

Klaipeda es una ciudad fascinante. Creo que es la ciudad más bonita de Lituania. A los turistas ocasionales les aconsejo que si tienen oportunidad la visiten. Si quieren comer donde lo hizo Adolf Hitler cuando reincorporó Klaipeda al III Reich les recomiendo que pasen por el Juodas Katinas (Black Cat). Se encuentra en el casco viejo de la ciudad. Al lado del río. También los amantes de la historia no pueden dejar de visitar el restaurante de la estación de trenes de Klaipeda. Allá hay, en un rinconcito, una mesa con una placa que explica que fue el lugar donde acudía V.I. Lenin a comer cuando pernoctaba en esa ciudad.
Klaipeda o Memel siempre ha sido codiciada, por su posición estratégica, por todos los voraces vecinos de esta pequeña república báltica. Y de hecho, Klaipeda es en sí misma una ciudad no lituana. Es la capital de la que aquí se conoce como Zemaitija. O pequeña Lituania. Para muchos lituanos el zemaitijo es un dialecto. Aunque otros consideran que se trata de una lengua distinta del lituano. Mi chica, por ejemplo, dice no entender a quienes hablan el zemaitijo. Y según ella el Zemaitijo se parece más al letón que al lituano. En Klaipeda he visto revistas escritas en esa lengua-dialecto. Existe, además, un pequeño movimiento a favor de la autonomía de esta región y que reivindica el zemaitijo como lengua de cultura y vehículo de expresión en la universidad, la escuela y los medios de comunicación de esta región. Algunos lituanos están preocupados por el avance de ese movimiento autonomista. Temen sobre todo perder Palanga, que es la playa en la que todos los lituanos se concentran para tomar el sol -ellos- y lucir palmito -ellas- en la corta estación de verano. Lo dicen medio en broma medio en serio. Por lo que sé existe incluso un partido político que reivindica abiertamente la independencia de Zemaitija. Y toman como modelo de referencia al movimiento de Umberto Bossi, la Lega Lombarda. Mala cosa. El primer tropiezo que tuve con la Lega fue en Bologna. Disfrutaba entonces de mi alocada vida de estudiante Erasmus. Todavía me acuerdo de las manifestaciones que, a menudo, recorrían la zona universitaria de aquella ciudad. Lega de merda, lega de merda,.. todo acompañado con tambores y sonido ragga-muffin'. Y se referían al movimiento cercano al fascismo que encabezaba el por entonces todavía joven y flamante senador italiano Umberto Bossi y que tenía en Bérgamo su principal bastión. No sé cómo le irán ahora las cosas al lumbard ése. Creo que bien.
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