31 dic. 2011

Mundo monkey (II)

HA pasado tiempo, demasiado ya, desde que Argonautas escribiera su última carta. Y la verdad es que tengo mala conciencia por ello. Mala conciencia por las cartas que Argonautas nunca escribió. Y que no escribirá jamás. Por las cartas que quiso escribir y que por falta de tiempo, por falta de voluntad o por desidia, nunca serán escritas. En marzo mi alter-ego Argonautas cumplirá los tres añitos. Se dice pronto. Tres añitos dando la tabarra y tocando las narices a más de uno. Batiéndose en lucha desigual contra los molinos de viento. Argonautas nació como respuesta a un tarado. Un tipo de León que se vino a hacer el Erasmus a Kaunas. Un personaje que durante un tiempo se dedicó a contar sus andanzas y aventuras en esta tierra. Su “blog”, por llamarlo de alguna manera, puede consultarse en este enlace y en este otro enlace. Todavía me pregunto cómo el sistema educativo español no consigue filtrar a analfabetos funcionales como el “cazurro en Lituania” (título del blog del tarado en cuestión). Un estudiante de ingeniería que es incapaz de hacer la "o" con un canuto. Ni de escribir una frase medianamente compleja y sin faltas de ortografía. El payo, según cuenta, se dedicó a dilapidar el dinero público de la beca Erasmus (y el de sus progenitores) en los casinos y en alcohol. Y en pagarle las fantas a las niñas de por aquí. Las fotos de sus supuestas “conquistas” (incluidas en su blog) tienen su morbillo. Todo se ha de decir.  Hay un par de fotografías donde el tipejo aparece tumbado junto a una chica que parece dormida. El tipo se hizo la foto a hurtadillas para que la chica no se diera cuenta. Y muestra su careto de satisfacción por su “conquista”. Ella durmiendo junto a él y enseñando las bragas. Y él esbozando una sonrisa de medio lado como celebrando su triunfo en la vida. Porque finalmente, tras gastarse un pastón en fantas y en casinos, pudo finalmente meterla en caliente. La sonrisa satisfecha de todo un triunfador. Tras leer el texto (por llamarlo de alguna manera) y analizar los contenidos del “Cazurro en Lituania” uno llega a entender el porqué España tiene el nivel de desempleo juvenil más alto del mundo industrializado. El blog constituye un documento del tiempo que nos ha tocado vivir. Materia prima para un estudio sociológico del estudiante español medio. Y de la cultura del mínimo esfuerzo que se ha instalado en el sistema educativo español. Y en la sociedad española en su conjunto. Un país, España, aquejado de “titulitis aguda”. Y donde lo que cuenta es la acumulación de diplomillas. Y no la adquisición de competencias reales. Diplomillas que sirvan para sumar puntos en los concursos-oposición de las administraciones públicas. Y alcanzar el ansiado puesto “de por vida” al que todo español cabal y de buena familia aspira tener. Una sociedad, la española, que de alguna forma ya quedó magistralmente retratada en “El Quijote” y el “Lazarillo de Tormes”. Dos clásicos de la literatura castellana que contienen tipos humanos imperecederos. Relatos que son clásicos precisamente por reflejar en sus páginas el espíritu mismo de la sociedad española. Una sociedad donde casi todo el mundo aparenta ser hidalgo, medra y huelga como vulgar escudero y va trampeando y trapicheando por la vida. No me extraña que el “Cazurro en Lituania” escriba lo que escribe en su blog. Si algo le debo reconocer al tipo de León es que se trata de una persona honesta. Y que cuenta las cosas tal como son. De forma descarnada. Y no embellece la realidad ni utiliza la jerga oficial que sirve para justificar la existencia del programa Erasmus. Se vino a Lituania, y reproduzco aquí sus palabras, para beber, follar y sacarse unas cuantas asignaturas difíciles sin tener que estudiar. Así de clarito. Y el resto son florituras y discurso políticamente correcto que tratan de embellecer lo que realmente hay tras las grandilocuentes multi-culti, y super-guay “palabros” que justifican el programa Erasmus. Que en mi opinión debería ser redimensionado y redefinido si quiere ser algo más que esa especie de sustituto de la tuna estudiantil en el que se ha convertido. Una experiencia que sirve para viajar, beber y fornicar a costa del erario público. Financiado todo ello por el sufrido contribuyente europeo. Y que desincentiva, sin duda, la cultura del esfuerzo. El “ora et labora” que se encuentra en los fundamentos de la universidad como institución se ha transformado, gracias a esa excrecencia postrera de la gauche-divine sesentayochesca que se llama Programa Orgasmus, en el “drink and party” de los jueves por la noche. O en el “party or die” de los más radicales. El latín, claro está, ya no se utiliza como lengua vehicular entre las huestes erasmiles. Pues el imperio ahora tiene otra lengua. Y el latín hace tiempo que se eliminó del currículum de la secundaria. Y que conste que no tengo nada en contra de ningún Erasmus en particular. Ni que tampoco quiero que nadie en particular se dé por aludido con este escrito. Se trata simplemente de una reflexión que me sirve para reiniciar nuevamente las “Cartas desde el Este”. Que he tenido paradas durante unos meses. Un tiempo de silencio en el que no me he encontrado con ánimo para escribir nada. Ni de compartir mi vida con nadie fuera de mi círculo más íntimo. En cuanto al programa Erasmus quiero decir que cuenta con mis simpatías. Y que yo mismo fui un Erasmus hace un tiempo. Sin embargo, creo también que debe acometerse una urgente reforma que garantice su viabilidad y subsistencia en el largo plazo. La reforma debería pasar por restringir el acceso al programa a aquellos estudiantes que hubieran demostrado tener un buen rendimiento académico en su universidad de origen. Debería, en mi opinión, incluirse alguna prueba escrita de preselección. De tal manera que sólo estudiantes motivados y con buen rendimiento académico pudieran acceder al programa. Por otro lado se les debería dar prioridad a aquellos estudiantes procedentes de unidades familiares con menos recursos. Y excluir a quienes procediesen de familias acomodadas. Que por ser “acomodadas” pueden permitirse que los hijos estudien en una universidad extranjera sin necesidad de utilizar fondos públicos para ello. La experiencia Erasmus en ningún caso debería durar más de un semestre académico. Y sólo debería servir para convalidar créditos de libre elección. Y nunca para “sacarse” las asignaturas difíciles como según parece hizo nuestro buen amigo “cazurro” durante su estancia en Lituania. Las dotaciones de las becas deberían aumentarse a costa de una reducción en el número de beneficiarios. Menos becas pero más cuantiosas. Y sólo para buenos estudiantes con menos recursos. Se trataría, en suma, de introducir reformas que lo hicieran más racional y más adecuado a los objetivos que dice perseguir. Y con criterios de selección más rigurosos. Pare evitar que cientos de “cazurros” acaben fundiéndose el dinero público en casinos y chicas de alterne. Como según parece hizo el autor de “un cazurro en Lituania”. Un tipo al que casi le tengo afecto. Pues sin él creo que mi propio blog no tendría razón de ser. Y no hubiera nacido nunca. Un viejo y sabio profesor mío, cuando hice “mi Erasmus”, ha llovido ya lo suyo desde eso, nos dijo un día en clase, haciendo referencia al programa, que quien quisiera fiestas que se las pagase de su bolsillo. Sus palabras generaron cierto revuelo en el aula. Y algunos estudiantes Erasmus, entre los que me encontraba yo mismo, decidimos levantarnos de nuestros asientos y abandonar la lección. Algo así como una espontánea protesta en defensa de la honorabilidad del Erasmus. El tiempo y la experiencia acumulados me han hecho entender que la razón estaba de parte de aquel viejo profesor. Y no de los arrogantes y estúpidos jóvenes que abandonábamos aquella sala. La experiencia es un grado que dice el refrán. Y al quien le pique que se arrasque.

PS: Compruebo, con cierta satisfacción, que el autor de "Cazurro en Lituania" ha borrado todo los contenidos de su infame bitácora. Tres años después de haber iniciado mi particular batalla, el tipo de León parece que se lo ha repensado. Supongo que su blog habrá recibido un montón de visitas desde Lituania. Y, claro, al final creo que se habrá "acojonado" un poco. Y ha decidido retirarlo de circulación. Es una pena porque el "Cazurro en Lituania" era sin duda un documento digno de estudio. Como una snapshot impresionista que mostraba hasta qué punto al programa Erasmus necesita urgentemente ser revisado, redimensionado y repensado.

Historia de la fotografía: La fotografía que aparece en este post no guarda ninguna relación con el contenido del escrito. Se trata de una fotografía que subí el último día de 2011. Y la dejo aquí tal como la subí. Porque me recuerda, de alguna manera, el post que nunca llegué a escribir entonces. Un post en el que debía haber tratado un montón de cosas que por entonces me resultaban interesantes. Y de las que ya apenas me acuerdo. En la fotografía aparece el árbol de Navidad que instaló el Ayuntamiento de Kaunas en Rotušės Aišktė. La hermosa plaza del casco viejo de Kaunas. Ciudad en la que vivo desde hace ya casi cinco años. El árbol en cuestión fue realizado por un artista local con material reciclado. Básicamente con botellas de plástico vacías ligadas con gomas. Y con un montón de bombillas que lo iluminaban por la noche. La iniciativa del Ayuntamiento de Kaunas tuvo cierta proyección internacional. Y llegó a aparecer nada menos que en la mismísima BBC International News. Como ejemplo de lo que la imaginación y la voluntad política pueden llegar a hacer por la protección del medio ambiente. Y con muy poco presupuesto. La fotografía la tomé yo mismo unos días después de Navidad. Como puede apreciarse la nieve todavía no había hecho acto de presencia en Lituania. Estas navidades los lituanos se tomaron el augonų pienas sin el adorno de la nieve blanca sobre el tejado. Unas navidades que no fueron blancas y en las que apenas hizo frío. Luego, a mediados del mes de Enero empezó a nevar intensamente. Y las temperaturas cayeron por debajo de los 20 grados bajo cero. Pero la ola de frío duró poco. Nada comparado con lo que vivimos el año pasado. O con el cruel y largísimo invierno de 2009/2010. Cuando estuvimos casi cinco meses con un metro de nieve frente a la puerta. Y con temperaturas que oscilaban entre los menos veinte y los menos treinta grados bajo cero. Aquello sí fue frío. 

Estadísticas de las Cartas desde el Este

11 oct. 2011

De republicanos y huelepedos de Su Majestad

"Y qué decir de nuestra madre España,
este país de todos los demonios
en donde el mal gobierno, la pobreza
no son, sin más, pobreza y mal gobierno
sino un estado místico del hombre,
la absolución final de nuestra historia.
De todas las historias de la Historia
sin duda la más triste es la de España,
porque termina mal. Como si el hombre,
harto ya de luchar con sus demonios,
decidiese encargarles el gobierno
y la administración de su pobreza."
Jaime Gil de Biedma, del poemario "Moralidades" (1966)

HICE referencia en otra carta al circo que se armó por aquí con ocasión del Eurobasket 2011. Parece que Kaunas, tras la marea baloncestística, ha vuelto a recuperar su pulso normal. Y vuelve a ser lo que siempre ha sido. Una pequeña ciudad tranquila, aburrida, sin demasiado interés. Que vive como ensimismada. Una ciudad que se mueve con un ritmo lento y pausado. Que discurre como las aguas mansas de los ríos que la circundan. Ríos que indudablemente han configurado su fisonomía de ciudad fluvial. De ciudad que vive mirando al agua. El Nemunas recoge en Kaunas las aguas del río Neris. Que viene desde Vilnius. Y en Kaunas el Nemunas se ensancha y se hace enorme y baja lento y pesado hasta la muy marinera Klaipėda. Donde desemboca formando el estuario de Neringa. Klaipėda, la Memel germánica, es el único puerto que, aún en los inviernos más crudos, no se congela nunca en el mar Báltico. Un puerto estratégico ambicionado por todos y con una historia azarosa de conquistas y reconquistas por unos y otros. El río Nemunas fue, durante la Edad Media y Moderna, una importante vía comercial. Y Kaunas tenía una posición privilegiada en esa ruta. Que conectaba el interior de esta región con el mar. La ciudad formó parte de la próspera y poderosa Liga de la Hansa. En conmemoración de su pasado hanseático, la ciudad celebra todos los años, a finales del mes de agosto, los Hanzos Dienos. Se trata de una feria de estilo medieval que por unos días se instala en la ribera del río Nemunas, en el casco viejo de la ciudad. La gente que participa en esa feria se suele vestir con ropajes que quieren parecer medievales. A la feria suelen acudir comerciantes, granjeros y artesanos de la región. Que vienen a vender sus productos. O que muestran sus habilidades en la forja del hierro o en la talla de la madera. He visto varios torneos de caballeros medievales. Que se daban porrazos con la espada o la cachiporra sobre los escudos. Torneos de mentirijilla, claro está, donde no muere nunca nadie ni nadie resulta herido. En una ocasión, de eso hace unos años ya, pagué cinco litas por tirar flechas con un arco auténtico. De las cinco flechas que lancé sólo una se clavó en el tronco que hacía de diana. Y como premio me dieron una medallita de plástico que aún conservo en algún cajón donde guardo los trastos viejos.  En esta feria también se puede degustar todo tipo de delicias culinarias. No aptas para finolis.  Como el pie de cerdo con col y patatas. O una variedad muy amplia de salchichas y embutidos caseros. Los días de la Hansa son también una oportunidad única para probar cervezas artesanales que no se suelen encontrar en los establecimientos comerciales. Este año la ciudad ha tirado la casa por la ventana. Porque además de ser la sede principal del Eurobasket 2011 ha tenido el honor de organizar la fiesta de la asociación de ciudades de la Liga de la Hansa. Una asociación que agrupa actualmente a más de 170 ciudades del Norte de Europa. Ciudades que en el pasado habían estado vinculadas a esa mítica liga comercial. Se trata de una fiesta que se celebra desde 1980 y que es organizada cada vez por una ciudad distinta. La fiesta, que para esta ocasión se denominó "Hanza Kaunas 2011", contó con la presencia de la Presidenta Dalia Grybauskaitė. Y se celebró entre el 19 y 22 de Mayo. Información y fotografías de esos días de celebración pueden encontrarse en este enlace (Hanza Kaunas). Para una mayor información recomiendo visitar este link (Hanseatic Days of New Time). A mí me coincidía con los primeros exámenes del semestre y tenía un montón de trabajo acumulado. Por lo que sólo pude darme un garbeo por el Hanza Kaunas el último día de la clausura. Me pasé, al principio, por el acto oficial, donde participaban políticos y autoridades diversas. Y me estuve chupando el discurso del Alcalde de Lübeck, el Sr. Bern Saxe, quien preside la asociación de ciudades de la Liga de La Hansa. Pero no aguanté demasiado el rollo institucional y, cuando le tocaba el turno a la Sra. Grybauskaitė, decidí irme a comer pie de cerdo con col y patatas a alguno de los chiringuitos que habían montado cerca del río. Y a tomarme una cerveza bien fresquita pues aquel día de la clausura del Hanza Kaunas hacía un sol de justicia. Y me apetecía mojar el gaznate y llenar el buche con algo más sólido que el discurso de los políticos. La próxima celebración de los Días de la Hansa se realizará el año que viene en la ciudad de Lüneburg, en la Baja Sajonia alemana. No creo que pueda asistir. Aunque en esta vida nunca se sabe del todo adónde va uno a ir a parar con sus huesos. Y debo reconocer que a mí el rollo ese del pie de cerdo con col y la cerveza artesanal en el fondo me mola un montón. Y en Alemania las salchichas además son fabulosas.

También comí pie de cerdo con col y patatas el día de la clausura del Eurobasket 2011. Yo no soy que digamos un fanático del deporte. Y menos aún del baloncesto. Pero el domingo 18 de septiembre jugaban la final del Eurobasket los miembros de la ÑBA, dirigidos por el super-engominado Sergio Scariolo, el entrenador italiano de la selección española, contra un combinado afroamericano de nacionalidad francesa. Y aunque ya digo que todo el circo montado me importaba un soberano pimiento frito, decidí por unas horas transformarme en un forofo "de la reostia" de la selección española. Que parecía cantado que iba a ganar el partido y el campeonato. El oráculo oficioso del campeonato, el cangrejo Lazdeika, había predicho, sin embargo, una derrota de España. Y eso le daba un poco de emoción al asunto. Todo era una excusa, claro está, para chuparme unas cuantas birras y celebrar la fiesta con unos amigos. Con ellos acabé toda la tarde en un café bastante pijo del centro de la ciudad. Donde coincidimos con un montón de españoles que también estaban allá dándole al chupe de lo lindo. Debo reconocer que a veces soy un "toca collons" de la releche. Y que siempre que me dan la oportunidad saco a relucir los trapos sucios de ese país medio quebrado que se llama Reino de España. Esa tarde decidí descolgar mi bandera republicana que tengo clavada con chinchetas en una de las paredes de mi apartamento soviético. Y llevarme la tricolor al centro de Kaunas. Un poco con la intención de provocar a potenciales patriotas idiotas y demás huelepedos de Su Majestad. Y como vindicación de la otra España. La España auténtica. La república obrera de las letras. La que perdió la guerra contra el General Francisco Franco. La que perdió la guerra contra la alianza nazi-fascista apoyada por los hideputas británicos. Alianza que llevó al poder al Caudillo por la Gracia de Dios. Y para desgracia del pueblo. El mentor, protector y educador del actual Jefe de Estado. Había oído en el noticiario de la noche anterior que venía a Kaunas nada menos que el hijo del Borbón, el Príncipe de Asturias. Venía a ver el partido y a participar en la ceremonia de clausura. Joder, el Príncipe Felipe en Kaunas. ¡Qué horror! Yo que creía que había escapado de la nefasta influencia del Reino de España. Y resulta que no. Que el Reino de España casi acabó metiéndose en mi propia casa. Se me ocurrió que tal vez al Príncipe le apetecería pasear por el centro de la ciudad. Y darse un baño de masas. Por eso decidí apostarme en plena Laisvės Alėja. En uno de los cafés más populares del momento. Y colgué la tricolor en uno de los parterres de su terraza. Con la peregrina idea de que el hijo del monarca tal vez pasaría por allá. Al final resultó que el Príncipe no se pasó por ahí. Lo que era, por otro lado, bastante previsible. Pero debo decir que muchos ciudadanos españoles se nos acercaron a nuestra mesa. Para hacerse la foto con "la bandera auténtica de España". Algunos de ellos me dijeron que mi idea de exhibir la bandera tricolor era muy buena. Porque España no es patrimonio de los huelepedos de Su Majestad. Y porque la selección representa a todos. También a los republicanos. "Cómo molaría"-me dijo un tipo de Cáceres que iba bastante tomadito- "que los estadios se llenasen de banderas republicanas cuando jugase la selección fuera de casa". Y la verdad, que pensándolo bien, razón al tipo aquél no le faltaba. Los lituanos que se pasaban por allá no entendían muy bien por qué todos esos españoles allá concentrados se hacían una foto con una bandera tan extraña. Difícil de ubicar. Y que, sin embargo, recuerda a muchas otras banderas europeas. Una chica lituana se nos acercó para hacerse una foto con nosotros. Y nos preguntó por qué llevábamos una bandera rumana si todos los allá agrupados éramos españoles. ¡Oé, oé, oé, oé, oé, oéeeee! Esa fue nuestra manera de decirle "cállate nena, que calladita estás más guapa".

La fiesta aquella noche fue sonada. Yo y mis amigos no teníamos entradas para el partido de la final. Aunque resultaba bastante sencillo conseguirlas en la reventa. De hecho, muchos de mis contactos aquí en Lituania me dijeron que estaban buscando posibles compradores de sus entradas. Y ofrecían un precio rebajado a potenciales compradores. Lituania quedó apeada en los cuartos de final. Pero muchos lituanos habían comprado entradas con antelación. Porque todos creían que el equipo lituano llegaría a la final o, al menos, a jugar por el bronce. Luego resultó que el equipo de Lituania no era tan campeón como todos creían. Y Šarūnas Jasikevičius y sus coleguillas mordieron el polvo ante la modesta Macedonia. La decepción fue mayúscula entre la prole del Gran Duque Vytautas el Grande. Y algunos amigos y conocidos me pidieron que les hiciera el favor de anunciar la reventa de sus tickets en mi facebook personal. Cosa que hice aunque no sirvió de gran cosa. Y se las tuvieron que comer con patatas. Porque resultaba difícil encontrar compradores ya. El partido de la final se jugó dentro del recién construido Žalgirio Arena. Pero fuera del estadio se celebraba la fiesta de verdad. Con las dos hinchadas allá reunidas. Con más presencia española que gabacha, todo se ha de decir. En un parque muy cercano al estadio habían instalado carpas, chiringuitos, mesas, y un gran escenario donde distintos grupos de animadoras se dedicaban a bailar, cantar y a calentar el ambiente. También instalaron una pantalla enorme desde donde se podía seguir el partido que se desarrollaba en el interior del estadio. Pues bien, allá me la pasé liándola como el que más. Ondeando al viento mi bandera tricolor. Y debo decir que no tuve demasiados problemas. Porque en el fondo a nadie le importaba un rábano la banderita. Y los que la reconocían, en general, eran también republicanos o simpatizantes de la República. Y venían a hacerse la foto conmigo y mis amigos. Me encontré, claro,  también algunos huelepedos de Su Majestad. Uno de ellos me espetó algo así como "esa bandera la vamos a quemar". Pero, la verdad, que me lo tomé a guasa. Y la sangre no llegó al río. Y seguí a lo mío. Con mi bandera en ristre e hincándole el diente a un grasiento pie de cerdo con col y patatas. El tipejo en cuestión se parecía más a un estudiante farfollas de los que vienen a Kaunas a comprarse el título de Licenciado en Medicina sin tener que estudiar demasiado que a un skin-head tardo-fascistilla de nuestra brava hinchada nazional. Los tiempos cambian que es una barbaridad. Y resulta que ahora muchos de los huelepedos de Su Majestad llevan barba a lo Carlos Navarro, flequillo untado con gomina y pinta de enrollado y tal. Algunos hasta fuman algún porrete y todo. Y se van cagando de risa todo el santo día. Como si estuvieran colgados. O algo así. Eso sí, de política dicen no entender. Y se sienten unos patriotas del copón bendito. Y muchos de ellos, claro, acabarán votando al tipo ese de la barba que ganará las elecciones generales en España el próximo 20-N. Día de la muerte del Generalísimo. De ésos ya me he encontrado demasiados por aquí. Tantos que entran ganas de hacerse el atillo con los cuatro bártulos que tiene uno y pirarse para siempre de Lituania. Y abandonar definitivamente la vieja Europa. Poniendo de por medio unas cuantas miles de millas más entre mí y los huelepedos de Su Majestad. Pues no soporto la repugnante pestilencia mesetaria. El hedor de esa pegajosa colmena de avispones y  zánganos  ruidosos, opositores a notarías y cacasenos gesticuladores.  De ese país de todos los demonios. Que mañana 12 de Octubre no sé qué leches celebra.

Historia de la fotografía: La fotografía que subo al post la tomé yo mismo la noche en que se jugaba la final entre España y Francia en el Žalgirio Arena de Kaunas. La bandera se la lanzó un amigo mío, de nacionalidad argentina, a las rotundas niñas que aparecen en la imagen. Se trataba de un trío de animadoras que hacían una especie de karaoke y que animaban la fiesta con sus meneos y contorneos. La "pupytė" morena de la imagen agarró la bandera y se la puso entorno a su cuerpo serrano. Por unos momentos llegó a parecerse a la alegórica Marianne republicana francesa del famoso cuadro de Delacroix. Guiando al pueblo hacia la luz de la libertad. Aunque ésta que aparece en la fotografía no llevaba gorro frigio ni enseñaba las tetas. Pero luego la "pupytė" se quedó mirando extrañada la bandera. Y creo que se dio cuenta de que algo raro había en la combinación de colores. A final se la sacó de encima y nos la devolvió. Algunos españoles mamados que estaban bajo el escenario le gritaban "¡tía buena!". Y la verdad es que la niña en cuestión tenía un tiento.

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1 oct. 2011

El veranillo de las bobas


Gracias mama por el paquete con las pastillas de sulfato ferroso!!!
HOY es sábado primero de octubre y disfrutamos en Kaunas de un tiempo excepcional. Esta mañana a las siete y media en punto tomé uno de los mikriukas que me llevan al centro de la ciudad. Y he tenido que ir a currar. Porque algún lumbreras de la universidad donde trabajo ha pretendido ser innovador. Y en este semestre que acaba de iniciarse el Rectorado ha introducido cinco sábados lectivos. Una medida que no ha sido bien acogida, claro está, ni por los estudiantes ni por el personal docente. Ni por el personal no docente. Ni por nadie. Por fortuna la mañana se levantó clara y hemos disfrutado todo el día de sol, calor y buen tiempo. Y media mañana me la pasé dándole palique a un profesor italiano. Que como yo mismo se encontró con la primera clase de las ocho totalmente vacía. Los lituanos son así. Protestan de esta forma callada. Protestan en silencio.  Marchándose del país o no acudiendo a clase.

Llevamos varios días disfrutando de un tiempo apacible y de una temperatura ideal. Lo que por aquí, en Lituania,  llaman "bobu vasara". O "verano de las mujeres". Que los británicos conocen como "Indian summer" y que en mi tierra llamamos "veranillo de San Miguel". Porque suele suceder que entorno al día  San Miguel el verano parece como que quisiera volver de nuevo. Como si se negase a decirnos adiós. Se trata de un verano que dura tan sólo unos días. Y que la gente aprovecha para darse los últimos chapuzones en el río o en la playa. Y las "bobas" lo utilizan para pasearse por la calle con los últimos modelitos que pudieron comprar en las rebajas de verano. El término "boba" es difícil de traducir al español. Significa "mujer" pero es un término con connotaciones peyorativas. Tal vez lo podríamos traducir como "tonta". O algo así. En Lituania, una "boba" es una mujer que sobreactúa. Como si estuviera en permanente estado de ovulación. Exagerando en extremo su condición de mujer. Que viste con falda ceñida, tacones altos, tanga y escote generoso. Y con un kilo de maquillaje sobre el rostro. Una mujer que va taconeando por la calle, pidiendo guerra. Cimbreándose como si fuera la reina del mambo. Y que le gusta exhibirse durante el verano. De ahí que al veranillo de San Miguel lo denominen por aquí de esa forma. Porque las "bobas" se visten como si fuera verano. Cuando, en realidad, estamos en el inicio del otoño. En el inicio de un terrible período de cinco meses donde a lo máximo que aspiramos es a seguir vivos cuando llegue la primavera. Cinco meses sin luz, con agua, nieve, hielo y un frío que pela. Hace dos años viví el invierno más duro que he pasado en mi vida. Cuando las temperaturas cayeron por debajo de los 20 grados bajo cero durante alrededor de cuatro meses. La nieve empezó a caer a finales de octubre y, si mal no recuerdo,  no nos abandonó hasta bien entrado el mes de abril. Sólo le pido al Altísimo que este período que empezará en breve tras el veranillo de las "bobas" nos resulte a todos menos dramático que hace dos años. Y que podamos salir de vez en cuando a la calle sin miedo a congelarnos.

Hoy, al volver del curro, he tenido una inmensa alegría. Y es de hecho el motivo principal  por el que me he decidido a escribir esta pequeña carta que subo ahora a mi blog. Cuando he abierto el buzón del correo, y después de retirar más de medio kilo de folletos comerciales acumulados y de unas cuantas facturas por pagar, he descubierto un paquetito expedido desde Segur de Calafell. Y una carta también remitida desde allá.  Ambos, la carta y el paquete, me las ha enviado mi madre. La carta contenía una postalita con una foto de Segur de Calafell. Una bonita población turística de la costa catalana. Y donde mi madre, a menudo, se desplaza para ver a mi hermana. Que vive allá.  La mujer me ha enviado un par de paquetes de  "Fero-Gradumet", un compuesto de sulfato ferroso que sirve para tratar la anemia. Porque el menda lerenda padece de anemia. Y con el invierno, con la falta de sol, la anemia se me acentúa. Y no me la consigo quitar de encima ni engullendo dosis extras de hígado de cordero o de vaca encebollado. Aquí, en Lituania, pude encontrar, al principio, unas pastillas similares. Por un precio razonable. Pero la compañía que las fabricaba dejó de comercializarlas. Y después de recorrer casi todas las farmacias y parafarmacias que conozco me he dado por vencido. Ya que sólo he encontrado productos muy caros. Ampollas de sulfato de hierro que cuestan un ojo de la cara. Por eso decidí pedirle a mi madre que me comprase mis viejos comprimidos. No sé. Supongo que habrá algo de ilegal en este tráfico de pastillas. Aunque lo que resulta no ya ilegal sino un atraco a mano armada es el precio de las medicinas aquí. Las medicinas en Lituania son carísimas. Sobre todo si tenemos en cuenta el bajo poder adquisitivo del lituano medio. Y en las farmacias sólo se venden aquellos productos caros que le resultan rentables al farmacéutico. El estado de la sanidad pública en Lituania merecería un post a parte. De momento diré que la medicina en este país es de muy bajo nivel. Y que está al servicio del poderoso caballero Don Dinero. Todo se paga con dinero contante y sonante. Por pagarse, aquí se pagan hasta las radiografías y las vendas que te ponen. Corren todo tipo de rumores sobre la corrupción galopante que impera en la sanidad pública. He oído todo tipo de historias. Y parece que si quieres salir vivo de un quirófano debes "untar" previamente hasta a la señora que friega la consulta del galeno. Debo decir que yo mismo he tenido la ocasión de visitar un hospital público. Eso me ocurrió nada más llegar a Kaunas, hace cuatro años. Una amiga, de nacionalidad alemana, tuvo un accidente en casa. Y se quemó severamente un brazo. Me dijo que se le cayó encima una olla de agua hirviendo donde cocía unas patatas. No sé cómo diantres acabé comiéndome el marrón yo.  Supongo que la alemana me caía bien. O tal vez me gustaron sus largas piernas y su trasero se tanguista profesional. No sé. Lo cierto es que aquella tarde acabé presentándome con mi amiga alemana en el hospital público más cercano. Y todavía me acuerdo de casi todo el show. De lo difícil que nos resultó encontrar al doctor encargado de atender esos casos. De la interminable espera. Del ir y venir de una ventanilla a otra. Con la chica rabiando de dolor. Y yo totalmente perdido pues ya digo que llevaba muy pocos días en Kaunas. Y ni hablaba lituano y ni tenía ni idea ni de en qué parte de la ciudad nos encontrábamos. Al final acabamos en un antro donde se atendían las urgencias. Y adonde habían acudido también un montón de heridos y de enfermos de la zona. Aquello parecía más una cárcel que un establecimiento hospitalario. Con sillas y mesas de formica que no se habían renovado desde los tiempos de la Unión Soviética.  Y  con paredes sucias y desconchadas que pedían a gritos una buena mano de pintura.

Creo que cierro aquí esta breve carta. Porque ya digo que el análisis de la sanidad pública en Lituania merecería un post entero. Con datos relevantes, alguna gráfica y notas a pie de página. Para que no se me acuse de demagogo o de estar mal informado. Ya he dicho que el motivo de esta carta es agradecerle a mi madre que me haya enviado las pastillas de sulfato de hierro. Que me haya enviado, como reza en la caja del producto, los "comprimidos de liberación prolongada" que tanta falta me hacían. Podría hacer ahora un juego de palabras facilón y tonto y comparar el Fero-Gradumet con los aviones bombarderos de la OTAN. Que se dedican también a la liberación prolongada de los oprimidos del mundo. Lanzando toneladas de hierro sobre sus cabezas.  Pero no tengo demasiado tiempo ahora. Porque quiero aprovechar los últimos rayos de sol que se cuelan por mi ventana. Y  pienso que voy a salir a la calle a dar un paseíto. Para disfrutar de los últimos coletazos del verano de las bobas. Gracias mama por las cajas de pastillas. Y por todo lo que me has dado durante todo este tiempo que nos conocemos. Te envío un beso. 

Historia de la fotografía: La fotografía la tomé yo mismo hace unos minutos. Y no tiene demasiada historia. Se trata de las dos cajas de Fero-Gradumet que me envió mi madre. Y del sobre que contenía la postalita con una fotografía de Segur de Calafell. Y con una nota de mi madre que me decía que me cuidase y que fuera al médico. Lo que no sabe la pobre mujer es que aquí lo mejor es no visitar a  ningún matasanos. Y que si un día tengo algo serio, una enfermedad o accidente que necesite de cirujía o de tratamiento médico,  cojo disparado un vuelo barato para Barcelona. Lituania es quizás un buen país para gente joven, sana y con dinero en el bolsillo. Pero si se carece de alguno de esos factores, lo mejor que se puede hacer es empaquetar y buscar otras latitudes. Con un Estado del Bienestar desarrollado. Y con una sanidad pública gratuita y de calidad. Financiada con los impuestos de todos. Porque la salud debería ser un derecho de ciudadanía garantizado por la sociedad. Y no un derecho al que sólo acceden los que pueden pagarlo. En Lituania el Estado casi no invierte en sanidad pública. Los profesionales de la salud están muy mal pagados aquí. Eso explicaría la desmotivación y la alta corrupción que existe en el sector. Y los hospitales y clínicas del sistema público de salud se encuentran en una situación lamentable. Con instalaciones, mobiliario y equipamientos de la época del primer Sputnik.  Digo todo esto, claro está, desde mis  particulares gafas de ciudadano catalán. Acostumbrado a la gratuidad, la universalidad y a altos estándares de calidad en el sistema público de salud. Si fuera un ciudadano de Albania o un desempleado norteamericano sin seguro médico probablemente la sanidad lituana me parecería la releche de buena. Como dice el refrán "todo depende del cristal con que se mira". Joder! Otra vez ando yo liado con el maldito refranero español.

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26 sept. 2011

Poco pan y mucho circo


Una foto del circo que montaron por aquí con ocasión del Eurobasket 2011
EL verano está boqueando. Se le va la vida como al pez que vi ayer en una de las playitas de la ribera del río Nemunas. Una pequeña perca de río. Que se moría sobre la arena. Enredada entre unas algas podridas. Los días se van acortando y  por todos lados se presiente ya el otoño. Que aquí, en el Báltico, suele venir acompañado de abundantes lluvias y de un frío que pela. Las hojas de los castaños y de los álamos hace ya unas semanas que empezaron a amarillear. Y se caen al suelo. He visto bandadas de gansos volando sobre el río Nemunas. En perfecta formación triangular hacia algún lugar remoto en el Sur.  Quizás hacia España. Los colores ocres se harán pronto dueños de los frondosos bosques de este hermoso país en el que vivo desde hace ya más de cuatro años. Con el otoño llega la rutina. Si es que hay algo rutinario en esta vida de expatriado medio nómada que llevo. El curso escolar empezó hace una semana. Y todavía no se me ha hecho el cuerpo a los madrugones. Porque todos los días debo levantarme entorno a las seis y media de la mañana. Pegarme una ducha. Prepararme el café mientras le echo un vistazo a las últimas mentiras que emiten por la BBC o TV5 Monde. Y salir pitando para tomar alguno de los microbuses que me llevan al centro de Kaunas. Los microbuses, o "mikriukas" como los llaman por aquí, abundan en la mayoría de ciudades del Este de Europa. Al menos en la mayoría de las que conozco. Los mikriukas suelen ser furgonetas de color amarillo o blanco que circulan dentro de las poblaciones importantes. Y que siguen una ruta predeterminada. Resulta fácil distinguirlos porque suelen tener una banda de cuadros negros y blancos como la que lucen los taxis. Y un número en la parte frontal del vehículo indicativo de la ruta que siguen. Los mikriukas no tienen paradas fijas como los trolebuses o autobuses. Para acceder a ellos hay que levantar el brazo. Como se hace con los taxis. Entonces, si tienes suerte, el mikriukas se detiene. Te subes a él y pagas inmediatamente al conductor. No sé cómo seleccionarán a los conductores de los mikriukas. Supongo que escogerán a los tipos más temerarios que se postulen al puesto. Porque todos ellos tienen la asombrosa capacidad de contar el dinero que les das, imprimir y darte el billete y devolverte correctamente el cambio, mientras adelantan a los vehículos que les preceden y maniobran peligrosamente para evitar a la señora que cruza el paso de zebra con las bolsas de la compra. Con la radio a todo volumen o hablando por el walkie-talkie con alguien de la compañía. Los mikriukas en cuestión suelen ser vehículos bastante "trotados". Con los asientos mugrosos y chirriantes. Y con los vidrios opacos por el polvo, el barro y la mierda acumulados. Todavía me extraña que, en todo este tiempo que llevo utilizándolos, no haya presenciado ningún accidente. Cruzo los dedos por si acaso. A pesar de sus inconvenientes, los mikriukas son la forma más rápida de moverse por esta ciudad. Y aquí en Kaunas sólo cuestan dos litas y cincuenta céntimos. Cincuenta céntimos más que el billete ordinario de autobús. Y sin el problema de buscar sitio para aparcar. Cuando quiero bajarme, al llegar al centro de la ciudad, suelo espetarle al conductor "prie stotelės!". Y el conductor frena el vehículo cerca de la primera parada de autobús que encuentra en su camino. Entonces tengo que abrir la puerta de la furgoneta y cerrarla de un portazo. Y saltar a la calle. Siempre estoy atento a que nadie más quiera apearse en la misma parada en la que me bajo yo. Porque entonces no debo cerrar la puerta para no darle con ella en las narices a alguien. Cuando llega el invierno, con veinte grados bajo cero y medio metro de nieve sucia en las aceras, subirse y bajarse de los mikriukas es toda una odisea. Todavía no sé cómo no me he partido una pierna.

Este verano ha pasado en un santiamén. Casi sin darme cuenta. Y lo he dedicado básicamente a estudiar lituano. Una lengua que según los expertos es una de las más difíciles de Europa. Una lengua indoeuropea arcaica, muy similar al sánscrito, con cinco familias de sustantivos y siete casos. Uno más que el latín. Y con un rico y complejo sistema de prefijos que al añadirse a los verbos le cambian su significado. O le añaden matices que no existen en lenguas más "evolucionadas" como el inglés o el castellano. No creo que nunca llegue a dominar completamente la lengua lituana. Al menos en esta vida. En algún lugar leí que la lengua estructura el pensamiento de las personas. Y que en gran parte nuestra forma de ser y de pensar viene determinada por la lengua que hablamos. Dicen que quienes hablan lenguas declinativas tienen más facilidad para aprender lenguas que no lo son. Y que eso explicaría por qué jugadores de fútbol o de baloncesto que proceden del Este de Europa cuando llegan a España acaban dominando el español en pocos meses. Karpin frente a Beckham. Por poner dos notorios ejemplos. Supongo que este pensamiento me sirve a modo de excusa. Para justificar mi absoluta ineptitud para aprender lituano. Una lengua que desde el primer día ha sido como una barrera. Una barrera idiomática que, sin embargo, no me ha impedido desarrollarme en este país. Pues en este país es posible vivir, estudiar y trabajar sin hablar la lengua nacional. Ya que la mayoría de gente, sobre todo los más jóvenes, hablan con soltura el inglés. Este verano, sin embargo, decidí coger el toro por los cuernos y ponerle voluntad al asunto. Y he hecho un curso superintensivo de lituano de cuatro semanas. A razón de seis horas por día. Cinco días por semana. El curso incluía también actividades culturales y recreativas. Y media docena de viajes y excursiones de fin de semana a poblaciones y lugares pintorescos de Lituania. Y bueno, la verdad que me lo he pasado bien. Conviviendo en una pequeña comunidad de alrededor de cincuenta extranjeros que, por distintas razones, también aprendían lituano. La mitad del grupo eran estudiantes Erasmus. Con más interés en la fiesta que en el aprendizaje de la lengua nacional de este país. Al fin de cuentas el Erasmus es un animal de costumbres nocturnas y migratorias. Y que está aquí de paso. Y el lituano es una lengua que luce poco en el currículum de nadie. ¿Para qué perder el poco tiempo que se va a estar aquí estudiando una lengua tan difícil y que solamente se habla en este pequeño e insignificante país? Mejor dedicarse al botellón y a (intentar) meterla en caliente.  El resto de sufridos estudiantes de lituano estaba formado por un grupo variopinto de ciudadanos de diversas nacionalidades. La mayoría, claro está, eran varones casados o "liados" con ciudadanas nativas de aquí. Aunque también había una china de Cantón que se había casado recientemente con un ciudadano de Kaunas. Una historia interesante la suya. Dice el refrán que tiran más dos tetas que dos carretas. Hay tipos que por una mujer son capaces hasta de aprender lituano, estonio, malayo o lo que haya que aprender. Y hasta de apuñalar a un amigo si hace falta. Que conste que ese no es mi caso. Si estoy aprendiendo lituano es simple y llanamente porque llevo viviendo cuatro años en este país. Y porque quiero relacionarme y entenderme mejor con  su gente. Y también para mejorar mi empleabilidad. Pues hablar mediocremente lituano me abriría sin duda nuevas puertas que por ahora se mantienen cerradas. Yo el romanticismo lo dejé atrás hace unos años. Y por una mujer, desde luego, yo no aprendo ninguna lengua. A lo sumo le pago un calimocho o una cerveza de las baratas en un club. Y sólo si la fémina en cuestión lo merece. Porque, qué ocurre si en la mitad del proceso de aprendizaje de la lengua nativa de tu maravillosa chica resulta que ella se cansa de uno. O uno se cansa de ella y se enamora de otra. ¿Para qué te sirvió mal aprender un poco de lituano? ¿Y qué vas a hacer ahora? ¿Aprender búlgaro porque tu nueva novia es de Sofía? Soy consciente de que no debería valorar las lenguas en función de su "utilidad". Pero desafortunadamente vivimos en el mundo en que vivimos. Y yo estoy muy lejos de ser un políglota o de tener un interés especial por aprender lenguas. Las lenguas que hablo las aprendí por necesidad. Porque no tenía más remedio. Porque me resultaba útil aprenderlas. Supongo que algo parecido me está ocurriendo con el lituano. Para mí las lenguas son un instrumento de comunicación. Códigos que ha creado el ser humano para comunicarse. Ninguna lengua me parece mejor que otra. O más interesante que otra. O más hermosa que otra. Este tipo de adjetivos sirven quizás para referirse a objetos físicos, paisajes, sonidos, sentimientos o emociones. Pero una lengua es un instrumento. Como una llave inglesa o unas tenazas. Y unas tenazas no son "bellas" o "melódicas" o "hermosas". Aunque son útiles para sacar clavos. También algunas lenguas resultan más útiles que otras en la medida que nos permiten comunicarnos con un mayor número de personas. O en la medida que nos permiten comunicarnos con las personas que viven en nuestro entorno más inmediato. Ya digo que no soy lingüista. Ni tengo un interés especial por aprender lenguas. Entre otras cosas porque no tengo tiempo para ello. O porque tengo otros intereses. Con las cinco lenguas que medio domino y el lituano que estoy aprendiendo creo que habré cumplido. No está mal para un tipo que no tiene un interés especial en aprender lenguas. A mí, para ser francos, lo que me hubiera gustado siempre es aprender ruso. Desde niño siempre tuve simpatía por esa lengua. Probablemente porque el primer libro que leí, cuando era niño, fue una recopilación de cuentos del gran León Tolstoi. Un libro que me regalaron en la escuela como premio en un concurso de poemas escolares. O por algo que hice bien. No sé, un libro que recibí como premio por algo de lo que ya no me acuerdo.

El verano, como he dicho, lo he pasado hincando los codos y dándole caña al lituano. El curso se acabó con una fiesta y comilona en el "Žalias ratas" (la "rueda verde"). Uno de los restaurantes "imprescindibles" de Kaunas. Ubicado en un misterioso callejón con una estrecha salida a Laisves Aleja (el "Paseo Libertad"). Una vía peatonal que vendría a ser algo así como "Las Ramblas" de Kaunas. Un paseo de un kilómetro y medio de largo. Y que cualquier turista que visite la ciudad acabará recorriendo de arriba abajo más de una vez. En el "Žalias ratas" se celebró también la "ceremonia de graduación" y a todos los estudiantes de lituano nos dieron un diploma muy chulo. Un diploma oficial firmado por el Rector de la universidad. Y con créditos ECTS y "tota la pesca". Este diploma de "nivel intermedio" de lengua lituana me serviría para baremar en algún concurso-oposición en el Reino de España. Y ya digo que estoy muy lejos de hablar lituano. Lo que son las cosas. Podría acreditar mi nivel "intermedio" de lituano con este diploma que me entregaron hace unos días. Aunque en realidad estoy bastante lejos de tener ese "nivel intermedio" que puedo acreditar con mi bonito diploma. Y sin embargo no podría acreditar mi alto nivel de inglés simplemente porque no he pagado por ningún documento que lo acredite. Y eso que el inglés lo domino, sin duda, mejor que muchos tipos que tienen el TOEFL, o que se han sacado algunos de los certificadillos que expiden las EOI en España. Cosas de la meritocracia que impera en Is Pain. Ese triste país medio quebrado del que procedo. Un país que es como un enfermo en fase terminal. Cosido a puntos. Los puntos de las baremaciones. 

El pastel estuvo muy bueno.
La fiesta de entrega de los diplomas terminó, como era de esperar, cuando se acabaron las viandas y los tragos. Las más de cincuenta personas congregadas aquella tarde en el "Žalias ratas" devoramos todo lo que se nos puso por delante. Yo que no soy precisamente un fan de la contundente comida lituana le hinqué al diente de lo lindo. Y acabé con la panza llena y bastante “tomadito”. Eso ocurrió el pasado 28 de agosto y esa misma tarde se celebraba en el recién estrenado Žalgirio Arena, el estadio más grande y moderno de todas las repúblicas bálticas, la ceremonia de apertura del Eurobasket 2011. Y jugaban nada menos que España contra Lituana. Se trataba de un partido de exhibición que no formaba parte del campeonato. Me surgió la oportunidad de ir al partido por el morro ya que una de mis jefas me había hecho una llamada horas antes y me había dicho que tenía una entrada gratis para mí. La verdad es que a mi el baloncesto me importa un rábano. De hecho el único deporte que en realidad me estimula es el levantamiento de jarra (de cerveza). Y también un poquito el fútbol. Pero sólo cuando juega el Barça, claro. Esa tarde tuve la oportunidad de ver a Gasol, Navarro, Calderón y a todas las superbienpagadas estrellas de la ÑBA jugar aquí en Kaunas. Pero ya digo que estaba en medio de una comilona que no veas. Y bueno, tengo alma de gañán yo. Y si me ponen a elegir entre el pan y el circo. Escojo el pan y el vino. El buen yantar y el baile "agarrao" con señora de nalgas prietas. Y el circo y su negocio que se lo queden los deportistas. Y todos los borregos que aplauden al Emperador. La entrada al match se la cedí a mi profesora de lituano. Que estaba también presente en la comilona. Y a la mujer casi se le saltan las lágrimas de alegría. Pues era imposible, desde al menos hacía un mes, conseguir entradas para tan magno evento. Y ella, según parece, adora el krepšinis, que es como llaman al baloncesto por aquí.

Sobre el Eurobasket 2011 no me apetece ahora hablar demasiado. Sólo diré que hay un cangrejo arcoiris, llamado Lazdeika, que no augura nada bueno para la selección de baloncesto lituana. Parece ser que el cangrejo en cuestión posee poderes paranormales y tiene capacidad para predecir lo que va ocurrir en el futuro. Algo así como la versión lituana del pulpo Paul en el mundial de fútbol de Sudáfrica.  En otro post que espero subir en breve daré cuenta de lo que por aquí haya ocurrido. No sé, ya veremos que dijo un ciego. Lo que está claro es que Lituania no es la potencia baloncestística que fuera antaño. Cuando el país formaba parte de la Unión Soviética. Y el Estado invertía enormes sumas en promocionar el deporte, el arte y la cultura. Y cuando el mítico Alexander Gomelsky dirigía lo  mejor del baloncesto soviético. Aquellos tiempos de gloria pasaron.  Y eso hasta el cangrejo Lazdeika lo sabe.  De momento sólo diré que el Eurobasket 2011 sólo ha servido para que algunos se llenen los bolsillos. Especialmente aquellos que han mojado en el huevo de la regeneración del Nemunos sala, una isla natural formada con material de aluvión, en el centro del río Nemunas. Y adyacente al supermegamall AKROPOLIS. Ahí, sobre esa isla fluvial, se ha construido el  Žalgirio arena. Y seguro que alguien habrá sacado tajada en el asunto. Por lo demás, los negocios oportunistas han aparecido como las setas de otoño. En menos de seis meses al menos he contado una docena de nuevos cafés, bares y garitos diversos en el centro histórico de la ciudad. Con precios muy semejantes a los que se pueden encontrar en Barcelona. Muchos restaurantes y cafés del centro de la ciudad han cambiado las cartas de precios. Y han mandado imprimir cartas nuevas con precios, claro está, más elevados. Todos preparados aquí para hincarle el colmillo al turista deportivo. La gallina de los huevos de oro que todos quieren estrujar. Ya veremos hasta qué punto ese dinero que le cae como llovido del cielo a Kaunas servirá para fortalecer, en el medio plazo, la anémica economía local. Desde mi punto de vista, muchos de esos nuevos garitos y comercios que acaban de abrir hace apenas unos meses encontrarán enormes dificultades para subsistir si no hay una recuperación económica que beneficie al ciudadano de a pie. Y no sólo a los que ya eran ricos. Porque el ciudadano de a pie no puede permitirse pagar todos los días nueve litas por una cerveza. Casi tres euros. Cuando el salario mínimo establecido por el Gobierno de Kubilius no llega a las setecientas litas. Y cuando alrededor del 20% de la población carece de empleo. Por cierto, uno de los negocios florecientes en este mes del Eurobasket es el negocio de la prostitución. Leí en un diario de tirada nacional que las autoridades calculaban que el Eurobasket "daría empleo" a más de tres mil meretrices. Muchas de ellas venidas de la vecina Ucrania. No sé de dónde habrán sacado esa información las autoridades gubernamentales. Y tengo yo mis dudas sobre el origen de las prostitutas. Porque no creo que las ucranianas puedan competir en nada con las nacionales de por aquí. El gobierno nacionalista lituano siempre echando balones fuera. Y culpando a los vecinos de todos los males que aquejan al país. Todo sea por no ver la joroba en el ojo del vecino, o la paja en el ojo propio. O la paja en el ojo del vecino. O no me acuerdo ahora mismo de cómo decía aquel sabio proverbio biblíco. El único que me sé bien es el de las dos tetas y las dos carretas. Aunque creo que ése no es un proverbio bíblico. Sino un perspicaz refrán del siempre sabroso y especiado refranero popular español.

Historia de las fotografías: He subido varias fotografías que tomé yo mismo con mi camarita de todo a cien. Una de las imágenes muestra un balón de baloncesto gigante. Que había sido instalado frente a la catedral de Kaunas. Al final de Vilniaus gatve, en el casco viejo de la ciudad. El balón se encontraba situado a una distancia prudencial de la tumba del gran poeta nacional, el clérigo Maironis. Tumba que está encastada en uno de los muros laterales de la catedral. Y que siempre tiene flores frescas y velas en honor a la memoria del sacerdote que pone rostro al billete de más circulación en el país. El billete rosado de veinte litas. Dicen que el baloncesto es la segunda religión de Lituania. Por eso probablemente a alguien se le ha ocurrido la brillante idea de ubicar el balón  frente al sagrado templo. Y cerca del poeta que pone rostro al dinero. Todo un símbolo.  En el balón se aprecia el logotipo oficial del Eurobasket 2011 y el de la empresa de electrodomésticos BEKO. Esta empresa, según reza en el escrito que luce el balón, es el principal espónsor del Eurobasket 2011. He hecho mis averiguaciones sobre la empresa en cuestión. Pero no he sacado nada en claro. Se trata simplemente de una empresa que fabrica electrodomésticos. Y sus productos tienen gran aceptación aquí en Lituania. Y poco más he podido saber de ella. Aunque si rascase un poco seguro que saldría premio por algún lado. Las otras dos fotografías las tomé en plena Laisves Aleja. La vía principal de Kaunas. El Ministerio del Interior se ha gastado una pasta en distribuir carteles de este tipo. Recordando a los señores turistas que Lituania tiene sus leyes que castigan la prostitución. Y que venir a follar a la República de Lituania está castigado con, ojo al dato, mil miserables litas. Unos trescientos euros que te pueden caer por solicitar los servicios de una puta. Pues eso, caballeros, que Lituania no es un lupanar. Y que, tal como reza el cartel,  los verdaderos hombres no pagan por tener sexo. A lo sumo invitan a unas copas. O se van a Ucrania de excursión o de viaje de negocios.

El cartelito, por cierto, ha contado con el soporte económico de la Embajada del Reino de Holanda. Y me pregunto yo qué hacía la Embajada de Holanda financiando un cartel contra la prostitución cuando Holanda ni siquiera tenía equipo que la representase en este campeonato. Aunque ahora que lo pienso, durante estos días he visto un montón de holandeses por aquí. Siempre mamados y liándola. Entonces creo que entiendo"el perquè de tot plegat". O a lo mejor resulta que Holanda sí que jugaba. No sé, ya digo que el baloncesto me importa un comino. Y que no me entero de nada.

Esas tres fotografías, la foto de la pelota y las dos fotos del cartelito,  representan el circo que han montado por aquí con la excusa del deporte. La foto del pastel representa el pan de este verano. Y nos lo comimos los sufridos estudiantes de lituano tras un durísimo mes de estudio, exámenes y meditación trascendental. Debo decir aquí que el curso, el pan , los viajes, el diploma y la fiesta me salieron gratis. Y que también pude tener gratis un poquito de circo si me hubiera dado la real gana. En Lituania, como en España, como en casi todos lados, si se tienen buenos contactos se tiene todo. Y quien a buena sombra se arrima buen árbol le cobija, o a quien buen árbol se arrima....Otra vez ando liado y confundido yo con los proverbios bíblicos y con el refranero.

(Nota del autor: Esta carta la he ido escribiendo en mis ratos libres. Entre el 1 y el 10 de septiembre de 2011. Aunque sólo hoy he conseguido rematarla. La subo al blog en la madrugada del lunes 26 de septiembre de 2011. Día Europeo de las Lenguas)

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1 jul. 2011

Auge, triunfo y caída del último "condottiero"

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Fabrizio M.,  una leyenda viva. En una pose casi garibaldina.
HOY es viernes 1 de julio y la Sra. de Clinton está de visita oficial por esta provincia oriental del Imperio del Bien. Que se llama República de Lituania. También hoy los polacos han tomado las riendas de la Presidencia Europea. Cosa que incomoda aquí en Lituania. Porque por primera vez, después de casi un siglo, los polacos mandan nuevamente sobre la prole del Gran Duque Vytautas el Grande. Aunque esta vez sea sólo nominalmente. Y sin tropas polacas de ocupación de por medio. Otra importante efeméride que también se celebra hoy, es el 90 aniversario de la fundación del Partido Comunista Chino. Quien, por ironías del destino, es quien en el fondo paga las facturas de todos nosotros. Los arrogantes "occidentales". Incluyendo el avión de la Señora Clinton y el coche oficial del Primer Ministro Kubilius. Los herededos de Mao Zedong apuntalando las maltrechas economías de la Unión Europea y de los Estados Unidos. Tiene guasa la cosa. También hoy es un día muy importante al menos para mí. Pues oficialmente han empezado mis más que merecidas vacaciones. Tenía planeado para el día de hoy darme un garbeo por Vilnius y tomarme unas Svyturys "baltas" bien fresquitas con mi amigo, el abogado Aurimas. A quien, por problemas de agenda, no veo desde hace ya unos meses. Le quería felicitar por su segundo hijo que le viene en camino y mostrarle mis respetos a su mujer que está en avanzado estado de buenaesperanza. Sin embargo, mi amigo me telefoneó ayer por la tarde y me dijo que le había surgido una reunión importante en Riga para este mismo viernes. Así que decidimos que las cervezas nos las tomaríamos la próxima semana.  Por tanto, esta mañana me sabía libre de obligaciones y compromisos y me levanté con el firme propósito de actualizar el blog. Que desde abril lo tengo en estado de muerte cerebral. Uno de mis lectores, el turinés Fabrizio M., que vive y trabaja desde hace años aquí en Lituania, me pidió que le dedicara algunas palabras a su boda.  Una boda que se celebró a finales del mes de mayo aquí en Kaunas. Y a la que estuve invitado. A Fabrizio le hice el feo de no asistir a su enlace. Espero que este humilde post que le dedico ahora me sirva como pliego de descargos. Lo cierto es que durante este último semestre no he hecho otra cosa más que trabajar y trabajar. Por lo demás, mi vida personal anda últimamente bastante "liadilla". Por decirlo de alguna manera. Y claro, entre tantos dites y diretes y tanto mete y saca y tanto aquí te pillo y aquí te mato a uno ya no le quedan ni fuerzas ni tiempo ni para cumplir con los amigos. Espero que el turinés no se lo haya tomado a mal. De hecho quiero alegar en mi defensa, que no soy muy partidario de este tipo de" saraos" (sean bodas, bautizos, comuniones,  ceremonias de graduación o cenas de empresa). Nunca he asistido en toda mi vida a ninguna boda. Y creo que no asistiré ni siquiera a la mía.  A lo sumo me he apuntado a las despedidas de soltero. Ahí sí me apunto con gusto si me invitan. Pero nunca he estado en la ceremonia nupcial ni en el ágape que le sucede. No sé, tal vez soy un desafecto de la institución matrimonial. O tal vez me da pena por el amigo que se pierde tras la ceremonia. O tal vez intento evitar que algún gracioso me recuerde que todavía soy célibe. Y que, por mi edad, ya me tocaría dejar de "hacer el hippie" y sentar cabeza. No sé. Ya digo que no me gusta este tipo de eventos. Sobre todo aquellos que me recuerdan que mi vida no está "completa". Porque no estoy casado ni tengo hijos. Que mi vida se sale del estándar dominante en la sociedad de la que procedo. Una ciudad pequeña de extracto obrero y de cultura católica de la segunda o tercera corona de Barcelona. Y donde la costumbre y "el qué dirán" todavía pesan en la vida cotidiana de la gente.  Recuerdo aquella vez que tuve que ir casi a la fuerza al bautizo del hijo de un amigo íntimo. Y llegué tarde. Cuando ya casi todos los asistentes habían abandonado la iglesia. Y llegué tarde a propósito porque no puedo soportar ese ambiente familiar, insufrible, mediocre, plagado de "tietas", sobrinos, primos lejanos, niños corriendo y gente sonriendo que se forma en eventos de este tipo.  También intento evitar, en la medida de lo posible, las terribles "cenas de empresa". Que siempre me han parecido más un hipócrita ejercicio de sado-masoquismo gore que una forma de confraternizar con los "colegas" del curro. No sé, no acabo de sentirme cómodo en este tipo de ambientes donde uno acaba compartiendo copas y canapés con personas a las que apenas se conoce. O lo que es peor aún. Con personas a las que uno conoce muy bien y con las que no quisiera compartir nada. Y encima tiene uno que ser cortés con todo el mundo. Y aparentar que se lo está pasando la mar de bien. Aunque se comparta mesa y mantel con tipos a quienes ni saludarías si te los encontrases por la calle.

La historia de mi amigo Fabrizio, el protagonista de esta carta,  es un tanto peculiar. Es peculiar porque debe ser el único italiano vivo en el planeta Tierra y en toda la Via Láctea que se ha desposado en Lituania no con una nativa del lugar. Que es lo habitual por aquí. Sino nada menos que con una ciudadana de Palermo que, para más inri, conoció por casualidad en Vilnius hace apenas unos meses. La cosa parece que fue lo que se dice un auténtico "flechazo".  Un flechazo que le hizo sentar la cabeza. A él, un auténtico pionero transalpino en el Este post-soviético. Que se vino a estas tierras cuando estaban todavía bajo los efectos traumáticos de la desintegración de la URSS. Y se encontraban alejadas de la zarpa de la Unión Europea. Se vino por aquí justo en el mejor momento. Pues estas tierras eran por entonces un auténtico paraíso virgen por explorar y que ofrecía innumerables oportunidades para tipos meridionales, visionarios e intrépidos como él. Ser pionero en algo tiene sus riesgos. Pero también sus ventajas. Y Fabrizio supo orillar los riesgos y beneficiarse de todas las ventajas de ser uno de los primeros italianos que se aposentaron en Lituania. Aprovechándose del "efecto sorpresa" y de la ley económica que guía cualquier mercado. La ley de la oferta y demanda. Que  explica las fluctuaciones en los precios de commodities, servicios y factores de producción. Ley que también está presente en el mercado de la reproducción humana. Eso que llaman "mercado del amor". Cuando Fabrizio penetró en este país, Lituania no estaba atestada, como lo está ahora, de tipejos que cruzan el continente con la peregrina intención de "meterla en caliente". Ser italiano o ciudadano occidental resultaba por entonces algo novedoso y atractivo para las féminas de acá. Porque había poca oferta de italianos en el terreno y a las féminas lituanas les resultaba extremadamente atractivo un factor de reproducción del que, debido al Muro de Berlín, habían sido tan injustamente privadas por tantos años. La situación ahora es muy distinta. Quienes vienen por aquí en busca de "mojar" a diestro y siniestro como sin duda hicieron los pioneros como Fabrizio, se van a encontrar con un mercado infestado de italianos, españoles, turcos y meridionales diversos. Y que atosigan a las niñas de por aquí.  Se encontrarán con un país totalmente integrado en la cultura consumista "occidental". Y donde el "efecto sorpresa" ha desaparecido casi por completo. Pues las niñas de por aquí están aburridas de tanto extranjero baboso presuntamente atractivo. Varones, muchos de ellos ya metiditos en años, en busca de "niña fácil" del Este y que, cuando llega el verano, atestan los bares, terrazas y clubs de moda de las principales ciudades de las tres repúblicas bálticas. En fin, creo que volveré sobre este tema en otra carta que subiré durante estas vacaciones. Sobre mi amigo Frabrizio debo decir que durante sus años en Lituania ha sabido adaptarse con solvencia a la sociedad que lo acogió. Aprendió la lengua lituana, que domina con maestría, encontró trabajo como profesor y consultor en importantes instituciones académicas y profesionales de este país. Incluso ha tenido las agallas de comprarse un piso como Dios manda. Aunque lo hizo en mal momento. Cuando el precio de la vivienda por aquí estaba artificialmente inflado por el acceso al crédito fácil. Se compró el apartamento en el que vive ahora poco antes de que estallara la crisis financiera internacional que hizo hundirse el valor de los bienes inmuebles. Crisis de la que Lituania no se ha recuperado todavía. Crisis que tal como está el panorama económico internacional parece que va para largo.  Eso le ha ocasionado a mi amigo Fabrizio algunos problemas que afronta como siempre ha hecho. Con osadía, bravura y descaro. Y con un punto de iluminación mesiánica. Como hacían los condottieri italianos que servían como mercenarios a las órdenes de príncipes extranjeros.  Fabrizio ha sabido crearse una nueva vida aquí. Y lo ha hecho él todo solo. A pecho descubierto. Sin ayuda "exógena" de ningún tipo. Sin beca de papá Estado o de ninguna universidad de relumbrón. Sin ayuda de los padres ni de nadie. Tiene su mérito la cosa. Teniendo en cuenta que Fabrizio proviene de una sociedad, la italiana, donde muchos jóvenes se han acostumbrado a vivir con los macarrones puestos en la mesa y a no moverse de las faldas de la "mama" si no hay beca Erasmus (o Comenius o Borriquito como tú o de lo que sea) de por medio que financie la aventura y que les evite mancharse las manos. Una sociedad que es casi un clon de la sociedad española. Pero con dosis extras de gomina en el pelo y de queso parmiggiano en el plato. Y con un viejo verde con implantes capilares como Primer Ministro. En fin Fabrizio, va por ti! Te deseo lo  mejor en tu nueva y recién inaugurada vida de hombre casado, con señora y con responsabilidades. Sekmes!

Historia de la fotografía: La fotografía, claro está, pertenece al interfecto, Fabrizio M. Que ha tenido la osadía de romper todas las convenciones habidas y por haber y se ha desposado recientemente con Irena. Una "ragazza" palermitana de la que se enamoró locamente. Se casó recientemente aquí en Lituania. Lo nunca visto. La fotografía se la tomé yo mismo, un día que salíamos de "marcha" por el centro de Kaunas. Él mismo me hizo la pose. En su rostro puede apreciarse la determinación del caudillo militar que pudo haber sido si hubiera nacido en el siglo XV en alguno de los reinos, repúblicas o ciudades-estado que desaparecieron tras la unificación italiana promovida por los turineses. La unificación italiana, un craso error histórico, según las propias palabras de mi amigo Fabrizio. Como buen "condottiero", claro está, es contrario a la unidad de Italia. Y también se muestra hostil al mismo proceso de "integración" europea.  En el que no cree y del que, como quien esto escribe, desconfía profundamente.

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3 abr. 2011

Arroz con leche

La primera vez que veo un partido de fútbol de la selección española.29 de marzo de 2011.
COMO siempre ando  bastante jodido de tiempo. Los exámenes se me acumulan sobre la mesa del comedor.  Y estoy metido en "fregados" diversos que me ocupan casi  todo el poco tiempo libre que me queda. Sin embargo, hoy he decidido escribir una nueva carta porque no puedo dejar de hacer referencia al partido de fútbol que enfrentó a las selecciones nacionales de Lituania y España. Y que se celebró la noche del martes 29 de marzo en el Estadio S. Darius y S. Girėnas  de Kaunas. Estadio dedicado a la memoria de Steponas Darius y Stasys Girėnas, unos auténticos pioneros de la aviación que en 1933 cruzaron el océano Atlántico. Tratando de emular la gesta de Charles Lindbergh quien en 1927  lo había cruzado en el mítico Spirit of Saint Louis. Los lituanos no partieron, como hizo el norteamericano, desde New York, sino desde la ciudad de Chicago. Que ya por entonces albergaba una de las mayores comunidades de lituanos  fuera de Lituania.  Y su destino no era París sino Kaunas. La por entonces capital temporal de la República de Lituania. Desafortunadamente la proyectada aventura de los aviadores lituanos no llegó a buen puerto pues su pequeño avión Bellanca de segunda mano, bautizado con el nombre de "Lituanica", se estrelló en territorio alemán cuando sobrevolaba un campo de concentración nazi. Todo un símbolo. Se dice que el avión fue derribado por los nazis. Aunque se trata de una hipótesis que no ha sido nunca demostrada. Lo cierto es que  la gesta de estos aviadores no ha pasado a  formar parte de la historia mundial.  Fuera de Lituania, a Darius y Girėnas casi no los conoce nadie. Pero aquí se les venera casi como a héroes y ambos forman parte del imaginario colectivo de este país. Lituania es un país pequeño pero con un pasado glorioso. Un pasado donde abundan también los episodios trágicos y la miseria humana. Una nación ávida de héroes.  Héroes como Darius y Girėnas quienes representan, tal vez mejor que nadie, al prototipo de héroe lituano. Héroes  que fracasan y triunfan al mismo tiempo. Héroes que triunfan fracasando. Como el joven Romas Kalantas, otro de los héroes modernos de esta pequeña república, que un 14 de mayo de 1972 se quemó a lo bonzo en pleno centro de Kaunas en protesta contra el régimen soviético. Rociándose el cuerpo con  un bote de gasolina y prendiéndose fuego. La memoria de este joven héroe, pionero en la lucha por la "independencia" y la "democracia" en el Este de Europa, se honra  todos los meses de mayo. Con música militar, discursos  de inflamado patriotismo y  desfiles de niñas guapas vestidas de "mayorettes".  Los rostros de los intrépidos aviadores lituanos aparecen en el billete de diez litas. Probablemente el de mayor circulación en el país. Y calles, plazas, escuelas y monumentos dedicados a la memoria de S. Darius y S.Girėnas los hay en casi todas las ciudades y poblaciones de Lituania. También el "patatal" donde jugaron los muy bien pagados astros de la selección española lleva el nombre de los  malogrados aviadores lituanos.  

Lituania es un país donde el fútbol no acaba de cuajar. Aquí el "deporte rey" es, sin lugar a dudas, el baloncesto. Donde este país es casi una potencia a nivel mundial. Eso explica la casi total falta de instalaciones adecuadas para acoger competiciones internacionales de fútbol. De hecho, el partido de selección para la Eurocopa de 2012 se celebró en Kaunas y no en Vilnius simplemente porque en la actual capital de Lituania ni siquiera hay un estadio de fútbol adecuado. Lo del "patatal" a que hacían referencia los medios de comunicación españoles tenía, desde mi punto de vista, cierta justificación. Sobre todo teniendo en cuenta que aquí el fútbol es un deporte marginal, poco practicado, y que no interesa demasiado. Y que el Estadio Darius y Girėnas tiene un campo de fútbol abierto, que ha estado por más de cinco meses cubierto por la nieve y el hielo. Todavía tuvieron suerte los requetemimados jugadores de la selección española de no haberse encontrado un campo cubierto por la nieve. El mismo día del partido empezó a nevar. Y es que aquí, en Lituania, el riesgo de nieve no desaparece del todo hasta bien entrado el mes de abril.

La selección española, con toda su corte de técnicos, miembros de la Federación,  parientes directos y familiares lejanos, amigos, conocidos y amigos de amigos,  estuvo alojada en el Park Inn Kaunas, un pequeño hotelito de la cadena Radisson. Que se encuentra frente a una de las facultades donde doy clase. Supongo que la Federación Española de Fútbol  debe tener algún tipo de acuerdo con esta cadena de hoteles de matriz sueca.  Pero sin duda, debo decir que el Park Inn no es, ni de lejos, el mejor hotel de Kaunas. Es un hotel que además casi no cuenta con medidas de seguridad de ningún tipo. Yo, cuando salgo del trabajo, a veces me paso por el bar del hotel, el "Ginger Baras", para tomarme una cervecita y esperar el trolebús que me lleva a mi barrio. Y para encontrarme con alguna amiga que estudia cerca. Y en el bar a menudo se meten a beber cafés o cerveza barata parejitas de estudiantes que van a hacer manitas, ejecutivos venidos a menos, amas de casa con demasiado tiempo libre y tipos con más pinta de homeless que de otra cosa.

El domingo por la tarde estuve con una amiga en el Ginger Baras. Estuvimos allá tomándonos unas cervecitas y unas sidras juntos.  No porque estuviera la selección española. Sino porque era domingo y hacía un frío que pelaba. Y porque somos clientes habituales de ese garito y a menudo quedamos allá para charlar de nuestras cosas. Tuvimos la oportunidad de ver a varios astros de "la roja" allá sentados en el Ginger Baras. Entre ellos a Iker Casillas y a mi paisano Xavi. Rodeados siempre por  una nube de periodistas, asistentes y admiradores que les pedían el autógrafo. También vimos al seleccionador nacional  Vicente del Bosque y a otros jugadores de menor relevancia que "chupan banquillo" y que no llegamos a reconocer. Me tropecé con Vicente del Bosque cuando me iba a mear a los lavabos del hotel. Y él se disponía a tomar el ascensor que lo llevaba a su habitación. Sin duda, lo más interesante de esa tarde fue el encuentro que tuve con dos tipos que resultaron ser cocineros de la selección española. Estuvieron por un buen rato al lado de la mesa que ocupábamos mi amiga y yo. Hablaban del desayuno que el "míster" había ordenado para el día mismo del partido de fútbol. Un desayuno que iba a ser compartido con los miembros de la selección lituana. Uno de los cocineros decía que lo importante era "sacar el arroz con leche" una vez que los del equipo lituano hubieran abandonado la mesa. Al parecer, el arroz con leche viene a ser como una especie de pócima mágica que toman los jugadores de la selección el mismo día del partido. Y que les sirve para marcar goles y vencer al contrario. Algo como ese brebaje que tomaban los galos en los cómics de "Asterix y Obelix". Y que les otorgaba una fuerza sobrehumana que les permitía derrotar a las huestes de Julio César. "Eso sí" -decía uno de los cocineros- "el arroz con leche lo tenemos bien guardado hasta que los lituanos se vayan de la mesa". "Sobre todo que no lo prueben". Parece que ahí radica el secreto de nuestra selección. En el arroz con leche que les preparan especialmente para la ocasión. El equipo español venció a la selección lituana por tres goles a uno. Me pregunto qué hubiese ocurrido si ese día los de la selección lituana también hubiesen comido arroz con leche. Tal vez el resultado final hubiera sido muy distinto.

Historia de la fotografía:  Por arte de birlibirloque acabé con un par de pases de prensa para ver el partido de fútbol. La primera vez en mi vida que veo jugar a la selección. Y los pases los conseguí "por el morro". Gracias a las gestiones de un periodista de Tele 5 que vino a una de mis clases para hacerme una entrevista. Me vinieron, él y uno de sus cámaras, al aula donde doy clases por la mañana. Y allí mismo me montaron un show de la releche. Luego, en el reportaje que apareció en Tele 5, la entrevista quedó ultracondensada en un par de imágenes del aula. Y en una fugaz aparición mía diciendo hola a todo el mundo. Los de la sección deportiva de Tele 5 buscan siempre incluir imágenes con gancho. Imágenes que muestren claramente el apoyo incondicional de la hinchada a la selección española. Y creo que yo, en la entrevista que me hicieron,  me fui un poco por las ramas. Al final, claro está, los de Tele 5 prefirieron incluir el bullicio de un  grupo de estudiantes españoles Erasmus que se reunieron en el centro de Kaunas para apoyar a la selección. Ataviados muchos de ellos con la camiseta del equipo español y exhibiendo innumerables banderas rojigualdas. Una bandera, la rojigualda, con la que no me identifico. Y que casi me da repelús sólo con verla.

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