31 dic. 2011

Mundo monkey (II)

HA pasado tiempo, demasiado ya, desde que Argonautas escribiera su última carta. Y la verdad es que tengo mala conciencia por ello. Mala conciencia por las cartas que Argonautas nunca escribió. Y que no escribirá jamás. Por las cartas que quiso escribir y que por falta de tiempo, por falta de voluntad o por desidia, nunca serán escritas. En marzo mi alter-ego Argonautas cumplirá los tres añitos. Se dice pronto. Tres añitos dando la tabarra y tocando las narices a más de uno. Batiéndose en lucha desigual contra los molinos de viento. Argonautas nació como respuesta a un tarado. Un tipo de León que se vino a hacer el Erasmus a Kaunas. Un personaje que durante un tiempo se dedicó a contar sus andanzas y aventuras en esta tierra. Su “blog”, por llamarlo de alguna manera, puede consultarse en este enlace y en este otro enlace. Todavía me pregunto cómo el sistema educativo español no consigue filtrar a analfabetos funcionales como el “cazurro en Lituania” (título del blog del tarado en cuestión). Un estudiante de ingeniería que es incapaz de hacer la "o" con un canuto. Ni de escribir una frase medianamente compleja y sin faltas de ortografía. El payo, según cuenta, se dedicó a dilapidar el dinero público de la beca Erasmus (y el de sus progenitores) en los casinos y en alcohol. Y en pagarle las fantas a las niñas de por aquí. Las fotos de sus supuestas “conquistas” (incluidas en su blog) tienen su morbillo. Todo se ha de decir.  Hay un par de fotografías donde el tipejo aparece tumbado junto a una chica que parece dormida. El tipo se hizo la foto a hurtadillas para que la chica no se diera cuenta. Y muestra su careto de satisfacción por su “conquista”. Ella durmiendo junto a él y enseñando las bragas. Y él esbozando una sonrisa de medio lado como celebrando su triunfo en la vida. Porque finalmente, tras gastarse un pastón en fantas y en casinos, pudo finalmente meterla en caliente. La sonrisa satisfecha de todo un triunfador. Tras leer el texto (por llamarlo de alguna manera) y analizar los contenidos del “Cazurro en Lituania” uno llega a entender el porqué España tiene el nivel de desempleo juvenil más alto del mundo industrializado. El blog constituye un documento del tiempo que nos ha tocado vivir. Materia prima para un estudio sociológico del estudiante español medio. Y de la cultura del mínimo esfuerzo que se ha instalado en el sistema educativo español. Y en la sociedad española en su conjunto. Un país, España, aquejado de “titulitis aguda”. Y donde lo que cuenta es la acumulación de diplomillas. Y no la adquisición de competencias reales. Diplomillas que sirvan para sumar puntos en los concursos-oposición de las administraciones públicas. Y alcanzar el ansiado puesto “de por vida” al que todo español cabal y de buena familia aspira tener. Una sociedad, la española, que de alguna forma ya quedó magistralmente retratada en “El Quijote” y el “Lazarillo de Tormes”. Dos clásicos de la literatura castellana que contienen tipos humanos imperecederos. Relatos que son clásicos precisamente por reflejar en sus páginas el espíritu mismo de la sociedad española. Una sociedad donde casi todo el mundo aparenta ser hidalgo, medra y huelga como vulgar escudero y va trampeando y trapicheando por la vida. No me extraña que el “Cazurro en Lituania” escriba lo que escribe en su blog. Si algo le debo reconocer al tipo de León es que se trata de una persona honesta. Y que cuenta las cosas tal como son. De forma descarnada. Y no embellece la realidad ni utiliza la jerga oficial que sirve para justificar la existencia del programa Erasmus. Se vino a Lituania, y reproduzco aquí sus palabras, para beber, follar y sacarse unas cuantas asignaturas difíciles sin tener que estudiar. Así de clarito. Y el resto son florituras y discurso políticamente correcto que tratan de embellecer lo que realmente hay tras las grandilocuentes multi-culti, y super-guay “palabros” que justifican el programa Erasmus. Que en mi opinión debería ser redimensionado y redefinido si quiere ser algo más que esa especie de sustituto de la tuna estudiantil en el que se ha convertido. Una experiencia que sirve para viajar, beber y fornicar a costa del erario público. Financiado todo ello por el sufrido contribuyente europeo. Y que desincentiva, sin duda, la cultura del esfuerzo. El “ora et labora” que se encuentra en los fundamentos de la universidad como institución se ha transformado, gracias a esa excrecencia postrera de la gauche-divine sesentayochesca que se llama Programa Orgasmus, en el “drink and party” de los jueves por la noche. O en el “party or die” de los más radicales. El latín, claro está, ya no se utiliza como lengua vehicular entre las huestes erasmiles. Pues el imperio ahora tiene otra lengua. Y el latín hace tiempo que se eliminó del currículum de la secundaria. Y que conste que no tengo nada en contra de ningún Erasmus en particular. Ni que tampoco quiero que nadie en particular se dé por aludido con este escrito. Se trata simplemente de una reflexión que me sirve para reiniciar nuevamente las “Cartas desde el Este”. Que he tenido paradas durante unos meses. Un tiempo de silencio en el que no me he encontrado con ánimo para escribir nada. Ni de compartir mi vida con nadie fuera de mi círculo más íntimo. En cuanto al programa Erasmus quiero decir que cuenta con mis simpatías. Y que yo mismo fui un Erasmus hace un tiempo. Sin embargo, creo también que debe acometerse una urgente reforma que garantice su viabilidad y subsistencia en el largo plazo. La reforma debería pasar por restringir el acceso al programa a aquellos estudiantes que hubieran demostrado tener un buen rendimiento académico en su universidad de origen. Debería, en mi opinión, incluirse alguna prueba escrita de preselección. De tal manera que sólo estudiantes motivados y con buen rendimiento académico pudieran acceder al programa. Por otro lado se les debería dar prioridad a aquellos estudiantes procedentes de unidades familiares con menos recursos. Y excluir a quienes procediesen de familias acomodadas. Que por ser “acomodadas” pueden permitirse que los hijos estudien en una universidad extranjera sin necesidad de utilizar fondos públicos para ello. La experiencia Erasmus en ningún caso debería durar más de un semestre académico. Y sólo debería servir para convalidar créditos de libre elección. Y nunca para “sacarse” las asignaturas difíciles como según parece hizo nuestro buen amigo “cazurro” durante su estancia en Lituania. Las dotaciones de las becas deberían aumentarse a costa de una reducción en el número de beneficiarios. Menos becas pero más cuantiosas. Y sólo para buenos estudiantes con menos recursos. Se trataría, en suma, de introducir reformas que lo hicieran más racional y más adecuado a los objetivos que dice perseguir. Y con criterios de selección más rigurosos. Pare evitar que cientos de “cazurros” acaben fundiéndose el dinero público en casinos y chicas de alterne. Como según parece hizo el autor de “un cazurro en Lituania”. Un tipo al que casi le tengo afecto. Pues sin él creo que mi propio blog no tendría razón de ser. Y no hubiera nacido nunca. Un viejo y sabio profesor mío, cuando hice “mi Erasmus”, ha llovido ya lo suyo desde eso, nos dijo un día en clase, haciendo referencia al programa, que quien quisiera fiestas que se las pagase de su bolsillo. Sus palabras generaron cierto revuelo en el aula. Y algunos estudiantes Erasmus, entre los que me encontraba yo mismo, decidimos levantarnos de nuestros asientos y abandonar la lección. Algo así como una espontánea protesta en defensa de la honorabilidad del Erasmus. El tiempo y la experiencia acumulados me han hecho entender que la razón estaba de parte de aquel viejo profesor. Y no de los arrogantes y estúpidos jóvenes que abandonábamos aquella sala. La experiencia es un grado que dice el refrán. Y al quien le pique que se arrasque.

PS: Compruebo, con cierta satisfacción, que el autor de "Cazurro en Lituania" ha borrado todo los contenidos de su infame bitácora. Tres años después de haber iniciado mi particular batalla, el tipo de León parece que se lo ha repensado. Supongo que su blog habrá recibido un montón de visitas desde Lituania. Y, claro, al final creo que se habrá "acojonado" un poco. Y ha decidido retirarlo de circulación. Es una pena porque el "Cazurro en Lituania" era sin duda un documento digno de estudio. Como una snapshot impresionista que mostraba hasta qué punto al programa Erasmus necesita urgentemente ser revisado, redimensionado y repensado.

Historia de la fotografía: La fotografía que aparece en este post no guarda ninguna relación con el contenido del escrito. Se trata de una fotografía que subí el último día de 2011. Y la dejo aquí tal como la subí. Porque me recuerda, de alguna manera, el post que nunca llegué a escribir entonces. Un post en el que debía haber tratado un montón de cosas que por entonces me resultaban interesantes. Y de las que ya apenas me acuerdo. En la fotografía aparece el árbol de Navidad que instaló el Ayuntamiento de Kaunas en Rotušės Aišktė. La hermosa plaza del casco viejo de Kaunas. Ciudad en la que vivo desde hace ya casi cinco años. El árbol en cuestión fue realizado por un artista local con material reciclado. Básicamente con botellas de plástico vacías ligadas con gomas. Y con un montón de bombillas que lo iluminaban por la noche. La iniciativa del Ayuntamiento de Kaunas tuvo cierta proyección internacional. Y llegó a aparecer nada menos que en la mismísima BBC International News. Como ejemplo de lo que la imaginación y la voluntad política pueden llegar a hacer por la protección del medio ambiente. Y con muy poco presupuesto. La fotografía la tomé yo mismo unos días después de Navidad. Como puede apreciarse la nieve todavía no había hecho acto de presencia en Lituania. Estas navidades los lituanos se tomaron el augonų pienas sin el adorno de la nieve blanca sobre el tejado. Unas navidades que no fueron blancas y en las que apenas hizo frío. Luego, a mediados del mes de Enero empezó a nevar intensamente. Y las temperaturas cayeron por debajo de los 20 grados bajo cero. Pero la ola de frío duró poco. Nada comparado con lo que vivimos el año pasado. O con el cruel y largísimo invierno de 2009/2010. Cuando estuvimos casi cinco meses con un metro de nieve frente a la puerta. Y con temperaturas que oscilaban entre los menos veinte y los menos treinta grados bajo cero. Aquello sí fue frío. 

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