlantistas” que durante cuatro años sostuvieron al gobierno del conservador Andrius Kubilius, esa especie de Mr. Scrooge lituano. Unos resultados que posibilitaban la creación de un gobierno de centro-izquierda. Y un horizonte menos conflictivo con Rusia y sobre todo con Polonia. Pues bien, ese gobierno se constituyó recientemente, tras un mes de tiras y aflojas entre la Presidenta del país, la Sra. Dalia Grybauskaitė, y los “cuatro comuneros” como algunos de medios de comunicación llaman con cierta mala leche a Algirdas Butkevičius (líder del Partido Socialdemócrata de Lituania, LSPD), Viktor Uspaskich (polémico empresario ruso que lidera el “Darbo partija” o Partido del Trabajo), Rolandas Paksas ( mesiánico líder del partido “Tvarka ir teisingumas“ o “Orden y Justicia”) y Valdemaras Tomaševski (líder de la “Acción Electoral de los polacos de Lituania” o “Lietuvos lenkų rinkimų akcija”). 

Los “cuatro comuneros” (1), a pesar del bloqueo presidencial y del ruido de los mass-media nacionalistas, han conseguido atar un acuerdo de gobierno en el que las cuatro fuerzas de “centro-izquierda” (por llamarlas de alguna manera) se reparten las catorce carteras ministeriales con las que contará el gobierno de la república. Con el líder socialdemócrata Algirdas Butkevičius como ministras pirmininkas o primer ministro. En la sesión de investidura del nuevo gobierno, celebrada en el Seimas el pasado 7 de diciembre, el programa político presentado por el líder socialdemócrata obtuvo un amplio respaldo parlamentario (2) . El ya primer ministro Butkevičius ha prometido subir el salario mínimo de las muy muy misérrimas 850 litas al mes (aproximadamente 246 euros) a las muy muy misérrimas 1.000 litas (290 euros). El salario mínimo es importante porque sirve, entre otras cosas, como base para calcular las pensiones de jubilación y los subsidios de desempleo. Debo decir que en Lituania muchos empleados, sobre todo jóvenes sin experiencia que trabajan en el sector servicios, cobran el salario mínimo. Trabajando ocho horas al día. Cuarenta horas por semana. Porque si se trabajan menos horas se cobra menos, claro. Pero bueno, mejor eso que el jarabe de palo que prometía el cicatero Mr. Scrooge Kubilius. Que seguro que lo habría bajado aún más si el pueblo lituano no lo hubiera botado del poder. A parte de esa subida inminente del salario mínimo, que entrará en efecto a partir del 1 de enero, el nuevo primer ministro ha prometido un aumento del gasto público en un 1’2% para el próximo año. Y que su gobierno será responsable en el gasto para cumplir con los criterios de Maastricht. ¡Y yo que creía que el “gafotas” Butkevičius era un rojo de la releche! Y resulta que no. Que a pesar de sus constantes vacilaciones en el asunto y a pesar de que muchos le dicen que meterse en el euro es como comprar el último ticket para el Titanic, el nuevo primer ministro en su discurso de investidura manifestó que una de sus prioridades es que Lituania cumpla con los criterios de Maastricht e introducir al país en la eurozona. Sin embargo, también es cierto que Butkevičius no parece un fan del euro. Y ha dado largas en el asunto. Según el nuevo pirmininkas, todo dependerá de lo que haga Letonia. Tal como están las cosas en la eurozona, cuando hasta el gobierno búlgaro rechazó recientemente la adopción del euro aún cuando Bulgaria cumplía con todos los dichosos “criterios de Maastricht”, parece difícil que el Lietuvos Bankas deje de imprimir litas. Al menos en el corto plazo. Cruzo los dedos por el bien del país. Soy de los que piensa que cuanto menos “Europa” mejor para Lituania. De los que piensa que el proceso de “europeización” en los países ex – socialistas sólo ha beneficiado a las élites de estos países. Pero ha sido extremadamente pernicioso para las clases populares. Que en veinte años de “europeización” y latrocinio neo-liberal han sufrido una reducción general de los estándares de vida y han visto liquidados muchos de los servicios y derechos sociales garantizados durante el sistema socialista. Todo ello en nombre de la democracia y el libre mercado, claro. Los pequeños países de la ribera oriental del báltico además, sobre todo tras ser anexionados por la Unión Europea en 2004, experimentan un dramático declive demográfico que pone en cuestión la viabilidad misma de estas pequeñas naciones en el futuro. Las tres repúblicas bálticas especialmente han sufrido un radical proceso de homogeneización cultural y “occidentalización” que coloca a estas pequeñas naciones al borde de la extinción. Cuando su juventud, totalmente occidentalizada, casi habla mejor inglés que las lenguas autóctonas. Y piensa sólo en coger las maletas y marcharse de aquí. 

El decimosexto gobierno de la república está formado por miembros del Partido Socialdemócrata pero también por destacadas figuras de otros tres partidos no ultra-nacionalistas. Los líderes de estos partidos, sin embargo, no se sentarán en el gabinete de Butkevičius. Utilizo aquí la expresión “no ultranacionalistas” porque es precisamente ese factor, el no compartir el nacionalismo tronado y pueril de “Gustavo Enciklopedija” (3) casi lo único que los une. Sus líderes, aunque no estarán presentes en el gabinete de Butkevičius, sin duda influenciarán en la agenda política del nuevo gobierno. Porque se trata de partidos personalistas. Que giran entorno a sus respectivos líderes. El ex –presidente Paksas es miembro del Parlamento Europeo. Y no pudo encabezar la lista de su partido “Orden y Justicia” porque el Tribunal Constitucional de Lituania le prohibió presentarse nunca más a unas elecciones nacionales. Sin embargo, el portavoz de su fracción parlamentaria, Valentinas Mazuronis sí estará en el gobierno cuatripartito de Butkevičius. Al timón del ministerio de medio ambiente. Y el partido de Paksas, en el reparto del pastel, también se hizo con otra cartera ministerial, la importante cartera de interior, que ocupará Dailis Barakauskas. El gobierno de Butkevičius cuenta también con un representante de la alianza electoral polaca. Su líder, Valdemaras Tomaševski, es también como Paksas miembro del Parlamento Europeo y es uno de los “cuatro comuneros” en esta historia. El líder de la minoría polaca ha colocado a un hombre de confianza en el estratégico puesto de ministro de energía. Que será ocupado por el joven Jaroslavas Neverovičius. La presencia del partido de Tomaševski en el gobierno lituano parece indicar que existe una voluntad real por rehacer las relaciones con Polonia. Muy degradadas tras cuatro años de arrogancia y chulería del gobierno utranacionalista de Kubilius y en cierta medida ayudará también en la redefinición de las relaciones con Rusia. Con la que mejor llevarse bien. Porque tiene el gas que Lituania necesita para mantenerse caliente. Y porque Rusia es un buen mercado para los productos lituanos. Sobre todo tras su entrada en la Organización Mundial del Comercio, que se produjo este año que recién acaba. 

El populista “Partido del Trabajo” (Darbo partija), liderado por el millonario ruso Viktor Uspaskich, finalmente ha conseguido entrar en el gobierno. A pesar de las maniobras por evitarlo de la Presidenta Grybauskaitė y del main-stream mediático nacionalista. Que desde que se conocieron los resultados de los recientes comicios movieron cielo y tierra para intentar echar mierda sobre Uspaskich y sobre su partido político. Al final la Sra. Grybauskaitė tuvo que aceptar a regañadientes la entrada del Darbo partija en el gabinete de gobierno. Sin duda forzada por la caída de su popularidad en las encuestas. El tira y afloja entre la Sra. Presidenta y los “cuatro comuneros” ha deteriorado, y mucho, la imagen de la Sra. Grybauskaitė. Muy preocupada por su futura reelección en 2015. La última gracia de la autoritaria “dama de acero” fue hacer pasar por un examen de inglés a todos los ministeriables. Un examen que les hizo ella misma, puntero en mano. En plan “señorita Rotermeyer” en la mítica serie de anime “Heidi”. Según la Sra. Grybauskaitė todos los futuros ministros deben hablar bien inglés. Porque Lituania, durante el segundo semestre de este año que recién empieza, ostentará la Presidencia de la Unión Europea. Y da mala imagen al país que sus ministros no sean capaces de expresarse en inglés. Cuando cientos de políticos, burócratas y expertos invadirán Vilnius en la segunda mitad de 2013. Como resultado de ese “examen” dos candidatos del Darbo partija fueron vetados por la Presidenta metida a profesora de lenguas. Y Uspaskich se vio forzado a proponer otros dos candidatos capaces de expresarse en la lengua del Imperio del Bien. En el nuevo gobierno se sentarán cuatro miembros del Darbo partija. Que ocuparán las carteras de agricultura, seguridad social, cultura, y educación y ciencia. Desde los medios de comunicación nacionalistas se ha criticado que el partido del “pro-ruso” Uspaskich se haya hecho con las carteras de cultura y educación. Que tan importantes son para indoctrinar fervor patriótico entre la juventud y la ciudadanía. También se ha criticado que el millonario ruso tenga un ministro encargado de manejar los jugosos fondos europeos procedentes de la Política Agraria Común. La maquinaria propagandista nacionalista no deja de recordar que Uspaskich y su partido tienen causas pendientes en los tribunales lituanos. Acusados de haberse financiado ilegalmente con fondos procedentes de Moscú. Y de llevar una doble contabilidad. Pero los nacionalistas conservadores se olvidan que Kubilius, durante la última legislatura, pidió y obtuvo en varias ocasiones el soporte del Darbo partija. Y que durante cuatro años la causa judicial abierta contra Uspaskich ha estado paralizada en algún lugar de la lenta, corrupta e ineficiente maquinaria judicial del Estado. Algunos dicen que por orden o con la connivencia de quienes hasta hace unos días tenían las riendas del poder. En fin, veremos hasta dónde llega el gobierno de los “cuatro comuneros”. De momento, a partir del uno de enero, muchos lituanos cobrarán un poquito más. Y además verán disminuida en un 2% la factura de la calefacción. Algo es algo. Menos da una piedra.

Historia de la fotografía: Subo una fotografía que tomé yo mismo este verano en “Gruto parkas”. Un parque temático dedicado a los “horrores” del socialismo. El parque fue fundado por un empresario local. Un tal Viliumas Malinauskas. Un tipo que vio negocio en explotar el turismo de la nostalgia. Y fue recogiendo un montón de estatuas y monumentos de la época socialista. Y colocándolos en una zona arbolada cercana a la ciudad balneario de Druskininkai. Al sur de país. El “Gruto parkas” es, desde mi punto de vista, un auténtica afrenta a todos aquellos cientos de miles de hombres y mujeres que lucharon, en Lituania y en todas partes, contra el nazi-fascismo. Como la joven partisana Marija Melnikaitė. Que con tan sólo 20 años de edad participó en la resistencia contra los nazis y el gobierno títere de lituanos lacayunos que colaboraron con Hitler en el exterminio de más de doscientos mil judíos y en la liquidación de miles de opositores políticos. Marija Melnikaitė fue apresada por policías lituanos un 6 de junio de 1943 y entregada a la Gestapo. Y asesinada tras ser sometida a todo tipo de sádicas torturas. Según cuentan le cortaron los dedos y los pechos antes de acabar con su vida. La estatua a Marytė Melnikaite se encuentra expuesta en “Gruto parkas”. Como si ella fuera responsable del sufrimiento del pueblo lituano. Culpable de la “ocupación”rusa de esta tierra. El abominable “Gruto parkas” es también un injusto insulto a la memoria de todos los que combatieron al zarismo, a principios del siglo XX. Entre los que se encontraban un montón de socialistas y comunistas lituanos. Como el ilustre revolucionario Vincas Mickevičius, alias “Kapsukas”. Amigo de Rosa Luxemburgo y de Lenin. Kapsukas, un socialista revolucionario de finales del siglo XIX, luchó toda su vida contra el zarismo. Paradójicamente se encuentra allá en el “Gruto parkas”. Como si se tratara de un traidor. Como si él fuera responsable de lo que hizo Stalin. Olvidando que Kapsukas murió en 1935 en Moscú. En extrañas circunstancias que apuntan al propio Stalin. Que por entonces se dedicaba concienzudamente a liquidar viejos socialistas que le pudieran hacer sombra. El “Gruto parkas” no es algo original. Museos “de los horrores” similares se encuentran en muchos países del Este de Europa. En Budapest, ciudad que visité a finales de 2009, existe un parque temático similar, el “Memento Park”. Un insulto a la gloriosa historia del movimiento obrero y democrático húngaro. Y también existe un museo parecido en la pequeña población de Radebeul, cercana a Dresden. A la que me desplacé por razones de trabajo en septiembre del año 2010. La estatua que aparece en esta fotografía está dedicada a la memoria de los “cuatro comuneros”. Los revolucionarios socialistas Rapolas Čarnas, Kazys Giedrys, Juozas Greifenbergeris y Karolis Požėla. Todos ellos asesinados por orden del autoritario gobierno militar del Presidente Antanas Smetonas, un 27 de diciembre de 1926. Los cuatro comuneros eran simple y llanamente lituanos revolucionarios que luchaban contra una junta cívico-militar filo-fascista. El tal presidente Smetonas, idolatrado por el nacionalismo tronado lituano como un gran líder defensor de la madre patria, fue en realidad un dictador nacionalista católico que admiraba a Mussolini. Un dictador con puño de hierro que reprimió duramente al movimiento obrero lituano. Y que mandó ejecutar a los “comuneros” porque estos se opusieron activamente a su dictadura. En 1973 las autoridades de la Lituania socialista decidieron erigir una estatua en honor a los cuatro comuneros (“keturi komunarai”). Que estuvo emplazada en Ramybės parkas (parque de la tranquilidad), en pleno centro de Kaunas. Hasta que, tras la liquidación de la Unión Soviética, la estatua fuera traslada al “Gruto Parkas”. Las tumbas de los cuatro comuneros, en tiempos de la Lituania socialista, se encontraban en el Museo Militar de Kaunas. Un lugar sólo reservado a los héroes de la nación. Y allá estuvieron hasta que las nuevas autoridades de la Lituania post-soviética decidieron exhumar nuevamente los restos de los cuatro pobres comuneros. Que bajo la ideología impuesta por el nuevo régimen “democrático” pasaron de ser héroes a convertirse en villanos. Y sus urnas fueron trasladadas al cementerio militar de Sančiai. A las afueras de Kaunas. Donde hasta hoy se encuentran. Esperemos que los dejen descansar allá en paz de una vez por todas. Ellos no tienen nada que ver ni con Stalin ni con el archipiélago Gulag. Como los cristianos que murieron en el circo romano no fueron responsables de los crímenes que la Santa Inquisición cometiera en nombre de Cristo.


Una vez me contaron que en los años finales de la Unión Soviética, en los tiempos de Gorbachov, corrían un montón de chistes y chascarrillos maliciosos entorno a la estatua a los cuatro comuneros. Los escultores que realizaron la obra no estuvieron muy acertados en el diseño de las figuras de los cuatro revolucionarios. Que más bien parecen un grupo de amigos parranderos que vuelven a casa tras una loca noche de fiesta.Uno de ellos aparece medio caído, sostenido por sus compañeros. Como si estuviera borracho. Y el comunero que levanta el puño. Parece que está llamando a un taxi para que se los lleve a los cuatro a casa. Después de una larga y alocada noche de juerga en algún club de mala reputación.
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1) Sobre los cuatro comuneros incluyo un apunte en la sección “historia de la fotografía” de este post. 
2) Un total de 83 parlamentarios de los 141 con que cuenta el Seimas votaron a favor del programa de gobierno presentado por el socialdemócrata Algirdas Butkevičius. Los parlamentarios conservadores del ya ex-primer ministro Kubilius y sus antiguos socios liberales del “Movimiento Liberal de la República de Lituania” (“Lietuvos Respublikos liberalų sąjudis”) votaron en contra. Los siete representantes del partido anti-pederastia y anti-corrupción ““Drąsos kelias”, liderado por la mártir Neringa Venskienė, se abstuvieron. También se abstuvieron el representante del pequeño partido agrario y verde (“Valstiečių liaudininkų ir žąliujų sąjunga”) y varios parlamentarios “independientes” no adscritos a ningún partido político. 
3) “Gustavo Enciklopedija” es un programa para niños emitido por la LRT, la radio televisión pública lituana. Se trata de un programa de carácter educativo. Donde se mezclan unos dibujos animados bastante rudimentarios con las actuaciones de un tipo vestido de payaso llamado Gustavo. Quien conduce el programa. Gustavo les enseña a los niños y niñas lituanos a cocinar y a comportarse bien. Lo cual es loable. Pero también les enseña historia de Lituania y del mundo. Y a menudo habla de política. Las intervenciones de Gustavo están llenas de prejuicios contra Rusia y los rusos. Que siempre aparecen en los dibujos animados vestidos de verde, con una estrella roja en la visera de la gorra y con un fusil al hombro o una pistola en la mano. Y siempre con cara de malos. A veces se cuela en los dibujos animados algún que otro judío. También con cara de malo y siempre con una prominente y fea nariz jorobada. Nariz de judío.

29 nov. 2012

El final de Mr. Scrooge (II)

Un cartel institucional convocando a elecciones
PUES bien, por los resultados de las recientes elecciones al Seimas, celebradas a dos rondas entre el 14 y 28 de octubre de 2012, parece que el pueblo lituano ha decidido “echarse pal monte”. Le ha sacado el dedo corazón al tal James Morsinck y al FMI y le ha dicho basta al patriarca Landsbergis, al main-stream nacionalista conservador, y a Kubilius y  sus estraperlistas. El pueblo lituano ha votado contra las políticas de austeridad hard-core implementadas por el cicatero y siempre con cara de triste y amargado pirmininkas Andrius Kubilius. Un personaje que bien pudiera ser un producto de los amores ilícitos entre el Mr. Scrooge dickensiano del “Cuento de Navidad” y el atómico Mr. Burns de los Simpsons. El pueblo lituano ha dicho que está harto de Mr. Scrooge y le ha dado el voto al Partido Socialdemócrata de Lituania (Lietuvos socialdemokratų partija) de Algirdas Butkevičius y a otros tres partidos anti-sistema. La situación, cuando escribo esto (1 de noviembre de 2012), es todavía muy fluida. Parece que Butkevičius está dispuesto a pactar con una de las bestias negras del nacionalismo conservador lituano, el líder populista del “Partido del Trabajo” (“Darbo partija” en lituano), el millonario ruso Viktor Uspaskich. El propietario de la popular empresa de conservas “Kėdainių”. Y apodado por los media como el zar de Kėdainiai (población cercana a Kaunas donde tiene instalada su factoría). El rey de los pepinillos en vinagre. Uspaskish es un personaje inclasificable. Y su partido, el Darbo partija no tiene nada que ver con los partidos “laboristas” occidentales. Es un partido sin ideología definida que gira entorno a la figura de su fundador y presidente. Un personaje que gusta de aparecer en shows televisivos tocando la guitarra. O tirándose en paracaídas. O tomando saunas con exuberantes chicas ligeritas de ropa. Un político excéntrico, inusual, y con una indudable vis comica que ha sabido explotar para ganarse el favor del público y del electorado. Un tipo que literalmente se compró un título de graduado en administración de empresas en la Universidad Tecnológica de Kaunas (KTU por sus siglas en lituano). Algo que, por cierto, también hizo el antiguo primer ministro predecesor de Kubilius. El socialdemócrata Gediminas Kirkilas. Que se compró un título de máster en economía en la International Business School de la Universidad de Vilnius (el asunto salió a la luz meses después de haber perdido las elecciones de 2008 frente a Kubilius). Aquí, en Lituania, no es infrecuente la compra-venta de títulos académicos por lo que tengo visto y entendido. Cuando me vine a vivir a Lituania, eso fue en el año 2007, el líder del Darbo partija estaba envuelto en un escándalo de financiación ilegal de su partido político que lo llevó a pisar la trena por unos días. Durante un tiempo encontró cobijo en Rusia. Luego volvió a Lituania y le echaron el guante. Luego acabó absuelto. A Uspaskish se le ha acusado siempre de ser un títere de Moscú. Y bueno, él ha ido saliéndose con la suya. Salió elegido europarlamentario en las elecciones de 2009. Y su partido político ha ido ganándose el favor del electorado. Sobre todo de aquellos lituanos hartos de la arrogancia de Vilnius. Y de quienes se sienten decepcionados de los partidos tradicionales. Que han favorecido sólo el desarrollo económico en las tres grandes ciudades del país. Y que parecen haber olvidado que Lituania es algo más que Vilnius, Kaunas o Klaipeda. Eso explicaría el enorme éxito electoral del Darbo partija en la mitad norte del país. Donde literalmente ha arrasado. El Darbo partija ha desplegado una campaña política sobrada de medios. No en vano el partido cuenta con los enormes recursos económicos de su fundador y de otros empresarios locales. Que han puesto dinero sobre la mesa. El partido, en su programa político, prometía subir el salario mínimo de las 850 misérrimas litas actuales (un euro equivale a 3.45 litas, hagan ustedes el cálculo) a 1.509 litas (7) y en hacer un “reset” en las relaciones con Rusia. País del que Lituania importa actualmente más del 60% de la energía que consume. “Mes zinome kaip!” (nosotros sabemos cómo), ese ha sido el slogan que hizo al Darbo partija ganador en número votos en estos comicios. Obteniendo casi el 20% de las papeletas. Al final, el sistema electoral lituano (proporcional en primera vuelta y mayoritario en la segunda), favoreció a los partidos tradicionales (los socialdemócratas y los conservadores) pero aún así el Darbo partija contará con 29 de los 141 parlamentarios que tiene el Seimas y es el partido que más sube en número de votos y en número de escaños (de 10 a 29). Y el ganador moral de estas elecciones. El Darbo partija, por cierto, ha recibido el apoyo del grupúsculo pro-soviético Kantas. Un grupo que utiliza en sus publicaciones un lenguaje incendiario donde se mezclan a partes iguales las loas a Stalin y los insultos a la élite de país, con el odio a los homosexuales, los judíos y los extranjeros. Su líder es un skin-head ruso“ bolchevique” con el que desde luego no me iría a tomar unas copas ni aunque me las pagara. Al fin de cuentas en el universo político lituano la clásica división entre izquierda y derecha resulta menos dramática que la división entre rusófobos y rusófilos. Y no resulta extraño que un grupo de rusos stalinistas de Vilnius acabe dándole apoyo electoral a un empresario ruso que, aunque no es de izquierdas, ha declarado en varias ocasiones que está a favor de establecer relaciones cordiales con Rusia. Y que es absurdo seguir pidiendo, como insiste en hacer la derecha nacionalista lituana, billones de dólares al gobierno ruso en concepto de indemnización por los años de ocupación soviética. Porque el gobierno ruso actual no es responsable de lo que hicieron las autoridades soviéticas. Uspaskich incluso ha llegado a cuestionar la teoría del “doble genocidio”. Esa excrecencia intelectual del nacionalismo tronado lituano que pretende igualar el exterminio de más de 200.000 judíos a manos de los nazis y de voluntarios “patriotas” lituanos (integrados en los siniestros escuadrones de la muerte denominados “Ypatingasis Burys” o escuadrones especiales) con la represión política que siguió a la incorporación de Lituania a la Unión Soviética tras la derrota del nazi-fascismo por el ejército rojo. Una represión política que llevó a muchos lituanos colaboradores de los nazis a ser ejecutados o deportados a Siberia. Y que probablemente también llevó al gulag a un montón de inocentes. Las intervenciones de Uspaskich han levantado más de una ampolla entre los convencidos nacionalistas lituanos. Quienes lo consideran poco menos que un agente al servicio de Putin. E inmediatamente desde que se conocieron los resultados de las elecciones el establishment nacionalista, capitaneado por la Presidenta de la república, la “dama de acero” Dalia Grybauskaitė, se ha dedicado a boicotear cualquier intento de formar gobierno en el que se incluyera al Darbo partija. Al que se le ha acusado de haber comprado votos en varias circunscripciones electorales. La Sra. Grybauskaitė, que había sido Comisaria Europea de Finanzas durante algunos años, ostenta la Presidencia del país. Y a ella le corresponde proponer al Seimas el candidato a “pirmininkas” (primer ministro) para formar el nuevo gobierno. Pero la Sra. Presidenta ha sacado el hacha de guerra y parece que pasa olímpicamente de lo que el pueblo lituano haya manifestado en las urnas. Ella es la guardiana de la “democracia” y de la “soberanía” y según la Presidenta “la democracia no se vende”. Así que ha movido todas las fichas posibles para evitar la coalición entre socialdemócratas y el partido del “pro-ruso” Uspaskich. Quien se prodiga en los shows televisivos promoviendo su causa y reclamando su derecho a estar en el próximo gobierno de la república. La Sra. Grybauskaitė parece seguir el camino de su predecesor el americano-lituano Valdas Adamkus quien también tuvo que lidiar con una situación similar a la presente, en las elecciones del año 2004. Cuando el Darbo partija fuera también el partido más votado y obtuviera nada menos que 39 escaños en el Seimas. Adamkus, según filtraciones aparecidas en Wikileaks, estuvo cableándose con sus amiguetes de la CIA y del Departamento de Estado americano. Que son quienes realmente controlan el cotarro y mueven los hilos en esta pequeña provincia del extremo oriental del Condominio Angloamericano. Y tras un proceso político tortuoso y plagado de irregularidades Adamkus acabó forzando un gobierno de coalición entre el Partido Socialdemócrata (por entonces liderado por el “otro patriarca” de la república, el ya desaparecido Algirdas Brazauskas), el Darbo Partija y otro partido menor. Colocando a Brazauskas (cuyo partido sólo había obtenido 20 escaños, la mitad que el partido de Uspaskich) en el puesto de primer ministro. Y aceptando a regañadientes la entrada del Darbo partija en el gobierno. La coalición duró poco más de un año porque Adamkus y sus alidados hicieron todo lo posible para sacar a Uspaskich del gobierno. Acusándolo casi de ser un agente al servicio de Moscú y de financiar ilegalmente a su partido. Con estos precedentes mucho me temo que la más que probable coalición entre Butkevičius y Uspaskich también será de corto recorrido. Con una Presidenta totalmente hostil y que tiene hasta el 2015 para descarrilar al gobierno de Butkevičius . Un político que además se caracteriza por sus constantes cambios de posición. Que hoy dice digo y mañana dice Diego. Y al que se le acusa de falta de carácter y de liderazgo. Grybauskaitė, la “dama de acero”, parece que podrá hacer lo que le dé la gana con Butkevičius. Y manejarlo como a un pelele. Tanto ella como los líderes del partido de Kubilius, la conservadora Unión Patriótica-Cristiano Demócratas de Lituania (Tėvynės Sąjunga-Lietuvos krikščionys demokratai), conspiran abiertamente contra el nuevo gobierno que se deberá formar en breve. Su estrategia parece clara. Remover la mierda, azuzar a los perros y agitar los fantasmas del pasado. Y esperar que la débil coalición de partidos que presumiblemente apoyarán al gobierno de Butkevičius acabe colapsando antes de que finalice la recién comenzada legislatura. A la posible coalición entre el Partido Socialdemócrata y el Darbo partija parece que se añadiría también el anti-sistema partido Orden y Justicia (“Tvarka ir teisingumas” en lituano) liderado por el aviador, antiguo miembro del KGB y breve ex-presidente de la república Rolandas Paksas. Otra de las bestias negras del nacionalismo conservador anti-ruso que hasta los pasados comicios había dominado el panorama político en este país. Paksas le ganó las elecciones al Presidente americano-lituano Valdas Adamkus, que se presentaba al cargo por segunda vez. Eso ocurrió en enero de 2003, poco después de la visita que George Bush hiciera a Lituania en noviembre de 2002. Adamkus durante muchos años estuvo trabajando para la CIA. Y era sin duda el candidato de George Bush. La figura de Paksas, quien resultó elegido presidente de la república en unas elecciones limpias y libres, resultaba muy incómoda para la estrategia del Departamento de Estado americano que por entonces promovía “las revoluciones de colores” en distintos países del antiguo bloque soviético. Además George Bush tenía planeado abrir una cárcel secreta en Vilnius para torturar a supuestos talibanes y sospechosos de pertenecer a la red Al-Qaeda (8). A lo que Paksas se opuso radicalmente. Así que desde el Departamento de Estado americano se movieron los hilos necesarios para defenestrar al molesto Paksas, quien fue removido de su cargo a través de un impeachment orquestado en el Seimas en abril de 2003. Y reemplazado, claro, por el antiguo miembro de la CIA Valdas Adamkus. Saltándose a la torera la voluntad popular que puso a Paksas en el cargo. Al final George Bush se salió con la suya y la CIA abrió una cárcel secreta en Vilnius, cerca del hipódromo. Y allá sigue abierta a pesar de las denuncias de la ONG Reprieve y de Amnistía Internacional. Desde entonces Paksas lidera un partido anti-sistema, que busca el reestablecimiento de su honor. A Paksas el Tribunal Constitucional de Lituania le prohibió presentarse nunca más a unas elecciones nacionales y le privó también del derecho a utilizar el título honorífico de “Presidente”. Honor que todos los ex -presidentes de la república detentan de por vida. Su partido, tal vez porque luce un águila como logo, o porque sus miembros gustan de vestir con un divertido uniforme azul y amarillo (los colores del partido) ha sido calificado por periodistas y politólogos desinformados, ajenos a la realidad política de este país, de filo-fascista. O de neo-nazi. La ignorancia es osada. Y este mundo está lleno de osados e ignorantes analistas políticos. Que conocen profundamente todo lo que ocurre en países que se encuentran a miles de kilómetros de distancia de donde ellos residen. Y que se atreven a sacar conclusiones sobre la realidad política de países que ni siquiera han pisado y cuya mentalidad, lengua y cultura desconocen completamente. Sentados en sus cómodos butacones. A sueldo de algún periódico, think-tank, o universidad de relumbrón. El Partido de Paksas no es, en absoluto, un partido neo-nazi. Se trata más bien de un partido de derechas pero fuera de la órbita del nacionalismo conservador pro-atlantista que ha dominado los destinos de este país durante tantos años. Su partido obtuvo 11 representantes en el Seimas. Cuatro menos que en la pasada legislatura. Castigado, sin duda, por la aparición en escena de otro partido antisistema, el “Drąsos kelias” (la “vía del coraje”), liderado por la mártir anticorrupción Neringa Venckienė. Un partido político que sólo se entiende en clave lituana. Y que nació vinculado a un truculento caso de pedofilia, asesinato y corrupción judicial. Un caso en donde la víctima principal fue un padre, el hermano de Venckienė, Drasius Kedys (de ahí el nombre del partido) (9) y su hija de pocos años de edad. Que fue violada repetidamente en un hotelito cercano al Kauno Marios, el lago de Kaunas, por una red de pederastas en donde según parece había políticos, miembros de la judicatura y “hombres de negocios” alemanes. Drasius Kedys asesinó a un juez. Le pegó un tiro en pleno centro de Kaunas. Aunque según otra versión el Juez fue asesinado por una tercera persona. No por Kedys. Quien tras varios meses de estar en busca y captura, y con medio país aclamándole como héroe, apareció flotando en el Kauno Marios. Dicen que fue asesinado por la policía. Aunque la versión del médico forense fue que se atragantó con un hueso y cayó en un descuido al agua. Una versión oficial del todo increíble. Se trata de un asunto del que he ido recopilando un montón de información. Y que conozco muy bien. Porque se ha desarrollado aquí mismo en Kaunas. A pocos metros de casa. Y porque conozco personalmente a algunos de sus protagonistas. Un asunto que ha hecho tambalearse los cimientos mismos de la sociedad lituana. El partido “Drąsos kelias” obtuvo casi 110.000 votos (el ocho por ciento de los votos) y siete de sus representantes se sentarán en el próximo Seimas. Es un partido sin ideología definida que nace por las simpatías que ha obtenido la Sra. Venckienė en su particular lucha contra el sistema judicial y político. Una brava señora que promete luchar por hacer justicia y desmantelar la lucrativa red de pedofilia y trata de blancas que según ella existe aquí en Lituania. Ya veremos hasta qué punto, tras entrar a formar parte del juego institucional parlamentario, el partido logra mantenerse cohesionado. Y si será capaz de seguir contando con el favor del electorado a medida que el “caso Kedys” se vaya diluyendo con el paso del tiempo. El partido de Venckienė ha tenido unos resultados increíbles, teniendo en cuenta que nació hace poco más de un año y que ha contado, desde el principio, con las antipatías del establishment mediático e institucional que controla el país. 

Historia de la fotografía: Subo a este post uno de los afiches institucionales utilizados para convocar a los ciudadanos de Lituania a votar en las elecciones generales del pasado 14 de octubre de 2012. También se les convocaba a participar en el referéndum sobre la construcción de una central nuclear en Visaginas, en el norte del país. Un proyecto que debía servir para sustituir a la central nuclear de Ignalina. Que llegó a ser la central nuclear más grande de la Unión Soviética. Una de las condiciones impuestas por Bruselas para el ingreso de Lituania en el club europeo era precisamente el cierre de la central de Ignalina, de diseño soviético. Y que era muy similar a la central de Chernóbil. De infausto recuerdo para todos. La central de Ignalina producía una energía barata que le permitía a Lituania mantener relativamente bajos los precios de la electricidad y de la calefacción. Y también era una fuente de ingresos para el Estado porque parte de esa energía se exportaba a los países vecinos. La central de Ignalina tuvo que cerrarse por imposición del tratado de adhesión de Lituania a la Unión Europea. El gobierno de Kubilius otorgó el contrato para la construcción de una nueva central nuclear a la compañía japonesa Hitachi. Quien iba a construir una central nuclear en Lituania similar a la de Fukushima. ¡Joder, eso es meterse de Guatemala a Guatepeor! Porque si bien la central de Ignalina era peligrosa (como lo son todas las centrales nucleares) a los lituanos les había salido gratis. Mientras que la planeada central de Fukushima-Visaginas les hubiese costado un ojo de la cara. Y en absoluto estaba claro que al final el ciudadano de a pie fuera a beneficiarse del proyecto. Más bien parecía un negociete montado para beneficiar a la oligarquía nacional, los bancos que participaban en la aventura (principalmente el banco sueco SEB) y los amiguetes del gobierno. Una iniciativa legislativa popular que se desarrolló a lo largo de la primavera del 2012 forzó al Seimas a votar una resolución favorable a la convocatoria del referéndum. Un referéndum en el que el pueblo lituano se mostró claramente contrario al proyecto (10). A pesar del enorme esfuerzo propagandístico que el gobierno Kubilius había realizado para convencer a la ciudadanía de las bondades de la central nuclear proyectada por los japoneses de Hitachi.
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NOTAS:  
(7) El salario medio bruto mensual en el sector privado en el primer cuatrimestre de 2012 estaba en las 2.138 litas. Después de impuestos y contribuciones sociales el salario medio era de 1.661.9 litas por mes. En el sector público el salario medio bruto era de 2.267 litas o de 2.057.8 litas netas (fuente “LitNews”. Agosto 2012). Para dejarlo bien clarito. El ciudadano lituano “medio” que tiene la suerte de tener trabajo ganaría alrededor de unos 400 euros al mes. Un poquito más si se trabaja en el sector público. Eso explicaría, en gran medida, el enorme problema de la emigración al que se enfrenta Lituania. Porque aquí los sueldos son de miseria y compañía. Y los más hacendosos prefieren coger los bártulos e irse a trabajar al Reino Unido, Alemania, Holanda o Noruega. 
8) El asunto del centro de detención y tortura abierto por la CIA en Vilnius salió a la luz en el año 2011 cuando un exprisionero de Guantánamo, un tal Abu Zubaydah, declaró que durante un tiempo permaneció detenido en Vilnius. Este y otros casos de presos “retenidos” en las instalaciones secretas en Vilnius (cercanas al hipódromo) y en otro centro instalado en Lituania (en algún lugar todavía por identificar) han sido denunciados por la ONG “Retrieve” y por Amnistía Internacional. Y la respuesta del gobierno lituano es como la de los tres monitos del cuento. Que no ven, ni oyen, ni dicen nada. La Presidenta Grybauskaitė, adalid de los derechos humanos en Bielorrusia y solidaria con los “Chochetes alborotados” (las “Pussy Riot”) en Rusia, se “hace la sueca” en este asunto. Y ha declarado que se trata de un tema que afecta a la seguridad nacional de Estados Unidos. Un aliado y amigo de Lituania. Y que sobre este asunto no se puede dar información. O sea que en Bielorrusia no se respetan los derechos humanos. Ni en la Rusia del malévolo Putin tampoco. Pero aquí en Lituania, donde se tortura a gente a pocos metros del Parlamento, sí que se respetan. Y punto. Que lo dice la “dama de acero”. Y quien se mueva no sale en la foto. Y no es un buen patriota. 
9) Drasius no es un nombre muy habitual en Lituania. Existe una palabra “Drąsa” que significa “coraje” y que se asemeja mucho a ese nombre. Neringa Venckienė escogió una denominación para su partido íntimamente vinculada al nombre de su hermano. El malogrado Drasius Kedys. Quien para muchos lituanos es un auténtico héroe. Una revisitación contemporánea del mítico Tadas Blinda.Un antihéroe lituano pre-moderno parecido a Robin Hood. Y entorno a cuya figura recientemente se rodó una mediocre y soporífera película. También hay una cerveza con su nombre. 
10) En el referéndum sobre la construcción de una central nuclear en Visaginas votó un 52,39% del electorado convocado a la consulta. De los ciudadanos que ejercieron su voto un 62,72% votó en contra del proyecto y un 34,02 a favor. El referéndum resultó válido pues superó el 50% del número de electores con derecho a voto. Un requerimiento que la ley electoral lituana exige para la validez de este tipo de consultas. Se trataba de un referéndum no vinculante pero con indudable repercusión política y económica. Y que ha forzado a la clase política de este país a detener un proyecto que parecía de ejecución inminente.

28 nov. 2012

El final de Mr. Scrooge(I)

Mapa de Lituania, coloreado atendiendo a los resultados electorales.
VYTAUTAS Landsbergis cumplió 80 años el pasado 18 de octubre. Y fue un cumpleaños un tanto amargo el suyo. El “profesor” (de música), escritor de cuentos y europarlamentario adscrito al Partido Popular Europeo, uno de los artífices de la anexión de Lituania al Imperio del Bien, tuvo que soplar las velas conociéndose ya que su partido, la derechista Unión Patriótica-Cristiano-demócratas de Lituania (Tėvynės Sąjunga-Lietuvos krikščionys demokratai), había sido descabalgada del poder tras cuatro años de implementar exitosamente políticas de “profunda consolidación fiscal” y “ajuste de salarios y precios”. Utilizo aquí la jerga empleada por James Morsink, Jefe de la misión del FMI para Lituania, en una conferencia organizada por los “hombres de negocios británicos” y “niños bien” de la British Chamber of Commerce en Vilnius (1). Un modelo que, según este burócrata del FMI, debía ser imitado también por el resto de países de la eurozona que se encuentran en recesión económica. Lituania, gracias al gobierno de Kubilius, ha sabido ajustarse el cinturón y preservar, al mismo tiempo, la cohesión social. No como ocurre en los irresponsables países de la Europa meridional cuyos ciudadanos andan todo el día con el grito puesto en el cielo y dándose de mamporros contra las fuerzas del orden. Es fácil decirlo, claro, desde la posición super-bien pagada de Jefe de Delegación del FMI. En una sala chic del Novotel en Vilnius. Y ante una audiencia formada invariablemente por hombres de negocios británicos de mediana edad acompañados por atractivas jóvenes emprendedoras nativas. Bien vestidas ellas, con las piernas depiladas a la cera y embutidas en medias de seda negra. Perfumadas y untadas de cremas hasta por el orto. Hombres de negocios que, como casi todos los varones de mediana edad que pululan por Vilnius o Kaunas, se han instalado en uno de los países más pobres de Europa para hacerse ricos, claro. Igual soy un malpensado pero ya me conozco yo "el percal" por aquí. Un montón de gentleman entrados en añitos pegándose el moco del hombre de negocios. Con la apenas disimulada intención de meter el bollo en el horno. Expertos "business-consultants" de la nada y gurús del marketing que no conoce ni Dios. Y que se vienen al Este de Europa a restregar un poco la cebolleta. Eso tiene la pobreza cuando convive con un exacerbado materialismo. Que transforma a cualquier despreciable tipejo occidental en un hombre de éxito. Un galán irresistible y atractivo a modo de ver de las hipergámicas y bastante naïve féminas de por aquí. Fáciles de seducir hasta por el más patán del pueblo. Siempre que venga de fuera y tenga o aparente tener algo de dinero. En un país como Lituania que es además, según la clasificación de Schmitt (2), el cuarto país más promiscuo del planeta tierra. Y donde más barato y fácil resulta echar un polvete. Un país donde el extranjero gana inmediatamente status. Porque es como un icono romántico, rico, poderoso que procede de un mundo utópico donde no existe la carencia. Parafraseando a Bordieu, relacionarse con un extranjero incrementa el capital social o cultural del local, aunque solo sea en su imaginación. Eso hace que muchas mujeres lituanas quieran y sean fácilmente seducidas por occidentales (3). Incluyo aquí, claro está, a los miembros activos de la British Chamber of Comerce. Aunque sean muchos de ellos más feos que un zapato viejo.


El cuarto país más promiscuo del planeta tiene el honor de ser también el cuarto país más pobre y con una de las esperanzas de vida más bajas de la Unión Europea (especialmente baja es la esperanza de vida de los varones, que apenas supera los 65 años de edad). Lituania tiene uno de los sistemas públicos de salud más deficientes (el gasto público en sanidad es alrededor de la mitad del gasto medio en la UE). Y su sistema educativo agoniza en la indigencia más sangrante (el gasto público por estudiante es uno de los más bajos de Europa) (4). La situación de Lituania no era en absoluto boyante antes de estallar la crisis en el año 2008. Y, sin duda, la apariencia de formar parte del “mundo rico y occidental” sólo se percibía en Vilnius y Klaipeda y en menor medida en Kaunas. Pero no en las pequeñas poblaciones alejadas del eje Vilnius-Kaunas-Klaipeda. Y mucho menos en las zonas rurales del país. Donde el maná del progreso occidental nunca llegó. Pero los problemas que ya existían en el país se agudizaron sin duda con el crash financiero del año 2008 . Que sumió a esta pequeña república en una profunda crisis económica y de valores de la que sin duda no se ha recuperado todavía. La crisis provocó una caída del PIB cercana al 14%, un incremento del desempleo por encima del 20% de la población activa y una salida masiva del país de mano de obra. Especialmente de jóvenes formados (5). El viejo dogma ultra-liberal de reducción del gasto público e incremento de los impuestos al consumo ha servido sólo para soslayar el fantasma de la devaluación de la lita, la moneda nacional, cuyo cambio está artificialmente anclado al euro. Y evitar así el colapso de los bancos, principalmente escandinavos, que durante los años del “milagro económico” habían alimentado la “burbuja inmobiliaria” concediendo alegremente préstamos hipotecarios en euros. E hipotecando a muchas familias hasta las cejas. Evitar a toda costa la devaluación de la moneda para proteger los balances de situación de los bancos. Disminuyendo los salarios y pensiones y aumentando los impuestos al consumo y los precios de los servicios públicos. A eso se ha reducido la política del gobierno Kubilius. A aplicar el jarabe amargo prescrito por el FMI y los ideólogos del Partido Popular Europeo. Medidas que han hecho recaer el peso de la crisis financiera sobre la población. Kubilius ha evitado la devaluación de la moneda nacional pero sólo a costa de provocar una devaluación interna que, en el corto plazo, sólo ha beneficiado a los bancos, los fondos de inversión especulativos y a las grandes compañías. La devaluación interna se ha utilizado en Lituania con la excusa de incrementar la productividad y competitividad de las empresas. Se trata, sin embargo, de un argumento del todo falaz pues la devaluación interna sólo sirve para incrementar la productividad definida como ratio entre el valor añadido y el coste del factor trabajo. Pero no sirve para aumentar la productividad definida como ratio entre el valor añadido y las horas trabajadas. La devaluación interna de hecho sólo produce beneficios a los propietarios de capital en el corto plazo. Pero en el largo plazo sólo provoca una reducción de la riqueza general y conduce al estancamiento económico o a la recesión por la disminución de la capacidad de consumo de la población y por el capital humano malgastado que es empleado de forma ineficiente por empresas que fundamentan sus márgenes de beneficio sobre el bajo coste del factor trabajo y no en el uso de tecnologías y en la inversión en innovación. Que es lo que en el largo plazo genera prosperidad y crecimiento económico (6). 

Historia de la fotografía: Subo aquí una fotografía que tomé yo mismo con mi camarita de todo a cien. Se trata de una foto de la portada del diario vespertino “Vakaro Zinios” (de 16 de octubre de 2012). Y en la que se reproduce un mapa de Lituania que se ha coloreado atendiendo a los resultados de las pasadas elecciones al Seimas. En azul aparecen las circunscripciones electorales donde ganó el “Darbo partija” del empresario y millonario ruso Víktor Uspaskich. En rojo aparecen las circunscripciones electorales donde resultó vencedor el Partido Socialdemócrata de Algirdas Butkevicius. Al sudeste del país, en gris oscuro, aparecen los clásicos feudos electorales de la Acción electoral de los polacos de Lituania (Lietuvos lenkų rinkimų akcija) liderada por europarlamentario Valdemar Tomaševski. En verde oscuro, las circunscripciones donde resultó vencedor el partido del derechista Kubilius. Que sólo ganó en la ciudad de Kaunas (tradicional bastión del conservadurismo nacionalista lituano) y Vilnius (donde se concentra la burocracia). En la parte occidental del país se alzó con la victoria el partido antisistema “Tvarka ir teisingumas” del expresidente Paksas. En la ciudad portuaria de Klaipeda ganaron los socios y aliados de Kubilus, el Movimiento Liberal de la República de Lituania ( Lietuvos Respublikos liberalų sąjudis) de Eligijus Masiulis. En definitiva los partidos que sostenían al gobierno de Kubilius sólo lograron vencer en las ciudades que conforman el eje burocrático (Vilnius), espiritual (Kaunas) y económico (Klaipeda) del país. Y que se han beneficiado del “maná” de los fondos estructurales europeos y de la acción del gobierno. Pero perdió en el resto del país. Que no se ha beneficiado del “progreso” europeo y que ha padecido las políticas de ajuste y “austeridad” implementadas por el gobierno del cicatero “pirmininkas” Kubilius.

Notas:
1) “Macroeconomic challenges for Lithuania. Interview with James Morsink”. en BCC paper Winter 2011-2012. Página 4.
2) Lituania se encontraría en cuarta posición en el índice de promiscuidad de Schmitt, por detrás de Finlandia, Nueva Zelanda y Eslovenia."Sociosexuality from Argentina to Zimbabwe: A 48-nation study of sex, culture, and strategies of human mating", por David Schmitt de la Universidad de Bradley. Publicado en 2005 en Behavioral and Brain Sciences: http://psych.mcmaster.ca/dalywil. 
3) Hay un interesante libro, escrito en inglés que trata sobre el tema entre extranjeros y chicas lituanas y que recomiendo leer. Escrito por el antropólogo y profesor judío-americano Victor de Munck. Y al que tuve la ocasión de conocer hace unos dos años. En un seminario sobre “el amor romántico” organizado en Kaunas por una universidad pública de por aquí. El libro se titula “Experiencing Vilnius. Insider and outsider perspectives” y fue editado en Vilnius en 2009 por la editorial Konta. Y puede encontrarse todavía en las librerías locales con cierta facilidad.
4) Datos extraídos del estudio de O. Martens y V. Pukelienė “Recent trends of the Lithuanian labour market and their managerial implications” y publicados en “Taikomoji Ekonomika Sisteminiai Tyrimai” (Tomo I) Vytautas Magnus University. Kaunas. 2007.
5) La población en Lituania ha caído dramáticamente desde que esta pequeña república fuera anexionada al Imperio del Bien. Reproduzco aquí un gráfico extraído del diario “Kauno Diena”. Obsérvese que entre el 2001 y el 2012 Lituania ha perdido alrededor de medio millón de personas. Más que entre el período comprendido entre los años 1940 y 1951. Cuando el país fue arrasado por la Segunda Guerra Mundial. Y cuando, según cuenta la propaganda oficial del nacionalismo lituano, cientos de miles de lituanos fueron deportados a Siberia por Stalin.  Lo que no pudo hacer ni la guerra ni Stalin lo está haciendo el denominado "libre mercado". El capitalismo salvaje que campa a sus anchas por el Este de Europa.
Población de la República de Lituania: (en miles).
1940: 2.925-  1951: 2.561- 1959: 2.711, 1965: 2.948- 1973: 3.398- 1989: 3.690, 2001: 3.460, 2011: 3.043, 2012: 2.988. (Fuente: Kauno Diena, 2012-09-29)
6) Hay bastante literatura sobre la historia, justificación y consecuencias de la devaluación interna. Recomiendo el artículo de Barkbu, B., et al.. "Financial crises and the multilateral response: What the historical record shows” en J. Int. Econ. (2012), doi:10.1016/j.jinteco.2012.02.006".

Estadísticas de las Cartas desde el Este


3 sept. 2012

Carta por la muerte de un amigo

Un rupintojelis del cementerio de Petrašiūnai, en Kaunas.
"Lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida"
Miguel Hernández.
AYER recibí una carta de mi madre. Una larga carta en la que va desgranando, con su prosa sencilla, los últimos acontecimientos de su vida. Me cuenta que está bien de salud aunque a veces tiene fuertes dolores de espalda. Los achaques propios de la edad. Me cuenta también que tiene una perrita y que a menudo se va con ella a Segur de Calafell. Donde vive mi hermana. Y allá pasea a la perrita y toma el sol en la playa. Mi madre es una mujer tradicional. Ordenada, limpia, modesta. Una mujer fuerte. Y que ha tenido una vida difícil, llena de penas y de privaciones. Como muchas mujeres españolas de origen humilde que se criaron bajo la férula franquista. Una vida con pocas alegrías. Mi madre forma parte de esa generación perdida de españoles y españolas que fueron poco a la escuela. Una generación que se va extinguiendo. Una generación de españoles bajitos que recibieron durante la infancia una alimentación deficiente. Porque durante el franquismo sólo los niños de los ricos tenían derecho a acceder a la educación y a tener una alimentación y una talla normales. En la escuela donde se mal alfabetizó mi madre, se les daba a los niños un vaso de leche como desayuno. Era una leche que, por lo que ella me ha contado, olía y sabía a diablos. Se trataba de leche en polvo desleída en agua caliente. Una leche que procedía de la ayuda alimentaria que daban “los americanos”. Cuando el régimen franquista pasó a formar parte de la órbita de influencia de los Estados Unidos. Que encontraron en el General Franco a un aliado fiel y sumiso. Y muy útil en su cruzada contra la amenaza comunista global. El vaso de leche se repartía en el aula, tras cantar el “cara al sol” y rezar el Ave María. Con la foto del Hijoputísimo y el crucifijo colgados en algún lado bien visible cerca de la pizarra. A mi madre a veces le negaban el vaso de leche. Porque tuvo un tío que había sido fusilado durante la Guerra Civil. Fusilado por “rojo” y enterrado en una fosa común clandestina. Y porque su padre, mi abuelo materno, estaba en no se qué lista de sospechosos. “Tú no, que tu padre es un rojo”, le decía el maestro a mi madre. Y ella, esa mañana, se quedaba sin su vaso de leche en polvo americana. Aunque el “Cara al sol” lo tenía que cantar igual.

Me cuenta mi madre en su carta que mi amigo Ricardo se ha ahorcado. Se echó una soga al cuello y se ahorcó de la rama de un pino hace unas semanas. En el bosque de Torrebonica. Una zona forestal que se ubica entre las ciudades de Terrassa y Sabadell. Un bosque que conozco casi como la palma de mi mano. Y que Ricardo y yo nos hemos pateado un montón de veces cuando íbamos de acampada con los niños del “esplai” o cuando el centro juvenil del que formábamos parte organizaba alguna actividad allá. Mi amigo Ricardo tenía tan sólo 36 años y era una persona cándida y buena. No merecía morir así. Ahorcado de la rama de un árbol. Mi amigo Ricardo es una víctima más de la crisis económica que vive España. Tenía tres hijos y una mujer de la que recientemente se divorció. La crisis económica que estalló en el año 2008 le afectó de lleno. Perdió el trabajo. Acumuló deudas. La mujer acabó “desenamorándose” de él porque, como dice una canción de “El último de la fila”, cuando el hambre entra por la puerta el amor escapa por la ventana. Y acabó pidiéndole el divorcio y echándolo de casa. Porque el “contigo pan y cebolla” ya no forma parte del vocabulario de las féminas españolas de ahora. Que han abrazado plenamente el credo del Vanity Fair y del Cosmopolitan. El credo de la mujer hipermaterialista occidental. Del “no money, no honey” cariño. Y que no quieren follar con tipos que se pasan los lunes al sol. Mi amigo Ricardo siempre se había ganado la vida trabajando en el sector de la construcción. Especializándose en trabajos de instalación eléctrica. Durante los tiempos de las “vacas gordas”, cuando en Barcelona todo el mundo parecía haber enloquecido con la fiebre del ladrillo, mi amigo llegó a ganar un montón de pasta. Se echó novia formal. Se casó con ella. Se compró un buen coche y se hipotecó hasta las cejas. Y quedó atrapado en el sueño petit-bourgeois de la “familia de clase media”. El sueño que llevaba a un currela de barrio obrero a creerse un triunfador en la vida. Un sueño que fue posible en la medida en que el acceso al crédito fácil alimentaba artificialmente el crecimiento económico en el que España parecía definitivamente haberse instalado para siempre. Aún recuerdo aquel artículo publicado en el dominical de “La Vanguardia” titulado “la España currante”. Que se refería al “milagro económico español” como ejemplo a emular por el resto de Europa. Un modelo económico que, según el sesudo autor de aquel artículo periodístico, debía servir como ejemplo nada menos que a Alemania. Que por entonces atravesaba un período de recesión económica. Eran los tiempos en que José María Aznar estaba instalado en la Moncloa y una coalición rojiverde gobernaba en Berlín. "La Vanguardia" del Conde de Godó, claro está, haciendo de vocera de la derecha más rancia de la sociedad catalana. España como modelo a imitar por Alemania. ¡Joder, las vueltas que da vida! Aquel sesudo articulista resultó ser un cretino total. Como la mayoría de expertos, economistas y opinadores varios que juraban y perjuraban que el crecimiento económico español se asentaba en fundamentos sólidos. Y que lo de la “burbuja inmobiliaria” era un rumor absurdo e infundado difundido maliciosamente por trasnochados izquierdistas descerebrados. Por entonces yo estaba apuntado a un Postgrado en Comercio Internacional. Y todavía recuerdo aquella pregunta que le lancé al director del curso, que también nos daba clases de Macroeconomía. Le pregunté por el desorbitante precio de la vivienda en el área de Barcelona. Y comparé el precio de alquiler de un piso en Bruselas o Berlín con el precio medio de alquiler en la muy poco glamourosa ciudad de Terrassa. El profesor me miró con cara de pocos amigos. Y me respondió que era lógico que en Terrassa el precio del alojamiento fuera más elevado que en Bruselas o Berlín porque en Terrassa el clima y la comida eran mejores. Y se quedó así, tan pancho. Mirándonos a todos con condescendencia. Y luego arremetió contra todos aquellos que hablaban de la burbuja inmobiliaria. “Aquí, en España, no hay burbuja inmobiliaria”- nos dijo. “El precio de la vivienda es el que es y nunca dejará de incrementarse porque en España se vive bien”. ¡Menuda respuesta, joder! Digna de un idiota neoliberal salido de la cantera del IQS, el Institut Químic de Sarrià. Una institución privada universitaria donde se ha educado la flor y nata de la burguesía barcelonesa. Y que como cualquier institución educativa privada de élite es un instrumento que sirve para la reproducción social de la clase dominante. Una institución donde van a estudiar los vástagos de quienes nunca tuvieron que tomar leche en polvo americana. Y a los que la presente crisis económica se las trae floja.

Mi amigo Ricardo no dejó nada escrito. El Juez no encontró ninguna nota explicativa de los motivos que lo indujeron al suicidio. Escribir notas al Sr. Juez es propio de los suicidas que aparecen en las historietas de Ibáñez o de Forges. Pero dudo que ocurra en la vida real. Parece claro que mi amigo se ahorcó por las mismas razones que llevaron al jubilado griego Dimitris Christoulas a pegarse un tiro en la cabeza en la plaza Syntagma. En pleno centro de Atenas. De eso hace unos meses ya. A mi amigo Ricardo lo mató la crisis económica. Lo mató el Euro. Es una víctima más de las políticas de ajuste duro implementadas por el Partido Popular Europeo. Y que han transformado al suicidio en la primera causa de muerte violenta en España. Con más de cuatro mil suicidios en lo que llevamos de año.  Ricardo, como tantos otros, es una víctima más de esa perniciosa ideología del libre mercado y del mundo feliz que se nos indoctrina casi desde la cuna. Una víctima más del “sueño americano” y de la democracia superguay en la que dicen que vivimos. El suicidio probablemente sea para muchos la única salida de la pesadilla totalitaria capitalista. Cuando la vida es lo único que no ha podido llevarse el banco. Una forma extrema de protesta. Una manifestación suprema de antagonismo. La manifestación más radical de la libertad humana. ¡Joder Ricardo, tío! Todavía me debes unas cervezas. Y ten por seguro que más pronto que tarde nos las tomaremos juntos. Allá donde te encuentres. Seguro que yo también acabaré allá contigo. En el infierno o en el cielo. Qué más da. Liándola como siempre. Organizando fiestas de Sant Joan y de la “castanyada” para los niños del barrio. Y haciendo pintadas contra el amo del calabozo. Jugaremos al Risk o al Starcraft y me volverás a ganar, ¡cabroncete!. Y todo será un poco como antes. Cuando estábamos allá en el centro juvenil del barrio. Fundado por aquellos sacerdotes escolapios "progres" de los que aprendimos el valor de la amistad. Con los que aprendimos a amar las cosas sencillas de la vida. Descansa en paz ahora que puedes. Esta carta va por ti, amigo. ¡Cuánto penar para morirse uno!

Historia de la fotografía: Subo una fotografía que tomé yo mismo en el cementerio de Petrašiūnai.Que es el cementerio más importante de Kaunas. Y uno de los más célebres del país pues en él se encuentran las tumbas de destacadas personalidades de Lituania. Como la tumba de la gran poeta socialista Salomėja Nėris y la del gramático Jonas Jablonskis quien escribiera la primera gramática del lituano moderno. Dicen que una forma de conocer a un pueblo es pasearse por alguno de sus cementerios para observar cómo los nativos tratan a sus muertos. Debo decir que el camposanto de Petrašiūnai resulta del todo fascinante. Se trata de un cementerio extremadamente ordenado. Limpio. Poblado de enormes árboles. Un cementerio que huele a flores y a hierba recién cortada. Un cementerio que no da miedo. Donde no se percibe el olor acre de la muerte. Y donde uno casi se siente a gusto. Los lituanos entierran a sus muertos en tierra. No en nichos. No amontonan a sus muertos uno sobre otro como se hace en los terribles cementerios españoles.Y mantienen las tumbas bien limpias y ordenadas. Limpiar la tumba de los seres queridos es una tarea que regularmente realizan las mujeres. Los domingos pueden verse un montón de señoras pertrechadas de escobas, recogedores y trapos limpiando las tumbas en el cementerio de Petrašiūnai. Quitando las hojas muertas y el polvo que se han ido depositando sobre las lápidas. Y renovando las velas y colocando flores frescas. Un dicho lituano dice que un hombre cabal debe tener a lo largo de su vida al menos tres esposas. La primera esposa debe ser rusa. Porque las rusas tienen fama de ser hembras fogosas y buenas en la cama. La segunda mujer debe ser judía con la que se tendrán hijos inteligentes y con facilidad para hacer dinero. Y la tercera y última mujer será lituana. Porque mantendrá la tumba bien limpia y ordenada cuando uno estire la pata.

Aunque oficiosamente Lituania es un país católico, es frecuente ver en los cementerios lituanos tumbas con inscripciones en alfabeto cirílico. Y adornadas con la cruz greco-ortodoxa de tres brazos. Los cristianos ortodoxos que no aceptan la autoridad del Papa de Roma al fin de cuentas son también cristianos. Y es lógico que acaben todos juntos enterrados en el mismo cementerio. Hay algo originalísimo en los cementerios de Lituania y que no he visto en otro lugar. Me refiero al sincretismo religioso que es evidente en distintos elementos funerarios que aparecen en los cementerios. Y que son ajenos a la tradición católica meridional. Como las hojas de roble que suelen incorporarse a la cruz cristiana. Este pueblo se hizo cristiano tarde y casi a la fuerza. Y nunca abandonó del todo a sus viejas deidades paganas. Ni la fe de sus ancestros. Y claro, si te vas a morir, pues mejor quedar bien con todos los dioses. Por eso muchas tumbas lucen la cruz del Dios cristiano. Y las hojas de roble de la vieja religión Romuva, por si acaso los ancestros tuvieran razón.


El “Cristo preocupado” o rūpintojėlis, como el que aparece en la fotografía, es otra original manifestación del sincretismo religioso lituano. Se trata, de hecho, de un tótem pagano tallado en madera y apenas disimulado bajo la figura de un Cristo acurrucado y que posa la cabeza sobre la mano derecha. Como si estuviera preocupado. El rūpintojėlis simboliza el sufrimiento y resistencia a la adversidad del pueblo lituano. Y, aunque se ha convertido en un objeto que se puede comprar en los mercadillos y en las tiendas de souvenires para turistas, el rūpintojėlis no es una figura decorativa. No debe colocarse nunca dentro de la vivienda porque atrae la mala suerte. Su hábitat natural es el camposanto y el templo. El rūpintojėlis ha sido, según creo, incluido en la lista de objetos culturales protegidos de la UNESCO. Leí en algún lugar que el antiguo presidente de Lituania, Valdas Adamkus, regaló un rupintejelis a Kofi Annan, que por entonces era Secretario General de Naciones Unidas. Hace unos años saltó la polémica entorno a un anuncio comercial aparecido en la prensa. Y en la que se representaba a un rūpintojėlis que parecía estar hablando por teléfono móvil. La jerarquía católica del país puso el grito en el cielo. Porque el anuncio, a su entender, era ofensivo. Y es que la posición que tiene y el gesto que hace el rūpintojėlis se presta al cachondeo. Porque más que preocupación lo que parece que tiene Cristo es un resacón del copón bendito tras una noche de parranda bebiendo vino y comiendo pan y pescado con sus coleguillas los apóstoles. O a lo mejor lo que tiene es un terrible dolor de muelas. Y necesita urgentemente un dentista.

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23 jul. 2012

Culo de pato (I)

Patos buscando batracios en las aguas del Nemunas.
VOY a describir una escena que presencié hace tan sólo unos días. El protagonista es un estudiante de medicina libanés. Integrante de la numerosa caterva de musulmanes y jóvenes del tercer mundo que vienen a Kaunas para medio comprarse  el devaluado titulillo de medicina en una universidad de la zona. Y sin tener que pegar ni brote. Era una tarde soleada y hacía bastante calor. Lo que no es frecuente por acá en Lituania. El estudiante iba vestido como un musulmán modernillo. Con camisa rosa hortera ajustada al talle y unos pantalones vaqueros ceñidos. Y calzaba unas zapatillas deportivas de una conocida marca alemana. Se notaba a la legua que era un “kebab”. Así es como denominan en Lituania a los jóvenes musulmanes vestidos a la manera occidental. Llevaba una barba de cinco días cuidadosamente recortada y el pelo grasiento le brillaba de tanta gomina que se había untado. Tenía puestas unas Ray-Ban de imitación que se parecían a las que lucía el Stallone en "Rambo". O en "Rocky". Ahora mismo no me acuerdo bien. Las gafas de un policía corrupto. Era un tipo bajito, gordito, paticorto. Sin atractivo aparente alguno. Caminaba lentamente por una de las aceras que bordean Vytautas prospektas, una de las avenidas principales de Kaunas. Caminaba pavoneándose, por medio de la acera, sin ceder el paso a las señoras. Caminaba como si fuera el puto amo de la avenida. Cuando llegó a la altura de un gran parque que hay en el área, junto una parada de autobús, el tipo detuvo su paso, se quitó las gafas y empezó a mirar fijamente al cielo, como haciendo ver que buscaba la posición del sol. Entonces, ante los ojos atónitos de las señoras y las niñas que esperaban allá, se arrodilló en plena acera, alzando mucho el culo e inclinando la cabeza hasta casi tocar el pavimento con la boca y se estuvo allá unos minutos haciendo sus abluciones. Rezando a Allah o a su santa madre o a Dios sabe quién. En una arrogante, hipócrita y ridícula acción de proselitismo religioso. Una mujer mayor se lo miraba horrorizada y dijo algo que no llegué a entender bien. Un bomžas (vagabundo) apestando a degtine (el vodka lituano) soltó una carcajada y le espetó “eik najui!”. Que es un insulto terrible por aquí. Formado por el verbo “eiti” (ir) en modo imperativo y por una palabrota tomada prestada del idioma ruso y que podríamos traducir por “polla” en español estándar. O algo así. El bomžas tenía los dientes podridos e iba mamadísimo. Unas niñas que estaban allá observaban la escena con sumo interés. Embelesadas por los rezos a Allah y por el culo en pompa del devoto musulmán. Que sin duda se sentía observado. La Meca se ubica justo en la dirección opuesta al culo de un musulmán mientras ora. Era lo que pensaba yo que me encontraba allí mismo. En la parada de autobús mirando las evoluciones del fiel mahometano. Tras un par de minutos de abluciones y de exhibición de trasero el tipo puso fin a su plegaria. Se levantó del suelo, se limpió las manos con un kleenex que sacó de un bolsillo de sus ceñidos pantalones vaqueros, se ajustó un poco la camisa rosa que llevaba puesta y se volvió a poner las gafas de sol de policía corrupto. Acto seguido le soltó una sonrisa a las niñas que había en la parada de autobús y empezó a darles conversación. Con el propósito, apenas disimulado, de sacarle el número de móvil, el facebook, el skype o lo que fuera a alguna de ellas. La escena que he descrito es cierta. Tal vez el tipo en cuestión no llevaba gafas. Y quizás el bomžas no le dijo “eik najui”. Pero les aseguro que las cosas se desarrollaron más o menos tal como las he descrito aquí. Yo mismo estaba allá en la parada de autobús. Y conozco al personaje en cuestión porque me lo he encontrado en numerosas ocasiones en los clubs de Kaunas que suelo frecuentar. Bebiendo, fumando y “pillando” tal como prescriben los sagrados versículos coránicos. Y dilapidando el dinero que le transfieren los padres desde su Beirut natal. Todo lo que he escrito aquí suena un tanto islamofóbico. Y del todo inapropiado en estos días en que la comunidad musulmana recién empieza el Ramadán. Pero esa es una impresión errónea porque hubiese escrito algo parecido si me hubiese topado allá, en una de las paradas de autobuses más concurridas de Kaunas, a un devoto católico o a un practicante del judaísmo alardeando de su fe frente a un grupo de pacíficos ciudadanos que lo único que pretendíamos era tomar el troley de vuelta a casa, tras un largo, duro y agotador día de trabajo. Creo que la espiritualidad, como el sexo, la defecación o la muerte, como actividades irracionales que son, deberían practicarse exclusivamente en la intimidad y en espacios cerrados. Un templo de cualquier fe, un lavabo bien alicatado con su inodoro y su cisterna, la casa de citas de la esquina y el camposanto. A mi no me interesa demasiado tu profeta, coleguilla. Ni tu culo. Ni la Meca. Ni que exhibas tu fe rechazando comer carne de cerdo o ayunando desde que amanece hasta que se pone el sol cuando llega el Ramadán. Ni que pretendas desposarte con una o varias vírgenes. Ni que te la machaques más que un mono de feria mientras llega el anhelado momento de tus nupcias con una niña apenas púber. Que te fuera prometida nada más nacer. Ni que te vengas para Lituania con el firme propósito de meterla en caliente mientras tu prometida te espera en tu país de origen. Tú no eres mejor ni peor que nadie por esos rituales que practicas y que tú mismo te has auto-impuesto. Si tengo que elegir profeta, yo elijo a Yoda de Star Wars. Un enano verde, bajito y con largos pelos en las orejas. Maestro consumado en el manejo de la espada láser y capaz de levitar. Un profeta tartamudo, jorobado y alopécico. Y de edad, orientación sexual y origen étnico indefinidos. Pero lleno de sabiduría e iluminación infinita. Que mola más, desde luego, que el camellero medio analfabeto de Medina. Y tan bueno como cualquier otro de los profetas habidos y por haber. Yoda, por cierto, es una revisitación galáctica del mítico filósofo chino Lao-Tse. Quien diera origen al taoísmo. Esa originalísima vía natural de autoconocimiento que sirve para canalizar la espiritualidad humana y que, al menos en su concepción original, no tiene Dios, ni monjes, ni rituales, ni templos. Ni santos, ni Papas, ni curas pederastas. Ni guerras religiosas. Ni bandas de mercenarios barbudos gritando Allah Agbar!. Al servicio de los intereses occidentales. Y ametrallando cualquier escuela en Siria, Libia, Chechenia o Afganistán. Y ya puestos a elegir fe me declaro ahora mismo taoísta post-moderno. Seguro que si todos los días me fuera a la parada de autobús de Vytautas prospektas a orar con la foto de Yoda colgada al cuello y a hacer mis ejercicios espirituales con la espada láser en ristre la gente se reiría de mi. O me tomarían por loco de atar. Y probablemente tendría que pagar las 50 litas de rigor para “untar” a los agentes de la policía lituana del turno de la tarde que patrullan la zona. Para que me permitiesen continuar con mis inofensivos rituales Jedi. Y nadie los acusaría, a ninguno de ellos, de yodafóbicos e intolerantes. ¿Por qué entonces no puedo yo hacer guasa con las plegarias de un “cutrillo” musulmán libanés, de un judío sionista circuncidado y dispuesto a morir (y sobre todo a matar) por Israel, de un católico apostólico romano que mortifica su carne con el cilicio, de un raelino medio tronado y armado hasta los dientes, o de un militante lobotomizado de la Iglesia de la Cienciología que prepara el advenimiento de la invasión de los ultracuerpos? Y es que, llegados a este punto, casi le tengo que dar la razón a un profesor cachondo que tuve en el colegio de primaria. Un profe medio anarquista que nos daba siempre la monserga con Malatesta, Durruti, Kropotkin y otros insignes prebostes del santoral anarquista. Dios no existe y Allah menos todavía. Esos nos decía. Probablemente el hombre se habrá retirado ya. Y si no lo ha hecho seguro que habrá tenido que adaptar su discurso al credo multicultural que se ha impuesto en las aulas españolas y en casi todos lados.
(sigue)

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