11 oct. 2011

De republicanos y huelepedos de Su Majestad

"Y qué decir de nuestra madre España,
este país de todos los demonios
en donde el mal gobierno, la pobreza
no son, sin más, pobreza y mal gobierno
sino un estado místico del hombre,
la absolución final de nuestra historia.
De todas las historias de la Historia
sin duda la más triste es la de España,
porque termina mal. Como si el hombre,
harto ya de luchar con sus demonios,
decidiese encargarles el gobierno
y la administración de su pobreza."
Jaime Gil de Biedma, del poemario "Moralidades" (1966)

HICE referencia en otra carta al circo que se armó por aquí con ocasión del Eurobasket 2011. Parece que Kaunas, tras la marea baloncestística, ha vuelto a recuperar su pulso normal. Y vuelve a ser lo que siempre ha sido. Una pequeña ciudad tranquila, aburrida, sin demasiado interés. Que vive como ensimismada. Una ciudad que se mueve con un ritmo lento y pausado. Que discurre como las aguas mansas de los ríos que la circundan. Ríos que indudablemente han configurado su fisonomía de ciudad fluvial. De ciudad que vive mirando al agua. El Nemunas recoge en Kaunas las aguas del río Neris. Que viene desde Vilnius. Y en Kaunas el Nemunas se ensancha y se hace enorme y baja lento y pesado hasta la muy marinera Klaipėda. Donde desemboca formando el estuario de Neringa. Klaipėda, la Memel germánica, es el único puerto que, aún en los inviernos más crudos, no se congela nunca en el mar Báltico. Un puerto estratégico ambicionado por todos y con una historia azarosa de conquistas y reconquistas por unos y otros. El río Nemunas fue, durante la Edad Media y Moderna, una importante vía comercial. Y Kaunas tenía una posición privilegiada en esa ruta. Que conectaba el interior de esta región con el mar. La ciudad formó parte de la próspera y poderosa Liga de la Hansa. En conmemoración de su pasado hanseático, la ciudad celebra todos los años, a finales del mes de agosto, los Hanzos Dienos. Se trata de una feria de estilo medieval que por unos días se instala en la ribera del río Nemunas, en el casco viejo de la ciudad. La gente que participa en esa feria se suele vestir con ropajes que quieren parecer medievales. A la feria suelen acudir comerciantes, granjeros y artesanos de la región. Que vienen a vender sus productos. O que muestran sus habilidades en la forja del hierro o en la talla de la madera. He visto varios torneos de caballeros medievales. Que se daban porrazos con la espada o la cachiporra sobre los escudos. Torneos de mentirijilla, claro está, donde no muere nunca nadie ni nadie resulta herido. En una ocasión, de eso hace unos años ya, pagué cinco litas por tirar flechas con un arco auténtico. De las cinco flechas que lancé sólo una se clavó en el tronco que hacía de diana. Y como premio me dieron una medallita de plástico que aún conservo en algún cajón donde guardo los trastos viejos.  En esta feria también se puede degustar todo tipo de delicias culinarias. No aptas para finolis.  Como el pie de cerdo con col y patatas. O una variedad muy amplia de salchichas y embutidos caseros. Los días de la Hansa son también una oportunidad única para probar cervezas artesanales que no se suelen encontrar en los establecimientos comerciales. Este año la ciudad ha tirado la casa por la ventana. Porque además de ser la sede principal del Eurobasket 2011 ha tenido el honor de organizar la fiesta de la asociación de ciudades de la Liga de la Hansa. Una asociación que agrupa actualmente a más de 170 ciudades del Norte de Europa. Ciudades que en el pasado habían estado vinculadas a esa mítica liga comercial. Se trata de una fiesta que se celebra desde 1980 y que es organizada cada vez por una ciudad distinta. La fiesta, que para esta ocasión se denominó "Hanza Kaunas 2011", contó con la presencia de la Presidenta Dalia Grybauskaitė. Y se celebró entre el 19 y 22 de Mayo. Información y fotografías de esos días de celebración pueden encontrarse en este enlace (Hanza Kaunas). Para una mayor información recomiendo visitar este link (Hanseatic Days of New Time). A mí me coincidía con los primeros exámenes del semestre y tenía un montón de trabajo acumulado. Por lo que sólo pude darme un garbeo por el Hanza Kaunas el último día de la clausura. Me pasé, al principio, por el acto oficial, donde participaban políticos y autoridades diversas. Y me estuve chupando el discurso del Alcalde de Lübeck, el Sr. Bern Saxe, quien preside la asociación de ciudades de la Liga de La Hansa. Pero no aguanté demasiado el rollo institucional y, cuando le tocaba el turno a la Sra. Grybauskaitė, decidí irme a comer pie de cerdo con col y patatas a alguno de los chiringuitos que habían montado cerca del río. Y a tomarme una cerveza bien fresquita pues aquel día de la clausura del Hanza Kaunas hacía un sol de justicia. Y me apetecía mojar el gaznate y llenar el buche con algo más sólido que el discurso de los políticos. La próxima celebración de los Días de la Hansa se realizará el año que viene en la ciudad de Lüneburg, en la Baja Sajonia alemana. No creo que pueda asistir. Aunque en esta vida nunca se sabe del todo adónde va uno a ir a parar con sus huesos. Y debo reconocer que a mí el rollo ese del pie de cerdo con col y la cerveza artesanal en el fondo me mola un montón. Y en Alemania las salchichas además son fabulosas.

También comí pie de cerdo con col y patatas el día de la clausura del Eurobasket 2011. Yo no soy que digamos un fanático del deporte. Y menos aún del baloncesto. Pero el domingo 18 de septiembre jugaban la final del Eurobasket los miembros de la ÑBA, dirigidos por el super-engominado Sergio Scariolo, el entrenador italiano de la selección española, contra un combinado afroamericano de nacionalidad francesa. Y aunque ya digo que todo el circo montado me importaba un soberano pimiento frito, decidí por unas horas transformarme en un forofo "de la reostia" de la selección española. Que parecía cantado que iba a ganar el partido y el campeonato. El oráculo oficioso del campeonato, el cangrejo Lazdeika, había predicho, sin embargo, una derrota de España. Y eso le daba un poco de emoción al asunto. Todo era una excusa, claro está, para chuparme unas cuantas birras y celebrar la fiesta con unos amigos. Con ellos acabé toda la tarde en un café bastante pijo del centro de la ciudad. Donde coincidimos con un montón de españoles que también estaban allá dándole al chupe de lo lindo. Debo reconocer que a veces soy un "toca collons" de la releche. Y que siempre que me dan la oportunidad saco a relucir los trapos sucios de ese país medio quebrado que se llama Reino de España. Esa tarde decidí descolgar mi bandera republicana que tengo clavada con chinchetas en una de las paredes de mi apartamento soviético. Y llevarme la tricolor al centro de Kaunas. Un poco con la intención de provocar a potenciales patriotas idiotas y demás huelepedos de Su Majestad. Y como vindicación de la otra España. La España auténtica. La república obrera de las letras. La que perdió la guerra contra el General Francisco Franco. La que perdió la guerra contra la alianza nazi-fascista apoyada por los hideputas británicos. Alianza que llevó al poder al Caudillo por la Gracia de Dios. Y para desgracia del pueblo. El mentor, protector y educador del actual Jefe de Estado. Había oído en el noticiario de la noche anterior que venía a Kaunas nada menos que el hijo del Borbón, el Príncipe de Asturias. Venía a ver el partido y a participar en la ceremonia de clausura. Joder, el Príncipe Felipe en Kaunas. ¡Qué horror! Yo que creía que había escapado de la nefasta influencia del Reino de España. Y resulta que no. Que el Reino de España casi acabó metiéndose en mi propia casa. Se me ocurrió que tal vez al Príncipe le apetecería pasear por el centro de la ciudad. Y darse un baño de masas. Por eso decidí apostarme en plena Laisvės Alėja. En uno de los cafés más populares del momento. Y colgué la tricolor en uno de los parterres de su terraza. Con la peregrina idea de que el hijo del monarca tal vez pasaría por allá. Al final resultó que el Príncipe no se pasó por ahí. Lo que era, por otro lado, bastante previsible. Pero debo decir que muchos ciudadanos españoles se nos acercaron a nuestra mesa. Para hacerse la foto con "la bandera auténtica de España". Algunos de ellos me dijeron que mi idea de exhibir la bandera tricolor era muy buena. Porque España no es patrimonio de los huelepedos de Su Majestad. Y porque la selección representa a todos. También a los republicanos. "Cómo molaría"-me dijo un tipo de Cáceres que iba bastante tomadito- "que los estadios se llenasen de banderas republicanas cuando jugase la selección fuera de casa". Y la verdad, que pensándolo bien, razón al tipo aquél no le faltaba. Los lituanos que se pasaban por allá no entendían muy bien por qué todos esos españoles allá concentrados se hacían una foto con una bandera tan extraña. Difícil de ubicar. Y que, sin embargo, recuerda a muchas otras banderas europeas. Una chica lituana se nos acercó para hacerse una foto con nosotros. Y nos preguntó por qué llevábamos una bandera rumana si todos los allá agrupados éramos españoles. ¡Oé, oé, oé, oé, oé, oéeeee! Esa fue nuestra manera de decirle "cállate nena, que calladita estás más guapa".

La fiesta aquella noche fue sonada. Yo y mis amigos no teníamos entradas para el partido de la final. Aunque resultaba bastante sencillo conseguirlas en la reventa. De hecho, muchos de mis contactos aquí en Lituania me dijeron que estaban buscando posibles compradores de sus entradas. Y ofrecían un precio rebajado a potenciales compradores. Lituania quedó apeada en los cuartos de final. Pero muchos lituanos habían comprado entradas con antelación. Porque todos creían que el equipo lituano llegaría a la final o, al menos, a jugar por el bronce. Luego resultó que el equipo de Lituania no era tan campeón como todos creían. Y Šarūnas Jasikevičius y sus coleguillas mordieron el polvo ante la modesta Macedonia. La decepción fue mayúscula entre la prole del Gran Duque Vytautas el Grande. Y algunos amigos y conocidos me pidieron que les hiciera el favor de anunciar la reventa de sus tickets en mi facebook personal. Cosa que hice aunque no sirvió de gran cosa. Y se las tuvieron que comer con patatas. Porque resultaba difícil encontrar compradores ya. El partido de la final se jugó dentro del recién construido Žalgirio Arena. Pero fuera del estadio se celebraba la fiesta de verdad. Con las dos hinchadas allá reunidas. Con más presencia española que gabacha, todo se ha de decir. En un parque muy cercano al estadio habían instalado carpas, chiringuitos, mesas, y un gran escenario donde distintos grupos de animadoras se dedicaban a bailar, cantar y a calentar el ambiente. También instalaron una pantalla enorme desde donde se podía seguir el partido que se desarrollaba en el interior del estadio. Pues bien, allá me la pasé liándola como el que más. Ondeando al viento mi bandera tricolor. Y debo decir que no tuve demasiados problemas. Porque en el fondo a nadie le importaba un rábano la banderita. Y los que la reconocían, en general, eran también republicanos o simpatizantes de la República. Y venían a hacerse la foto conmigo y mis amigos. Me encontré, claro,  también algunos huelepedos de Su Majestad. Uno de ellos me espetó algo así como "esa bandera la vamos a quemar". Pero, la verdad, que me lo tomé a guasa. Y la sangre no llegó al río. Y seguí a lo mío. Con mi bandera en ristre e hincándole el diente a un grasiento pie de cerdo con col y patatas. El tipejo en cuestión se parecía más a un estudiante farfollas de los que vienen a Kaunas a comprarse el título de Licenciado en Medicina sin tener que estudiar demasiado que a un skin-head tardo-fascistilla de nuestra brava hinchada nazional. Los tiempos cambian que es una barbaridad. Y resulta que ahora muchos de los huelepedos de Su Majestad llevan barba a lo Carlos Navarro, flequillo untado con gomina y pinta de enrollado y tal. Algunos hasta fuman algún porrete y todo. Y se van cagando de risa todo el santo día. Como si estuvieran colgados. O algo así. Eso sí, de política dicen no entender. Y se sienten unos patriotas del copón bendito. Y muchos de ellos, claro, acabarán votando al tipo ese de la barba que ganará las elecciones generales en España el próximo 20-N. Día de la muerte del Generalísimo. De ésos ya me he encontrado demasiados por aquí. Tantos que entran ganas de hacerse el atillo con los cuatro bártulos que tiene uno y pirarse para siempre de Lituania. Y abandonar definitivamente la vieja Europa. Poniendo de por medio unas cuantas miles de millas más entre mí y los huelepedos de Su Majestad. Pues no soporto la repugnante pestilencia mesetaria. El hedor de esa pegajosa colmena de avispones y  zánganos  ruidosos, opositores a notarías y cacasenos gesticuladores.  De ese país de todos los demonios. Que mañana 12 de Octubre no sé qué leches celebra.

Historia de la fotografía: La fotografía que subo al post la tomé yo mismo la noche en que se jugaba la final entre España y Francia en el Žalgirio Arena de Kaunas. La bandera se la lanzó un amigo mío, de nacionalidad argentina, a las rotundas niñas que aparecen en la imagen. Se trataba de un trío de animadoras que hacían una especie de karaoke y que animaban la fiesta con sus meneos y contorneos. La "pupytė" morena de la imagen agarró la bandera y se la puso entorno a su cuerpo serrano. Por unos momentos llegó a parecerse a la alegórica Marianne republicana francesa del famoso cuadro de Delacroix. Guiando al pueblo hacia la luz de la libertad. Aunque ésta que aparece en la fotografía no llevaba gorro frigio ni enseñaba las tetas. Pero luego la "pupytė" se quedó mirando extrañada la bandera. Y creo que se dio cuenta de que algo raro había en la combinación de colores. A final se la sacó de encima y nos la devolvió. Algunos españoles mamados que estaban bajo el escenario le gritaban "¡tía buena!". Y la verdad es que la niña en cuestión tenía un tiento.

Estadísticas de las Cartas desde el Este

1 oct. 2011

El veranillo de las bobas


Gracias mama por el paquete con las pastillas de sulfato ferroso!!!
HOY es sábado primero de octubre y disfrutamos en Kaunas de un tiempo excepcional. Esta mañana a las siete y media en punto tomé uno de los mikriukas que me llevan al centro de la ciudad. Y he tenido que ir a currar. Porque algún lumbreras de la universidad donde trabajo ha pretendido ser innovador. Y en este semestre que acaba de iniciarse el Rectorado ha introducido cinco sábados lectivos. Una medida que no ha sido bien acogida, claro está, ni por los estudiantes ni por el personal docente. Ni por el personal no docente. Ni por nadie. Por fortuna la mañana se levantó clara y hemos disfrutado todo el día de sol, calor y buen tiempo. Y media mañana me la pasé dándole palique a un profesor italiano. Que como yo mismo se encontró con la primera clase de las ocho totalmente vacía. Los lituanos son así. Protestan de esta forma callada. Protestan en silencio.  Marchándose del país o no acudiendo a clase.

Llevamos varios días disfrutando de un tiempo apacible y de una temperatura ideal. Lo que por aquí, en Lituania,  llaman "bobu vasara". O "verano de las mujeres". Que los británicos conocen como "Indian summer" y que en mi tierra llamamos "veranillo de San Miguel". Porque suele suceder que entorno al día  San Miguel el verano parece como que quisiera volver de nuevo. Como si se negase a decirnos adiós. Se trata de un verano que dura tan sólo unos días. Y que la gente aprovecha para darse los últimos chapuzones en el río o en la playa. Y las "bobas" lo utilizan para pasearse por la calle con los últimos modelitos que pudieron comprar en las rebajas de verano. El término "boba" es difícil de traducir al español. Significa "mujer" pero es un término con connotaciones peyorativas. Tal vez lo podríamos traducir como "tonta". O algo así. En Lituania, una "boba" es una mujer que sobreactúa. Como si estuviera en permanente estado de ovulación. Exagerando en extremo su condición de mujer. Que viste con falda ceñida, tacones altos, tanga y escote generoso. Y con un kilo de maquillaje sobre el rostro. Una mujer que va taconeando por la calle, pidiendo guerra. Cimbreándose como si fuera la reina del mambo. Y que le gusta exhibirse durante el verano. De ahí que al veranillo de San Miguel lo denominen por aquí de esa forma. Porque las "bobas" se visten como si fuera verano. Cuando, en realidad, estamos en el inicio del otoño. En el inicio de un terrible período de cinco meses donde a lo máximo que aspiramos es a seguir vivos cuando llegue la primavera. Cinco meses sin luz, con agua, nieve, hielo y un frío que pela. Hace dos años viví el invierno más duro que he pasado en mi vida. Cuando las temperaturas cayeron por debajo de los 20 grados bajo cero durante alrededor de cuatro meses. La nieve empezó a caer a finales de octubre y, si mal no recuerdo,  no nos abandonó hasta bien entrado el mes de abril. Sólo le pido al Altísimo que este período que empezará en breve tras el veranillo de las "bobas" nos resulte a todos menos dramático que hace dos años. Y que podamos salir de vez en cuando a la calle sin miedo a congelarnos.

Hoy, al volver del curro, he tenido una inmensa alegría. Y es de hecho el motivo principal  por el que me he decidido a escribir esta pequeña carta que subo ahora a mi blog. Cuando he abierto el buzón del correo, y después de retirar más de medio kilo de folletos comerciales acumulados y de unas cuantas facturas por pagar, he descubierto un paquetito expedido desde Segur de Calafell. Y una carta también remitida desde allá.  Ambos, la carta y el paquete, me las ha enviado mi madre. La carta contenía una postalita con una foto de Segur de Calafell. Una bonita población turística de la costa catalana. Y donde mi madre, a menudo, se desplaza para ver a mi hermana. Que vive allá.  La mujer me ha enviado un par de paquetes de  "Fero-Gradumet", un compuesto de sulfato ferroso que sirve para tratar la anemia. Porque el menda lerenda padece de anemia. Y con el invierno, con la falta de sol, la anemia se me acentúa. Y no me la consigo quitar de encima ni engullendo dosis extras de hígado de cordero o de vaca encebollado. Aquí, en Lituania, pude encontrar, al principio, unas pastillas similares. Por un precio razonable. Pero la compañía que las fabricaba dejó de comercializarlas. Y después de recorrer casi todas las farmacias y parafarmacias que conozco me he dado por vencido. Ya que sólo he encontrado productos muy caros. Ampollas de sulfato de hierro que cuestan un ojo de la cara. Por eso decidí pedirle a mi madre que me comprase mis viejos comprimidos. No sé. Supongo que habrá algo de ilegal en este tráfico de pastillas. Aunque lo que resulta no ya ilegal sino un atraco a mano armada es el precio de las medicinas aquí. Las medicinas en Lituania son carísimas. Sobre todo si tenemos en cuenta el bajo poder adquisitivo del lituano medio. Y en las farmacias sólo se venden aquellos productos caros que le resultan rentables al farmacéutico. El estado de la sanidad pública en Lituania merecería un post a parte. De momento diré que la medicina en este país es de muy bajo nivel. Y que está al servicio del poderoso caballero Don Dinero. Todo se paga con dinero contante y sonante. Por pagarse, aquí se pagan hasta las radiografías y las vendas que te ponen. Corren todo tipo de rumores sobre la corrupción galopante que impera en la sanidad pública. He oído todo tipo de historias. Y parece que si quieres salir vivo de un quirófano debes "untar" previamente hasta a la señora que friega la consulta del galeno. Debo decir que yo mismo he tenido la ocasión de visitar un hospital público. Eso me ocurrió nada más llegar a Kaunas, hace cuatro años. Una amiga, de nacionalidad alemana, tuvo un accidente en casa. Y se quemó severamente un brazo. Me dijo que se le cayó encima una olla de agua hirviendo donde cocía unas patatas. No sé cómo diantres acabé comiéndome el marrón yo.  Supongo que la alemana me caía bien. O tal vez me gustaron sus largas piernas y su trasero se tanguista profesional. No sé. Lo cierto es que aquella tarde acabé presentándome con mi amiga alemana en el hospital público más cercano. Y todavía me acuerdo de casi todo el show. De lo difícil que nos resultó encontrar al doctor encargado de atender esos casos. De la interminable espera. Del ir y venir de una ventanilla a otra. Con la chica rabiando de dolor. Y yo totalmente perdido pues ya digo que llevaba muy pocos días en Kaunas. Y ni hablaba lituano y ni tenía ni idea ni de en qué parte de la ciudad nos encontrábamos. Al final acabamos en un antro donde se atendían las urgencias. Y adonde habían acudido también un montón de heridos y de enfermos de la zona. Aquello parecía más una cárcel que un establecimiento hospitalario. Con sillas y mesas de formica que no se habían renovado desde los tiempos de la Unión Soviética.  Y  con paredes sucias y desconchadas que pedían a gritos una buena mano de pintura.

Creo que cierro aquí esta breve carta. Porque ya digo que el análisis de la sanidad pública en Lituania merecería un post entero. Con datos relevantes, alguna gráfica y notas a pie de página. Para que no se me acuse de demagogo o de estar mal informado. Ya he dicho que el motivo de esta carta es agradecerle a mi madre que me haya enviado las pastillas de sulfato de hierro. Que me haya enviado, como reza en la caja del producto, los "comprimidos de liberación prolongada" que tanta falta me hacían. Podría hacer ahora un juego de palabras facilón y tonto y comparar el Fero-Gradumet con los aviones bombarderos de la OTAN. Que se dedican también a la liberación prolongada de los oprimidos del mundo. Lanzando toneladas de hierro sobre sus cabezas.  Pero no tengo demasiado tiempo ahora. Porque quiero aprovechar los últimos rayos de sol que se cuelan por mi ventana. Y  pienso que voy a salir a la calle a dar un paseíto. Para disfrutar de los últimos coletazos del verano de las bobas. Gracias mama por las cajas de pastillas. Y por todo lo que me has dado durante todo este tiempo que nos conocemos. Te envío un beso. 

Historia de la fotografía: La fotografía la tomé yo mismo hace unos minutos. Y no tiene demasiada historia. Se trata de las dos cajas de Fero-Gradumet que me envió mi madre. Y del sobre que contenía la postalita con una fotografía de Segur de Calafell. Y con una nota de mi madre que me decía que me cuidase y que fuera al médico. Lo que no sabe la pobre mujer es que aquí lo mejor es no visitar a  ningún matasanos. Y que si un día tengo algo serio, una enfermedad o accidente que necesite de cirujía o de tratamiento médico,  cojo disparado un vuelo barato para Barcelona. Lituania es quizás un buen país para gente joven, sana y con dinero en el bolsillo. Pero si se carece de alguno de esos factores, lo mejor que se puede hacer es empaquetar y buscar otras latitudes. Con un Estado del Bienestar desarrollado. Y con una sanidad pública gratuita y de calidad. Financiada con los impuestos de todos. Porque la salud debería ser un derecho de ciudadanía garantizado por la sociedad. Y no un derecho al que sólo acceden los que pueden pagarlo. En Lituania el Estado casi no invierte en sanidad pública. Los profesionales de la salud están muy mal pagados aquí. Eso explicaría la desmotivación y la alta corrupción que existe en el sector. Y los hospitales y clínicas del sistema público de salud se encuentran en una situación lamentable. Con instalaciones, mobiliario y equipamientos de la época del primer Sputnik.  Digo todo esto, claro está, desde mis  particulares gafas de ciudadano catalán. Acostumbrado a la gratuidad, la universalidad y a altos estándares de calidad en el sistema público de salud. Si fuera un ciudadano de Albania o un desempleado norteamericano sin seguro médico probablemente la sanidad lituana me parecería la releche de buena. Como dice el refrán "todo depende del cristal con que se mira". Joder! Otra vez ando yo liado con el maldito refranero español.

Estadísticas de las Cartas desde el Este