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11 oct 2011

De republicanos y huelepedos de Su Majestad

"Y qué decir de nuestra madre España,
este país de todos los demonios
en donde el mal gobierno, la pobreza
no son, sin más, pobreza y mal gobierno
sino un estado místico del hombre,
la absolución final de nuestra historia.
De todas las historias de la Historia
sin duda la más triste es la de España,
porque termina mal. Como si el hombre,
harto ya de luchar con sus demonios,
decidiese encargarles el gobierno
y la administración de su pobreza."
Jaime Gil de Biedma, del poemario "Moralidades" (1966)

HICE referencia en otra carta al circo que se armó por aquí con ocasión del Eurobasket 2011. Parece que Kaunas, tras la marea baloncestística, ha vuelto a recuperar su pulso normal. Y vuelve a ser lo que siempre ha sido. Una pequeña ciudad tranquila, aburrida, sin demasiado interés. Que vive como ensimismada. Una ciudad que se mueve con un ritmo lento y pausado. Que discurre como las aguas mansas de los ríos que la circundan. Ríos que indudablemente han configurado su fisonomía de ciudad fluvial. De ciudad que vive mirando al agua. El Nemunas recoge en Kaunas las aguas del río Neris. Que viene desde Vilnius. Y en Kaunas el Nemunas se ensancha y se hace enorme y baja lento y pesado hasta la muy marinera Klaipėda. Donde desemboca formando el estuario de Neringa. Klaipėda, la Memel germánica, es el único puerto que, aún en los inviernos más crudos, no se congela nunca en el mar Báltico. Un puerto estratégico ambicionado por todos y con una historia azarosa de conquistas y reconquistas por unos y otros. El río Nemunas fue, durante la Edad Media y Moderna, una importante vía comercial. Y Kaunas tenía una posición privilegiada en esa ruta. Que conectaba el interior de esta región con el mar. La ciudad formó parte de la próspera y poderosa Liga de la Hansa. En conmemoración de su pasado hanseático, la ciudad celebra todos los años, a finales del mes de agosto, los Hanzos Dienos. Se trata de una feria de estilo medieval que por unos días se instala en la ribera del río Nemunas, en el casco viejo de la ciudad. La gente que participa en esa feria se suele vestir con ropajes que quieren parecer medievales. A la feria suelen acudir comerciantes, granjeros y artesanos de la región. Que vienen a vender sus productos. O que muestran sus habilidades en la forja del hierro o en la talla de la madera. He visto varios torneos de caballeros medievales. Que se daban porrazos con la espada o la cachiporra sobre los escudos. Torneos de mentirijilla, claro está, donde no muere nunca nadie ni nadie resulta herido. En una ocasión, de eso hace unos años ya, pagué cinco litas por tirar flechas con un arco auténtico. De las cinco flechas que lancé sólo una se clavó en el tronco que hacía de diana. Y como premio me dieron una medallita de plástico que aún conservo en algún cajón donde guardo los trastos viejos.  En esta feria también se puede degustar todo tipo de delicias culinarias. No aptas para finolis.  Como el pie de cerdo con col y patatas. O una variedad muy amplia de salchichas y embutidos caseros. Los días de la Hansa son también una oportunidad única para probar cervezas artesanales que no se suelen encontrar en los establecimientos comerciales. Este año la ciudad ha tirado la casa por la ventana. Porque además de ser la sede principal del Eurobasket 2011 ha tenido el honor de organizar la fiesta de la asociación de ciudades de la Liga de la Hansa. Una asociación que agrupa actualmente a más de 170 ciudades del Norte de Europa. Ciudades que en el pasado habían estado vinculadas a esa mítica liga comercial. Se trata de una fiesta que se celebra desde 1980 y que es organizada cada vez por una ciudad distinta. La fiesta, que para esta ocasión se denominó "Hanza Kaunas 2011", contó con la presencia de la Presidenta Dalia Grybauskaitė. Y se celebró entre el 19 y 22 de Mayo. Información y fotografías de esos días de celebración pueden encontrarse en este enlace (Hanza Kaunas). Para una mayor información recomiendo visitar este link (Hanseatic Days of New Time). A mí me coincidía con los primeros exámenes del semestre y tenía un montón de trabajo acumulado. Por lo que sólo pude darme un garbeo por el Hanza Kaunas el último día de la clausura. Me pasé, al principio, por el acto oficial, donde participaban políticos y autoridades diversas. Y me estuve chupando el discurso del Alcalde de Lübeck, el Sr. Bern Saxe, quien preside la asociación de ciudades de la Liga de La Hansa. Pero no aguanté demasiado el rollo institucional y, cuando le tocaba el turno a la Sra. Grybauskaitė, decidí irme a comer pie de cerdo con col y patatas a alguno de los chiringuitos que habían montado cerca del río. Y a tomarme una cerveza bien fresquita pues aquel día de la clausura del Hanza Kaunas hacía un sol de justicia. Y me apetecía mojar el gaznate y llenar el buche con algo más sólido que el discurso de los políticos. La próxima celebración de los Días de la Hansa se realizará el año que viene en la ciudad de Lüneburg, en la Baja Sajonia alemana. No creo que pueda asistir. Aunque en esta vida nunca se sabe del todo adónde va uno a ir a parar con sus huesos. Y debo reconocer que a mí el rollo ese del pie de cerdo con col y la cerveza artesanal en el fondo me mola un montón. Y en Alemania las salchichas además son fabulosas.

También comí pie de cerdo con col y patatas el día de la clausura del Eurobasket 2011. Yo no soy que digamos un fanático del deporte. Y menos aún del baloncesto. Pero el domingo 18 de septiembre jugaban la final del Eurobasket los miembros de la ÑBA, dirigidos por el super-engominado Sergio Scariolo, el entrenador italiano de la selección española, contra un combinado afroamericano de nacionalidad francesa. Y aunque ya digo que todo el circo montado me importaba un soberano pimiento frito, decidí por unas horas transformarme en un forofo "de la reostia" de la selección española. Que parecía cantado que iba a ganar el partido y el campeonato. El oráculo oficioso del campeonato, el cangrejo Lazdeika, había predicho, sin embargo, una derrota de España. Y eso le daba un poco de emoción al asunto. Todo era una excusa, claro está, para chuparme unas cuantas birras y celebrar la fiesta con unos amigos. Con ellos acabé toda la tarde en un café bastante pijo del centro de la ciudad. Donde coincidimos con un montón de españoles que también estaban allá dándole al chupe de lo lindo. Debo reconocer que a veces soy un "toca collons" de la releche. Y que siempre que me dan la oportunidad saco a relucir los trapos sucios de ese país medio quebrado que se llama Reino de España. Esa tarde decidí descolgar mi bandera republicana que tengo clavada con chinchetas en una de las paredes de mi apartamento soviético. Y llevarme la tricolor al centro de Kaunas. Un poco con la intención de provocar a potenciales patriotas idiotas y demás huelepedos de Su Majestad. Y como vindicación de la otra España. La España auténtica. La república obrera de las letras. La que perdió la guerra contra el General Francisco Franco. La que perdió la guerra contra la alianza nazi-fascista apoyada por los hideputas británicos. Alianza que llevó al poder al Caudillo por la Gracia de Dios. Y para desgracia del pueblo. El mentor, protector y educador del actual Jefe de Estado. Había oído en el noticiario de la noche anterior que venía a Kaunas nada menos que el hijo del Borbón, el Príncipe de Asturias. Venía a ver el partido y a participar en la ceremonia de clausura. Joder, el Príncipe Felipe en Kaunas. ¡Qué horror! Yo que creía que había escapado de la nefasta influencia del Reino de España. Y resulta que no. Que el Reino de España casi acabó metiéndose en mi propia casa. Se me ocurrió que tal vez al Príncipe le apetecería pasear por el centro de la ciudad. Y darse un baño de masas. Por eso decidí apostarme en plena Laisvės Alėja. En uno de los cafés más populares del momento. Y colgué la tricolor en uno de los parterres de su terraza. Con la peregrina idea de que el hijo del monarca tal vez pasaría por allá. Al final resultó que el Príncipe no se pasó por ahí. Lo que era, por otro lado, bastante previsible. Pero debo decir que muchos ciudadanos españoles se nos acercaron a nuestra mesa. Para hacerse la foto con "la bandera auténtica de España". Algunos de ellos me dijeron que mi idea de exhibir la bandera tricolor era muy buena. Porque España no es patrimonio de los huelepedos de Su Majestad. Y porque la selección representa a todos. También a los republicanos. "Cómo molaría"-me dijo un tipo de Cáceres que iba bastante tomadito- "que los estadios se llenasen de banderas republicanas cuando jugase la selección fuera de casa". Y la verdad, que pensándolo bien, razón al tipo aquél no le faltaba. Los lituanos que se pasaban por allá no entendían muy bien por qué todos esos españoles allá concentrados se hacían una foto con una bandera tan extraña. Difícil de ubicar. Y que, sin embargo, recuerda a muchas otras banderas europeas. Una chica lituana se nos acercó para hacerse una foto con nosotros. Y nos preguntó por qué llevábamos una bandera rumana si todos los allá agrupados éramos españoles. ¡Oé, oé, oé, oé, oé, oéeeee! Esa fue nuestra manera de decirle "cállate nena, que calladita estás más guapa".

La fiesta aquella noche fue sonada. Yo y mis amigos no teníamos entradas para el partido de la final. Aunque resultaba bastante sencillo conseguirlas en la reventa. De hecho, muchos de mis contactos aquí en Lituania me dijeron que estaban buscando posibles compradores de sus entradas. Y ofrecían un precio rebajado a potenciales compradores. Lituania quedó apeada en los cuartos de final. Pero muchos lituanos habían comprado entradas con antelación. Porque todos creían que el equipo lituano llegaría a la final o, al menos, a jugar por el bronce. Luego resultó que el equipo de Lituania no era tan campeón como todos creían. Y Šarūnas Jasikevičius y sus coleguillas mordieron el polvo ante la modesta Macedonia. La decepción fue mayúscula entre la prole del Gran Duque Vytautas el Grande. Y algunos amigos y conocidos me pidieron que les hiciera el favor de anunciar la reventa de sus tickets en mi facebook personal. Cosa que hice aunque no sirvió de gran cosa. Y se las tuvieron que comer con patatas. Porque resultaba difícil encontrar compradores ya. El partido de la final se jugó dentro del recién construido Žalgirio Arena. Pero fuera del estadio se celebraba la fiesta de verdad. Con las dos hinchadas allá reunidas. Con más presencia española que gabacha, todo se ha de decir. En un parque muy cercano al estadio habían instalado carpas, chiringuitos, mesas, y un gran escenario donde distintos grupos de animadoras se dedicaban a bailar, cantar y a calentar el ambiente. También instalaron una pantalla enorme desde donde se podía seguir el partido que se desarrollaba en el interior del estadio. Pues bien, allá me la pasé liándola como el que más. Ondeando al viento mi bandera tricolor. Y debo decir que no tuve demasiados problemas. Porque en el fondo a nadie le importaba un rábano la banderita. Y los que la reconocían, en general, eran también republicanos o simpatizantes de la República. Y venían a hacerse la foto conmigo y mis amigos. Me encontré, claro,  también algunos huelepedos de Su Majestad. Uno de ellos me espetó algo así como "esa bandera la vamos a quemar". Pero, la verdad, que me lo tomé a guasa. Y la sangre no llegó al río. Y seguí a lo mío. Con mi bandera en ristre e hincándole el diente a un grasiento pie de cerdo con col y patatas. El tipejo en cuestión se parecía más a un estudiante farfollas de los que vienen a Kaunas a comprarse el título de Licenciado en Medicina sin tener que estudiar demasiado que a un skin-head tardo-fascistilla de nuestra brava hinchada nazional. Los tiempos cambian que es una barbaridad. Y resulta que ahora muchos de los huelepedos de Su Majestad llevan barba a lo Carlos Navarro, flequillo untado con gomina y pinta de enrollado y tal. Algunos hasta fuman algún porrete y todo. Y se van cagando de risa todo el santo día. Como si estuvieran colgados. O algo así. Eso sí, de política dicen no entender. Y se sienten unos patriotas del copón bendito. Y muchos de ellos, claro, acabarán votando al tipo ese de la barba que ganará las elecciones generales en España el próximo 20-N. Día de la muerte del Generalísimo. De ésos ya me he encontrado demasiados por aquí. Tantos que entran ganas de hacerse el atillo con los cuatro bártulos que tiene uno y pirarse para siempre de Lituania. Y abandonar definitivamente la vieja Europa. Poniendo de por medio unas cuantas miles de millas más entre mí y los huelepedos de Su Majestad. Pues no soporto la repugnante pestilencia mesetaria. El hedor de esa pegajosa colmena de avispones y  zánganos  ruidosos, opositores a notarías y cacasenos gesticuladores.  De ese país de todos los demonios. Que mañana 12 de Octubre no sé qué leches celebra.

Historia de la fotografía: La fotografía que subo al post la tomé yo mismo la noche en que se jugaba la final entre España y Francia en el Žalgirio Arena de Kaunas. La bandera se la lanzó un amigo mío, de nacionalidad argentina, a las rotundas niñas que aparecen en la imagen. Se trataba de un trío de animadoras que hacían una especie de karaoke y que animaban la fiesta con sus meneos y contorneos. La "pupytė" morena de la imagen agarró la bandera y se la puso entorno a su cuerpo serrano. Por unos momentos llegó a parecerse a la alegórica Marianne republicana francesa del famoso cuadro de Delacroix. Guiando al pueblo hacia la luz de la libertad. Aunque ésta que aparece en la fotografía no llevaba gorro frigio ni enseñaba las tetas. Pero luego la "pupytė" se quedó mirando extrañada la bandera. Y creo que se dio cuenta de que algo raro había en la combinación de colores. A final se la sacó de encima y nos la devolvió. Algunos españoles mamados que estaban bajo el escenario le gritaban "¡tía buena!". Y la verdad es que la niña en cuestión tenía un tiento.

Estadísticas de las Cartas desde el Este

26 sept 2011

Poco pan y mucho circo


Una foto del circo que montaron por aquí con ocasión del Eurobasket 2011
EL verano está boqueando. Se le va la vida como al pez que vi ayer en una de las playitas de la ribera del río Nemunas. Una pequeña perca de río. Que se moría sobre la arena. Enredada entre unas algas podridas. Los días se van acortando y  por todos lados se presiente ya el otoño. Que aquí, en el Báltico, suele venir acompañado de abundantes lluvias y de un frío que pela. Las hojas de los castaños y de los álamos hace ya unas semanas que empezaron a amarillear. Y se caen al suelo. He visto bandadas de gansos volando sobre el río Nemunas. En perfecta formación triangular hacia algún lugar remoto en el Sur.  Quizás hacia España. Los colores ocres se harán pronto dueños de los frondosos bosques de este hermoso país en el que vivo desde hace ya más de cuatro años. Con el otoño llega la rutina. Si es que hay algo rutinario en esta vida de expatriado medio nómada que llevo. El curso escolar empezó hace una semana. Y todavía no se me ha hecho el cuerpo a los madrugones. Porque todos los días debo levantarme entorno a las seis y media de la mañana. Pegarme una ducha. Prepararme el café mientras le echo un vistazo a las últimas mentiras que emiten por la BBC o TV5 Monde. Y salir pitando para tomar alguno de los microbuses que me llevan al centro de Kaunas. Los microbuses, o "mikriukas" como los llaman por aquí, abundan en la mayoría de ciudades del Este de Europa. Al menos en la mayoría de las que conozco. Los mikriukas suelen ser furgonetas de color amarillo o blanco que circulan dentro de las poblaciones importantes. Y que siguen una ruta predeterminada. Resulta fácil distinguirlos porque suelen tener una banda de cuadros negros y blancos como la que lucen los taxis. Y un número en la parte frontal del vehículo indicativo de la ruta que siguen. Los mikriukas no tienen paradas fijas como los trolebuses o autobuses. Para acceder a ellos hay que levantar el brazo. Como se hace con los taxis. Entonces, si tienes suerte, el mikriukas se detiene. Te subes a él y pagas inmediatamente al conductor. No sé cómo seleccionarán a los conductores de los mikriukas. Supongo que escogerán a los tipos más temerarios que se postulen al puesto. Porque todos ellos tienen la asombrosa capacidad de contar el dinero que les das, imprimir y darte el billete y devolverte correctamente el cambio, mientras adelantan a los vehículos que les preceden y maniobran peligrosamente para evitar a la señora que cruza el paso de zebra con las bolsas de la compra. Con la radio a todo volumen o hablando por el walkie-talkie con alguien de la compañía. Los mikriukas en cuestión suelen ser vehículos bastante "trotados". Con los asientos mugrosos y chirriantes. Y con los vidrios opacos por el polvo, el barro y la mierda acumulados. Todavía me extraña que, en todo este tiempo que llevo utilizándolos, no haya presenciado ningún accidente. Cruzo los dedos por si acaso. A pesar de sus inconvenientes, los mikriukas son la forma más rápida de moverse por esta ciudad. Y aquí en Kaunas sólo cuestan dos litas y cincuenta céntimos. Cincuenta céntimos más que el billete ordinario de autobús. Y sin el problema de buscar sitio para aparcar. Cuando quiero bajarme, al llegar al centro de la ciudad, suelo espetarle al conductor "prie stotelės!". Y el conductor frena el vehículo cerca de la primera parada de autobús que encuentra en su camino. Entonces tengo que abrir la puerta de la furgoneta y cerrarla de un portazo. Y saltar a la calle. Siempre estoy atento a que nadie más quiera apearse en la misma parada en la que me bajo yo. Porque entonces no debo cerrar la puerta para no darle con ella en las narices a alguien. Cuando llega el invierno, con veinte grados bajo cero y medio metro de nieve sucia en las aceras, subirse y bajarse de los mikriukas es toda una odisea. Todavía no sé cómo no me he partido una pierna.

Este verano ha pasado en un santiamén. Casi sin darme cuenta. Y lo he dedicado básicamente a estudiar lituano. Una lengua que según los expertos es una de las más difíciles de Europa. Una lengua indoeuropea arcaica, muy similar al sánscrito, con cinco familias de sustantivos y siete casos. Uno más que el latín. Y con un rico y complejo sistema de prefijos que al añadirse a los verbos le cambian su significado. O le añaden matices que no existen en lenguas más "evolucionadas" como el inglés o el castellano. No creo que nunca llegue a dominar completamente la lengua lituana. Al menos en esta vida. En algún lugar leí que la lengua estructura el pensamiento de las personas. Y que en gran parte nuestra forma de ser y de pensar viene determinada por la lengua que hablamos. Dicen que quienes hablan lenguas declinativas tienen más facilidad para aprender lenguas que no lo son. Y que eso explicaría por qué jugadores de fútbol o de baloncesto que proceden del Este de Europa cuando llegan a España acaban dominando el español en pocos meses. Karpin frente a Beckham. Por poner dos notorios ejemplos. Supongo que este pensamiento me sirve a modo de excusa. Para justificar mi absoluta ineptitud para aprender lituano. Una lengua que desde el primer día ha sido como una barrera. Una barrera idiomática que, sin embargo, no me ha impedido desarrollarme en este país. Pues en este país es posible vivir, estudiar y trabajar sin hablar la lengua nacional. Ya que la mayoría de gente, sobre todo los más jóvenes, hablan con soltura el inglés. Este verano, sin embargo, decidí coger el toro por los cuernos y ponerle voluntad al asunto. Y he hecho un curso superintensivo de lituano de cuatro semanas. A razón de seis horas por día. Cinco días por semana. El curso incluía también actividades culturales y recreativas. Y media docena de viajes y excursiones de fin de semana a poblaciones y lugares pintorescos de Lituania. Y bueno, la verdad que me lo he pasado bien. Conviviendo en una pequeña comunidad de alrededor de cincuenta extranjeros que, por distintas razones, también aprendían lituano. La mitad del grupo eran estudiantes Erasmus. Con más interés en la fiesta que en el aprendizaje de la lengua nacional de este país. Al fin de cuentas el Erasmus es un animal de costumbres nocturnas y migratorias. Y que está aquí de paso. Y el lituano es una lengua que luce poco en el currículum de nadie. ¿Para qué perder el poco tiempo que se va a estar aquí estudiando una lengua tan difícil y que solamente se habla en este pequeño e insignificante país? Mejor dedicarse al botellón y a (intentar) meterla en caliente.  El resto de sufridos estudiantes de lituano estaba formado por un grupo variopinto de ciudadanos de diversas nacionalidades. La mayoría, claro está, eran varones casados o "liados" con ciudadanas nativas de aquí. Aunque también había una china de Cantón que se había casado recientemente con un ciudadano de Kaunas. Una historia interesante la suya. Dice el refrán que tiran más dos tetas que dos carretas. Hay tipos que por una mujer son capaces hasta de aprender lituano, estonio, malayo o lo que haya que aprender. Y hasta de apuñalar a un amigo si hace falta. Que conste que ese no es mi caso. Si estoy aprendiendo lituano es simple y llanamente porque llevo viviendo cuatro años en este país. Y porque quiero relacionarme y entenderme mejor con  su gente. Y también para mejorar mi empleabilidad. Pues hablar mediocremente lituano me abriría sin duda nuevas puertas que por ahora se mantienen cerradas. Yo el romanticismo lo dejé atrás hace unos años. Y por una mujer, desde luego, yo no aprendo ninguna lengua. A lo sumo le pago un calimocho o una cerveza de las baratas en un club. Y sólo si la fémina en cuestión lo merece. Porque, qué ocurre si en la mitad del proceso de aprendizaje de la lengua nativa de tu maravillosa chica resulta que ella se cansa de uno. O uno se cansa de ella y se enamora de otra. ¿Para qué te sirvió mal aprender un poco de lituano? ¿Y qué vas a hacer ahora? ¿Aprender búlgaro porque tu nueva novia es de Sofía? Soy consciente de que no debería valorar las lenguas en función de su "utilidad". Pero desafortunadamente vivimos en el mundo en que vivimos. Y yo estoy muy lejos de ser un políglota o de tener un interés especial por aprender lenguas. Las lenguas que hablo las aprendí por necesidad. Porque no tenía más remedio. Porque me resultaba útil aprenderlas. Supongo que algo parecido me está ocurriendo con el lituano. Para mí las lenguas son un instrumento de comunicación. Códigos que ha creado el ser humano para comunicarse. Ninguna lengua me parece mejor que otra. O más interesante que otra. O más hermosa que otra. Este tipo de adjetivos sirven quizás para referirse a objetos físicos, paisajes, sonidos, sentimientos o emociones. Pero una lengua es un instrumento. Como una llave inglesa o unas tenazas. Y unas tenazas no son "bellas" o "melódicas" o "hermosas". Aunque son útiles para sacar clavos. También algunas lenguas resultan más útiles que otras en la medida que nos permiten comunicarnos con un mayor número de personas. O en la medida que nos permiten comunicarnos con las personas que viven en nuestro entorno más inmediato. Ya digo que no soy lingüista. Ni tengo un interés especial por aprender lenguas. Entre otras cosas porque no tengo tiempo para ello. O porque tengo otros intereses. Con las cinco lenguas que medio domino y el lituano que estoy aprendiendo creo que habré cumplido. No está mal para un tipo que no tiene un interés especial en aprender lenguas. A mí, para ser francos, lo que me hubiera gustado siempre es aprender ruso. Desde niño siempre tuve simpatía por esa lengua. Probablemente porque el primer libro que leí, cuando era niño, fue una recopilación de cuentos del gran León Tolstoi. Un libro que me regalaron en la escuela como premio en un concurso de poemas escolares. O por algo que hice bien. No sé, un libro que recibí como premio por algo de lo que ya no me acuerdo.

El verano, como he dicho, lo he pasado hincando los codos y dándole caña al lituano. El curso se acabó con una fiesta y comilona en el "Žalias ratas" (la "rueda verde"). Uno de los restaurantes "imprescindibles" de Kaunas. Ubicado en un misterioso callejón con una estrecha salida a Laisves Aleja (el "Paseo Libertad"). Una vía peatonal que vendría a ser algo así como "Las Ramblas" de Kaunas. Un paseo de un kilómetro y medio de largo. Y que cualquier turista que visite la ciudad acabará recorriendo de arriba abajo más de una vez. En el "Žalias ratas" se celebró también la "ceremonia de graduación" y a todos los estudiantes de lituano nos dieron un diploma muy chulo. Un diploma oficial firmado por el Rector de la universidad. Y con créditos ECTS y "tota la pesca". Este diploma de "nivel intermedio" de lengua lituana me serviría para baremar en algún concurso-oposición en el Reino de España. Y ya digo que estoy muy lejos de hablar lituano. Lo que son las cosas. Podría acreditar mi nivel "intermedio" de lituano con este diploma que me entregaron hace unos días. Aunque en realidad estoy bastante lejos de tener ese "nivel intermedio" que puedo acreditar con mi bonito diploma. Y sin embargo no podría acreditar mi alto nivel de inglés simplemente porque no he pagado por ningún documento que lo acredite. Y eso que el inglés lo domino, sin duda, mejor que muchos tipos que tienen el TOEFL, o que se han sacado algunos de los certificadillos que expiden las EOI en España. Cosas de la meritocracia que impera en Is Pain. Ese triste país medio quebrado del que procedo. Un país que es como un enfermo en fase terminal. Cosido a puntos. Los puntos de las baremaciones. 

El pastel estuvo muy bueno.
La fiesta de entrega de los diplomas terminó, como era de esperar, cuando se acabaron las viandas y los tragos. Las más de cincuenta personas congregadas aquella tarde en el "Žalias ratas" devoramos todo lo que se nos puso por delante. Yo que no soy precisamente un fan de la contundente comida lituana le hinqué al diente de lo lindo. Y acabé con la panza llena y bastante “tomadito”. Eso ocurrió el pasado 28 de agosto y esa misma tarde se celebraba en el recién estrenado Žalgirio Arena, el estadio más grande y moderno de todas las repúblicas bálticas, la ceremonia de apertura del Eurobasket 2011. Y jugaban nada menos que España contra Lituana. Se trataba de un partido de exhibición que no formaba parte del campeonato. Me surgió la oportunidad de ir al partido por el morro ya que una de mis jefas me había hecho una llamada horas antes y me había dicho que tenía una entrada gratis para mí. La verdad es que a mi el baloncesto me importa un rábano. De hecho el único deporte que en realidad me estimula es el levantamiento de jarra (de cerveza). Y también un poquito el fútbol. Pero sólo cuando juega el Barça, claro. Esa tarde tuve la oportunidad de ver a Gasol, Navarro, Calderón y a todas las superbienpagadas estrellas de la ÑBA jugar aquí en Kaunas. Pero ya digo que estaba en medio de una comilona que no veas. Y bueno, tengo alma de gañán yo. Y si me ponen a elegir entre el pan y el circo. Escojo el pan y el vino. El buen yantar y el baile "agarrao" con señora de nalgas prietas. Y el circo y su negocio que se lo queden los deportistas. Y todos los borregos que aplauden al Emperador. La entrada al match se la cedí a mi profesora de lituano. Que estaba también presente en la comilona. Y a la mujer casi se le saltan las lágrimas de alegría. Pues era imposible, desde al menos hacía un mes, conseguir entradas para tan magno evento. Y ella, según parece, adora el krepšinis, que es como llaman al baloncesto por aquí.

Sobre el Eurobasket 2011 no me apetece ahora hablar demasiado. Sólo diré que hay un cangrejo arcoiris, llamado Lazdeika, que no augura nada bueno para la selección de baloncesto lituana. Parece ser que el cangrejo en cuestión posee poderes paranormales y tiene capacidad para predecir lo que va ocurrir en el futuro. Algo así como la versión lituana del pulpo Paul en el mundial de fútbol de Sudáfrica.  En otro post que espero subir en breve daré cuenta de lo que por aquí haya ocurrido. No sé, ya veremos que dijo un ciego. Lo que está claro es que Lituania no es la potencia baloncestística que fuera antaño. Cuando el país formaba parte de la Unión Soviética. Y el Estado invertía enormes sumas en promocionar el deporte, el arte y la cultura. Y cuando el mítico Alexander Gomelsky dirigía lo  mejor del baloncesto soviético. Aquellos tiempos de gloria pasaron.  Y eso hasta el cangrejo Lazdeika lo sabe.  De momento sólo diré que el Eurobasket 2011 sólo ha servido para que algunos se llenen los bolsillos. Especialmente aquellos que han mojado en el huevo de la regeneración del Nemunos sala, una isla natural formada con material de aluvión, en el centro del río Nemunas. Y adyacente al supermegamall AKROPOLIS. Ahí, sobre esa isla fluvial, se ha construido el  Žalgirio arena. Y seguro que alguien habrá sacado tajada en el asunto. Por lo demás, los negocios oportunistas han aparecido como las setas de otoño. En menos de seis meses al menos he contado una docena de nuevos cafés, bares y garitos diversos en el centro histórico de la ciudad. Con precios muy semejantes a los que se pueden encontrar en Barcelona. Muchos restaurantes y cafés del centro de la ciudad han cambiado las cartas de precios. Y han mandado imprimir cartas nuevas con precios, claro está, más elevados. Todos preparados aquí para hincarle el colmillo al turista deportivo. La gallina de los huevos de oro que todos quieren estrujar. Ya veremos hasta qué punto ese dinero que le cae como llovido del cielo a Kaunas servirá para fortalecer, en el medio plazo, la anémica economía local. Desde mi punto de vista, muchos de esos nuevos garitos y comercios que acaban de abrir hace apenas unos meses encontrarán enormes dificultades para subsistir si no hay una recuperación económica que beneficie al ciudadano de a pie. Y no sólo a los que ya eran ricos. Porque el ciudadano de a pie no puede permitirse pagar todos los días nueve litas por una cerveza. Casi tres euros. Cuando el salario mínimo establecido por el Gobierno de Kubilius no llega a las setecientas litas. Y cuando alrededor del 20% de la población carece de empleo. Por cierto, uno de los negocios florecientes en este mes del Eurobasket es el negocio de la prostitución. Leí en un diario de tirada nacional que las autoridades calculaban que el Eurobasket "daría empleo" a más de tres mil meretrices. Muchas de ellas venidas de la vecina Ucrania. No sé de dónde habrán sacado esa información las autoridades gubernamentales. Y tengo yo mis dudas sobre el origen de las prostitutas. Porque no creo que las ucranianas puedan competir en nada con las nacionales de por aquí. El gobierno nacionalista lituano siempre echando balones fuera. Y culpando a los vecinos de todos los males que aquejan al país. Todo sea por no ver la joroba en el ojo del vecino, o la paja en el ojo propio. O la paja en el ojo del vecino. O no me acuerdo ahora mismo de cómo decía aquel sabio proverbio biblíco. El único que me sé bien es el de las dos tetas y las dos carretas. Aunque creo que ése no es un proverbio bíblico. Sino un perspicaz refrán del siempre sabroso y especiado refranero popular español.

Historia de las fotografías: He subido varias fotografías que tomé yo mismo con mi camarita de todo a cien. Una de las imágenes muestra un balón de baloncesto gigante. Que había sido instalado frente a la catedral de Kaunas. Al final de Vilniaus gatve, en el casco viejo de la ciudad. El balón se encontraba situado a una distancia prudencial de la tumba del gran poeta nacional, el clérigo Maironis. Tumba que está encastada en uno de los muros laterales de la catedral. Y que siempre tiene flores frescas y velas en honor a la memoria del sacerdote que pone rostro al billete de más circulación en el país. El billete rosado de veinte litas. Dicen que el baloncesto es la segunda religión de Lituania. Por eso probablemente a alguien se le ha ocurrido la brillante idea de ubicar el balón  frente al sagrado templo. Y cerca del poeta que pone rostro al dinero. Todo un símbolo.  En el balón se aprecia el logotipo oficial del Eurobasket 2011 y el de la empresa de electrodomésticos BEKO. Esta empresa, según reza en el escrito que luce el balón, es el principal espónsor del Eurobasket 2011. He hecho mis averiguaciones sobre la empresa en cuestión. Pero no he sacado nada en claro. Se trata simplemente de una empresa que fabrica electrodomésticos. Y sus productos tienen gran aceptación aquí en Lituania. Y poco más he podido saber de ella. Aunque si rascase un poco seguro que saldría premio por algún lado. Las otras dos fotografías las tomé en plena Laisves Aleja. La vía principal de Kaunas. El Ministerio del Interior se ha gastado una pasta en distribuir carteles de este tipo. Recordando a los señores turistas que Lituania tiene sus leyes que castigan la prostitución. Y que venir a follar a la República de Lituania está castigado con, ojo al dato, mil miserables litas. Unos trescientos euros que te pueden caer por solicitar los servicios de una puta. Pues eso, caballeros, que Lituania no es un lupanar. Y que, tal como reza el cartel,  los verdaderos hombres no pagan por tener sexo. A lo sumo invitan a unas copas. O se van a Ucrania de excursión o de viaje de negocios.

El cartelito, por cierto, ha contado con el soporte económico de la Embajada del Reino de Holanda. Y me pregunto yo qué hacía la Embajada de Holanda financiando un cartel contra la prostitución cuando Holanda ni siquiera tenía equipo que la representase en este campeonato. Aunque ahora que lo pienso, durante estos días he visto un montón de holandeses por aquí. Siempre mamados y liándola. Entonces creo que entiendo"el perquè de tot plegat". O a lo mejor resulta que Holanda sí que jugaba. No sé, ya digo que el baloncesto me importa un comino. Y que no me entero de nada.

Esas tres fotografías, la foto de la pelota y las dos fotos del cartelito,  representan el circo que han montado por aquí con la excusa del deporte. La foto del pastel representa el pan de este verano. Y nos lo comimos los sufridos estudiantes de lituano tras un durísimo mes de estudio, exámenes y meditación trascendental. Debo decir aquí que el curso, el pan , los viajes, el diploma y la fiesta me salieron gratis. Y que también pude tener gratis un poquito de circo si me hubiera dado la real gana. En Lituania, como en España, como en casi todos lados, si se tienen buenos contactos se tiene todo. Y quien a buena sombra se arrima buen árbol le cobija, o a quien buen árbol se arrima....Otra vez ando liado y confundido yo con los proverbios bíblicos y con el refranero.

(Nota del autor: Esta carta la he ido escribiendo en mis ratos libres. Entre el 1 y el 10 de septiembre de 2011. Aunque sólo hoy he conseguido rematarla. La subo al blog en la madrugada del lunes 26 de septiembre de 2011. Día Europeo de las Lenguas)

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